viernes, noviembre 10, 2006

Viernes... ya se sabe

Son las 9.45 horas. Creo que es la primera vez que empiezo la jornada tan tempranito: a las 8.30. Justo. Ni más, ni menos. A esa hora cruzaba la verja que separa el infierno de Huelva Información con el del Polo Químico (Durmiendo con su enemigo). Después de una semana de bajona total, he comenzado este ‘viernes, ya se sabe’, con un optimismo, con una energía que nunca hubiera imaginado. Anoche a las 8 estaba más hundida en mi porca miseria que nunca. Pero doce horas y media después, cuando al fin conseguí hablar con Dios (en realidad, era un vicerrector pero para mí ha sido como escuchar una voz divina) desbordo energía, irradio una luz blanca propia del mismísimo Gandalf. Me he ido a la máquina de café, me he sacado mi segundo café del día (en menos de una hora) y una vez en mi ordenador, he puesto algo de música. Con el altavoz. Eah, porque yo lo valgo. En homenaje a una compañera he elegido una buena canción, de esas que te gustan y que además te da tiempo de degustar bien porque dura cuatro minutitos…

Pasar del negro más oscuro al blanco más inmaculado de Ariel, me hace plantearme si realmente no seré un poco psicópata. ¿Soy una histérica de mierda, que va por ahí alarmando al personal o realmente tenía mis motivos para sentirme mal, frustrada, inútil, triste? A lo que yo, transformada en Clark Gable, me digo a mí misma: ‘Francamente querida, ni lo sé, ni me importa’.


Exacto, hermanos, hoy es viernes, y el viernes ‘ya se sabe’ (como decía la buena de María José Acosta, antes de que se convirtiera en la mala de María José Acosta). Por delante tengo once días de vacaciones. Muchas opciones para ver al hombre que me arranca suspiros, para disfrutar de cafés y de vodkas con licor de manzana, para estudiar Literatura (al fin, comienzo mi doctorado), para escuchar las nuevas canciones que interpreta con maestría mi sobrina, para abrazar a mi madre (que no hay más que una) o para coger de la mano a mi padre (que espero sea el que me dicen que es… jejeje). Reírme hasta el dolor con mi hermana. Disfrutar con el interminable ir y venir de mis hermanos y jugar con mis perros. (Suspiro).
En resumen y parafraseando a la Zarzamora: hoy a mí se me para el mundo.

1 comentario:

Raquel Rendón dijo...

Me encantaría poder contagiarme de esa magnífica luz que debes supurar por cada porito de tu piel! Pero hoy el día es negro para mí, más que esos en los que la lluvia ha sido capaz de dejarme encerrada en casa sin ganas de nada más que acurrucarme en la cama, taparme con el edredón y llorar un rato (así me desahogo yo) hasta que mañana sea un nuevo día y me despierte a las 8. Entonces, me marcharé a trabajar y todo esto habrá acabado, al menos por unas horas.

Pásalo bien. Besos