lunes, febrero 12, 2007

Temblores

La actualidad es lo que tiene. Guardo, pues, un post en la cartera, e improviso una pequeña reflexión sobre temblores. En fin, para los que no estuvieran lo suficientemente cerca del epicentro del terremoto como para sentirlo o saber de qué va la cosa, diré que a eso de las 11.35 todo mi espacio vital comenzó a tambalearse, y no es una metáfora. Fue el coletazo de un sismo de 6,3 grados en la escala Richter registrado en medio del Atlántico, a 250 kilómetros de la costa onubense, que aunque a la Península llegó un poco más mermado, pudo sentirse incluso en el País Vasco. Durante el temblor (que por cierto se me hizo interminable, aunque por lo visto no llegó al minuto de duración) ventanas, suelo, lámparas, paredes… todo se retorció, incluido mi cerebro, para mi atontamiento inicial, y mi asombro posterior. En fin, debo reconocer que era novata en estos menesteres y que además la cosa me cogió totalmente de improviso (en medio de una rueda de prensa), así que durante el fenómeno de la naturaleza me limité a aceptar que temblaba (aunque no sabía bien por qué) y sólo fue después de que todo pasara que empecé a repetirme para mis adentros, “esto ha sido un terremoto”. Y no debí decirlo muy para adentro cuando mi fotógrafo se acercó y dijo con la cara desencajada, “sí, ha sido un terremoto, ha sido un terremoto”. Y entonces todos los allí presentes nos mirábamos con las caras algo pálidas repitiendo, qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte.

Yo que antes no había vivido nada semejante, sé, sin embargo, de buena tinta (por las películas y por los documentales de La 2 o del canal que sea) lo que hay que hacer en estos casos. Así que discretamente, disimulando, me acerqué al marco de la puerta y me quedé por allí rondando a un tío (bueno) que andaba por allí también, y creo que también disimulando. Parecíamos dos adolescentes buscando la excusa del múerdago para besarnos, solo que lo que pretendíamos era salvar el pellejo. Yo el mío y él el suyo. Pasados cinco minutos como veía que mi espacio vital no volvió a sufrir ninguna sacudida más, me fui de aquel lugar (ya para siempre presente en mi memoria) y me planté en la redacción del periódico, donde la agitación por el suceso despertó, como de vez en vez ocurre, mi instinto periodístico. En fin, la historia de cómo se ha desarrollado la tarde de trabajo no es nada del otro mundo. Mucho trabajo, muchas llamadas, dame tal número, búscame tal otro… y una, que siente su pequeño corazón de plumilla, temblar ante el teclado, respirando ese ambiente a aventura que hace que la del periodista siga siendo una profesión de vocaciones.

Y ya está, este es el post excusa para repetir, como otras tantas veces, pero esta vez con más sentido, aquello que escribía José Saramago: adiós lector, hasta el próximo terremoto.

1 comentario:

Pedro dijo...

Pues yo cd esto ocurrió estaba desayunando con Curro y comentando nuestras cosas de maris de cada día en un bar regentado por bolleras. La cuestión es que no sentí absolutamente nada. Y a esto que me llama mirmana y me dice: has notao el terremoto. Y yo: Qué terremoto? Dicen que ha habido un terremoto en Sevilla... Pues no hija, nada de nada pero vamos, que qué fuerte, un terremoto en Sevilla. Es que esto es el fin del mundo, me dice Curro.

Pero bueno, supongo que en Huelva se debió notar mucho más por cercanía al epicentro. Ea! Po una experiencia más que te llevarás al hoyo. Mira qué bien!
Pero hay una cosa que no has aprendido de las pelis de desastres naturales: Cd algo así ocurre uno no se acerca al tio bueno cn la intención de huir sino con la intención de cruzar una mirada que cd las cosas se pongan crudas y estéis en una situación desesperadas (léase atrapados en el edificio en ruinas, muertos de frío y al borde de la inanición además de preocupados por un herido en la pierna con una mala pinta que te cagas y oliendo ya a gangrena) y estéis en una situación desesperada, decía, nazca el amor más absoluto entre vosotros dos y os déis cariño en esos malos momentos. Aunque sólo sea por esos malos momentos pq yo toy convencido de que lo que no nos cuentan las peliculas es que después esas historias nunca funcionan. Uno se agarra a un clavo ardiendo en la necesidad pero cd ésta pasa, las cosas se olvidan con mucha facilidad y lo que creíamos amor eterno se queda en un "en realidad no somos nada compatibles". Cómo miente hollywood!