lunes, octubre 09, 2006

Huelva, Huelva, Huelva (con el tonillo del nuevo himno)

Anoche mientras regresaba a casa, el hombre de duro carácter, reciente bigote y extraña sensibilidad dijo: “Hay mucha gente de fuera que vive aquí, y que aún así no establece ningún tipo de vínculo con la ciudad. Desprecian Huelva, hablan mal de ella diciendo ‘es que en H. tal o cual..’ y yo pienso: so imbécil, si tu formar parte de esto, si tu vives aquí, si tu trabajas aquí, si tu comes de esta ciudad’.
Continúo, ya en solitario, mi rentrée y enciendo a Naranjito II…

Ay, Huelva déjame, ay Huelva déjame, ay déjame que sea,
Pa sentir como el agüita te mece con
la…
…ma…
…rea.

Es cierto, a menudo no sentimos excesivamente de paso por esta ciudad. Consideramos poco glamuroso vivir y trabajar en ella. Y permanecemos aquí como si esto fuera un simple trámite, esperando el día en que, al fin, digamos ‘me voy’. Y sea para siempre. Pero no sólo los forasteros adolecen de esta inadaptación, muchos son los nacidos aquí, que a la primera de cambio, huyen… y no sólo eso, sino que olvidan esa parte choquera de sus vidas, como si de una mala jugada del destino se tratara.
Yo (oh, confesión) he pasado por ese trámite. Sin embargo, una noche descubrí la inquietante tranquilidad que se desprende de las chimeneas del Polo Químico, descubrí que las mejores puestas de sol se pueden ver desde el muelle del Tinto; que es reconfortante poder ir a casi todas partes andando y, durante el trayecto, encontrarte con mil caras conocidas; que Huelva, la luz, es algo más que marketing; que el ambiente de la Plaza Niña no está atado a las estaciones, existe siempre; que el olor a pescado del mercado de El Carmen puede ser muy agradable; y que la terrorífica fachada del Manuel Lois, aguardándonos desde lo más alto, a veces nos puede trasladar a una película de Tim Burton.
Y si a pesar de todo, no hubiera tenido la oportunidad de descubrir los encantos de la ciudad, me queda la gente. Y sólo por ellos, sólo por saberlos de aquí, sólo porque ellos pertenecen a esta ciudad, ella también me pertenece a mí. Y viceversa.

4 comentarios:

Raquel Rendón dijo...

Sabes, yo también he llegado a tener esa sensación, pero no ahora, cuando esta maravillosa ciudad me acoge entre sus brazos, sino cuando vivía en mi paraíso marinero, en mi Isla chiquita y preciosa. Y no por comparar sin más, sino por desconocimiento absoluto. Lo único que yo conocía de Huelva eran las fábricas y la placeta. Poco más.Y eso es lo que conoce la mayor parte de la gente que no vive aquí de ella. Por eso no la defendemos con uñas y dientes como los sevillanos hacen con su capital, al menos es mi teoría.

Pero he aprendido a amarla y a respetarla, a descubrir que esta ría es tan bonita como la de Isla Cristina, y que estos atardeceres desde mi ventana son también magníficos.

Me gusta porque es un pueblo grande, porque hoy me he parado a saludar a dos personas en la calle Concepción como si estuviera en mi Higuerita marinera, porque nací en ese terrorífico Manuel Lois y nunca me había sentido de esta capital maravillosa, desconocida al fin, pero hermosa por dentro y por fuera (a pesar de que se derriben todos nuestros monumentos, quedan algunos muy dignos que debemos proteger con todas nuestras fuerzas).

Y ahora tengo el corazón dividido, algo que jamás pensé que ocurriría. Me encanta que nuestro Lolito tampoco olvide donde lo parió su madre. Olé!

En la plaza de Las Monjas
una paloma me ha dicho
que esta noche me esperabas,
y me has puesto nerviosito.
Porque sé que has descubierto, que mis besos van contigo, gitana, rocío... Huelva, descubridora, llena de magia, cada rincón que tienes sabe a mi casa...

Perdona por lo largo del post. Besos wapísima

Raquel Rendón dijo...

Amm, y no pretendo pirarme de esta ciudad! jeje

La Mala Vida dijo...

Ay, ay, que te veo choquera de adopción y que no vuelves... Bueno, pues iré yo. Ea. Me debes una visita, pécora.

Pedro dijo...

Sevilla!! Sevilla!!

Jajaja. Es bromita. Era sólo pa picar al personal. La verdad es que en mi última visita a Huelva, dádome mis paseítos contigo por esa ciudad medio desierta ( es lo q ue tienen las fiestas)me llevé una imagen diferente de la que hasta entonces tenía. Me parece una ciudad muy acogedora y con un tamaño muy ideal para vivir.

Prometo volver!

Besos amore.