domingo, julio 09, 2006

Patriice, de los diez días o ya nuestra vida es tiempo

Ayer,mientras el joven periodista de la compentencia me llevaba amablemente a H.I. en su flamente nuevo golf azul cielo (con tapicería en beige), dije "tenemos la desgracia de trabajar en un mundo en el que sólo necesitas un mes para desencantarte". Así lo dije, y así lo pienso. Porque mi grado de decepción del mundo periodístico (que no del periodismo, ojo!) es ahora el mismo que cuando cumplí mi tierno segundo mes de becaria hace ya la 'solera' (jeje, esto tiene historia) de dos años. La única diferencia es que estoy un poco más cansada, pero por lo demás no requerí de mucho tiempo para saber que la asquerosa clase política se cuela en todas partes, como el fútbol, aunque sin dejar hermosas reflexiones como las que pueden extraerse del balompié (remito al post 'Oh, capitán, mi capitán' gracias al que me he hermanado con el deporte rey) y para saber que los señores oscuros existen, que hay mala gente en el mundo que sólo disfruta haciendo sufrir al prójimo. Y que no hay excusas para ellos, con esos tipejos no puede decirse "es buena gente, pero tiene sus cosillas". No. Directamente, no son buena gente. En vez de corazón tienen un pasa oscura, diminuta, repugnante que intenta latir en vano...
Pero me estoy metiendo en cerros que no buscaba... Lo que quería explicar en este post es una de las caras menos tórridas del ejercicio del periodismo, a saber, una nueva forma de vivir el Tiempo, que no es ninguna minucia.
Escribimos el miércoles hablando del jueves, lo que acaba de ocurrir es pasado para nosotros... el hoy pasa a ser ayer en una tarde...los días de fiesta son laborales; el viernes puede ser lunes.
Hoy, mientras escribo esto, es domingo para el resto de los mortales. Para mí, sin embargo es viernes, un viernes que en vez de dar paso al sábado, al fin de semana, dará la bienvenida a un nuevo lunes, la semana que vuelve a comenzar sin weekend, ou pas?
Efectivamente, para los que lo hayan vivido en sus propias carnes, me encuentro en pleno turno largo, que decimos por aquí. Así pues, durante esta semana y hasta que el próximo viernes vuelva a ser viernes para mí, por favor, llámenme Patriice de los diez días...

2 comentarios:

La Mala Vida dijo...

Cómo conozco esa sensación de vivir un tiempo sin tiempo... Para mí es distinto, aunque confundo las semanas (que no los días) y no sé qué es peor. Yo vivo con siete días de adelanto y eso tiene sus inconvenientes de vez en cuando, aunque también sus alegrías. Por cierto, también conozco a esas malas personas, malas de verdad... una lástima que existan. Cuando tengas libre, me das un toquecillo y me llego por allí a hacerte una visita porque ¡NECESITO UNAS VACACIONES! Besos...

Raquel Rendón dijo...

Ainsss, qué tiempos aquellos en los que éramos becarias, jijiji. Parece que hace mil años ya, uff. Sabes, yo también he vivido eso que estás contando, aunque tal vez con menos intensidad que tú.

Puedo decirte que, ahora que estoy fuera de la cueva del ogro Castro, echo de menos ese lugar.

Echo de menos esos 2x5, 10x2, 2x1 y demás; las risas en la mesa de Vicente, escribir para mañana desde el ayer sin que sea nunca hoy, esos titulares compartidos (¿recuerdas?), siempre esperando que una de las dos resolviera el enigma, enunciara las palabras mágicas que funcionaran sin un track demasiado evidente (jejeje)... Echo de menos las ruedas de prensa, irme a casa cuando ya se ha ido el sol, subir al despacho de Camacho y fumar un cigarrito -"¡a la mierda la Ley Antitabaco! Aquí se fuma porque me da la gana", dice él-, las visitas a Maribel y a la fantástica Dona, la sonrisa de Zalvide, las llamadas desde el 204 (con el Peralta, Josué o Alberto al otro lado gastándonos alguna broma)...

También las llamadas del Mocito feliz (jejej), la honestidad de Enrique, los pellizcos de Carlitos y el tonillo de voz de Yolanda. Los cambios en edición, los nervios de Velasco y la cercanía de Helenio (que nos acogió como hijos cuando llegamos a esa redacción enorme). Las maquetillas que peinazo nos pintaba en el papel, los despistes de Carmen en edición, la mala leche de Mariajo y la conversación de Mili.

En fin... Por supuesto, no voy a olvidarme de mi Kinixi, de mi Fran (ains, que se nos casa también!) ni de Elenita, encantadora ella. O de los niños de deportes. Ni siquiera voy a olvidarme de la jefa,de Saray, ni de 'Surmano' -jajaja-.

Cuando una se marcha de ahí llegan cosas diferentes, pero dejas atrás otras cosas que quieres y que echas de menos. Dejas atrás a mucha gente a la que quieres, entre la que estás tú, con la que ya no compartes el día a día. También queda atrás el trabajo más hermoso del mundo: no hay nada mejor que trabajar en un peíódico.

Muaks