domingo, febrero 18, 2007

Rinconcillos de mi Huelva ( y II)

Ya es por todos conocido (sí, yo me he encargado de ello) la debilidad que siento por el paisaje que veo desde mi ventana. Recuerdo la primera noche que pasé en mi actual piso (mi coqueto entreaires de la Plaza Niña), después de una mudanza a mano de bloque a bloque que fue un infierno y que se saldó con un bote de coliflor en remojo esparcido por toda la plazoleta, sí fue muy desagradable... A lo que iba... La primera noche que pasé en mi nidito (de amor, de penas y alegrías, de llantos y Legendario) estuve contemplando las luces del Polo Químicao de Huelva durante prácticamente toda la madrugada. No podía apartar la vista. Es un paisaje que me cautivó desde el primer segundo, aunque a veces cueste entender por qué. Contemplarlo me relaja, aunque lo propio sería que me alarmara, soy consciente de ello.


"Es como una ciudad dentro de una ciudad", diría meses después de aquella primera noche una voz, una mirada, desde la misma ventana.


Hace unas semanas, amanecí temprano y no me resistí a sacar algunas fotos de ese paisaje, que despertó envuelto en niebla...



...para mi deleite personal y para el de aquellos fieles lectores que se asomen a esta otra ventana bloguera.
Hasta el próximo terremoto.

1 comentario:

Pedro dijo...

La verdad es que le paisaje no deja de ser llamativo. Estando en una plaza tan centrica, de repente te asomas a esa ventana y parece que estés en medio del campo y que a lo lejos hay otra ciudad que no puede existir, que está destinada a desaparecer.

Imagen futurista.