miércoles, julio 12, 2006

¡Qué noche la de aquel día!


Me acuerdo viendo esta foto de la película La Playa. Film menospreciado por la sociedad y que sólo Jose y yo hemos sabido apreciar, verdad amore? Y todo, porque Leonardo Di Caprio no es el mejor actor del mundo, y todo, porque salía como si estuviera dentro de un videojuego... pero bueno, es que estaba super colocadooooo!!!!! Además, es un reflejo estupendo de la sociedad, de cómo es el ser humano, con su propia forma irremediable de ser, el que lo corrompe todo, el que siembra el mal y el desprecio por el prójimo incluso en la isla más paradisíaca (Kavafis tiene un poema maravilloso relacionado con esto, lo publicaré en breve aquí).
En fin, que me acuerdo del maravilloso final: el Leo que llega a un cyber y tiene un mail de la francesita (es una historia un poco larga, omito detalles) con la que también vivió en esa playa escondida en la que un grupo de personas de diferentes lugares del mundo intentó fundar un poblado perfecto. Sólo felicidad. Ese era el gancho, esa era la esperanza, ese era el imposible...
Tras el fracaso estrepitoso, digo, Leo llega a un cyber y ve que tiene un mail... un archivo adjunto, una foto. La foto...
Aparencen todos, en aquella playa celestial, increíble, sonriendo, felices, dichosos a más no poder. La foto representa el instante perfecto de carpe diem que sólo duró eso, un instante, un segundo, un click. Porque después todo se precipitó hacie el desastre.
Bueno, con esto no quiero decir que se avecine el desastre, la perdición, la infelicidad, pero sí, que hay momentos que son irrecuperables. La fotografía tiene esa mágica capacidad. Capta el segundo que no regresa nunca y hace que nada más tenerla frente a nosotros, aunque la imagen sea de a penas hace un mes, sintamos que ya lo hemos perdido.
También me acuerdo, del Club de los poetas muertos, película que cambió mi vida, mi existencia, y de esa maravillosa escena en la que el profesor de literatura se lleva a sus adolescentes alumnos a mirar de cerca las fotografías viejas de la escuela, en la que aparecen los otros, los otros estudiantes, los que ya murieron, los que ya están arrugados como pasas, sólo que se les ve jóvenes, llenos de vida y de proyectos por hacer. "Como vosotros", les dice, y mientras los niños con ojos como platos observan esos rostros del pasado, el profesor susurra a sus espaldas... Carpe diem, carpe diem...

Últimamente atrapo más días que en toda mi vida (aunque quizás sea injusto para mí decir esto) y la fotografía de arriba es un buen ejemplo de los buenos instantes que me llevaré...

6 comentarios:

La Mala Vida dijo...

A veces miro la foto en la que estamos todas, en la puerta de aquella Venta de Antequera que tú presigiaste como tumba para nuestros cuerpos jóvenes y hermosos (la tragedia de la Venta Antequera, algo que nunca sucedió pero que quedará para los anales de la historia de Hill Valley). Allí estamos las que éramos y éramos las que estábamos. Felices, sonrientes, sin adivinar siquiera los problemas que la edad adulta trae consigo. Tengo esa foto en un lugar privilegiado de mi humilde morada. Allí donde la literatura y los recuerdos se unen en una misma esencia.

Zarzamora dijo...

¡¡¡¡Estás guapísssima, niña!!!!

Atreyu dijo...

Bueno, espero algún día estar al otro lado del río, leyendo una lectura o llevando las arras en tu boda con Lucax. Un besote palote

Raquel Rendón dijo...

Qué wapa estás, niña. Yo también pienso lo mismo: las fotografías captan instantes irrepetibles, fugaces, únicos, intensos... Y ese trocito de papel o de píxeles nos permite revivirlos cada vez que lo miramos. Es magia!

Un besazo wapa.

Jose dijo...

Toc-Toc! Hay alguien ahí?

Jose dijo...

de verdad... aplazo mi viaje a las islas afortunadas para irme a lisboa con vos.

Te quiero.