Siempre pasó desapercibido. Carece de la angustiosa maldad de Lunes y de la pícara alegria del Miércoles de Lucas. Siempre fue un tipo discreto. Cada semana sabe disfrutar de su sencilla existencia, pues nadie espera nada de él. Martes siempre se va tal y como llega. Hasta que se canse de todo, y comencemos a temerle también a él.
lunes, abril 30, 2007
domingo, abril 29, 2007
Lunes
Con pocos esfuerzos este día ha conseguido ganarse la antipatía de todos, aunque alguno podría decir que nos hace estar más cerca del viernes que el propio domingo.
Lunes es empezar de cero. Como cuando uno cae en la casilla equivocada del tablero y vuelve a la posición de salida. Otra vez lunes. Otro comienzo, con lo difíciles que son...
Lunes es empezar de cero. Como cuando uno cae en la casilla equivocada del tablero y vuelve a la posición de salida. Otra vez lunes. Otro comienzo, con lo difíciles que son...
miércoles, abril 25, 2007
El retrato de Dorian Gray
Un lejano amigo me escribió una vez: "Es extraña la visión que una persona tiene de la visión que los demás tienen de ella". Supongo que es una obviedad, pero desde que leí aquello en un sorprendente mail (por otros muchos motivos) la idea me acompaña siempre. Así que, así andamos por el mundo, con nuestro particular 'sanbenito'; fingiendo lo que no somos porque los demás piensan que somos otra cosa; recomendándonos a la diosa Fortuna para no desenmascararnos a nosotros mismos en medio de nuestras "aceleraciones inútiles" del día tras día. Evitando los tropiecos; borrando los indicios de una existencia latente que en ocasiones nada tiene que ver con la brinca en la superficie.
Y cada noche, llegamos a casa, y tras colgar el traje de super héroe en el armario, subimos hasta la última planta de nuestra existencia injustificada y nos adentramos en la oscura habitación del fondo del pasillo. Allí nos espera el verdadero retrato. Nos enfrentamos a nuestro verdadero rostro: sucio, oscuro, deforme por el efecto de la máscara impuesta para nuestra cotidianidad. Cada noche nos contemplamos durante unos segundos. Nos lo debemos. Sin embargo llega ese día, en el que ya no nos queda valor para subir a la habitación cerrada con llave, y mucho menos para contemplar el retrato. Nos conformamos, entonces, con la máscara del espejo. Y nos acostumbramos a ella. Tanto, que olvidamos el retrato. La habitación que lo oculta queda cerrada para siempre. Tiramos la llave al fondo de la Ría o del pantano y maquillamos nuestro falso rostro con un poco de colorete Rose D'or Número 34.
miércoles, abril 18, 2007
Sin tiempo y sin espacio, más allá
¿Recuerdan vuesas mercedes aquel condesador de fluzo (al parecer mala traducción de 'flujo', que la verdad tiene más sentido) que en la maravillosa y siempre poco ponderada saga Regreso al futuro hacía posible los viajes en el tiempo? ¿Se acuerdan de aquel entrañable DeLorean que cambió el pasado, presente y futuro de los MCfly? Pues bien, la cosa no es tan disparatada.
"Viajar en el tiempo es posible, de hecho ya lo hacemos, viajamos a razón de 24 horas al día". La frase es de un físico al que entrevistaron en La mirada crítica (cuánto te amo, Vicente), a raíz de que otro colega norteamericano se presentara ante las puertas de la Nasa a pedir dinero para crear una máquina del tiempo. Bueno, este es el resumen que hicieron para la chusma que, como yo, entiende poco de física, de fuerzas y magnitudes... supongo que la idea del pobre hombre (la Nasa lo mandó a tomar viento) era algo más compleja y más teórica. El caso es que sirvió para que el programa dedicara unos minutos a establecer un interesante debate sobre los viajes en el tiempo y sobre si eran posibles o no. Y para la sorpresa de todos, aquel físico español al que habían llamado para aclarar ciertas cosas no dudó: viajar en el tiempo es posible, señores y señoras, eso sí, es más fácil moverse hacia el futuro que hacia el pasado. "Pero no lo digo yo; lo dijo Einstein a principios de siglo con su Teoría de la Relatividad".
Viajar en el tiempo es tan sencillo, como superar la velocidad de la luz. En ese caso, no viajaríamos a razón de 24 horas al día, si no, no sé, de mil horas al día, por decir algo que probablemente se acerque al disparate dada mi ingnorancia. Pero la idea es esa. Se trata de realizar el mismo trayecto en menos tiempo. Lo que para la tierra son cien años, para un hombre que viaje a una velocidad superior pueden ser diez minutos, y de esa forma, se colaría en el futuro en menos tiempo que el que yo tardo en ir en tren a Escacena.
El programa estuvo de lo más interesante, porque planteaba el físico teorías tan curiosas como la del matricidio: qué pasa si el viajero en el tiempo, va hacia el pasado y mata a su madre antes de que él nazca. O qué ocurre si va hacia el futuro y encuentra un monumento en homenaje a su misma persona, como el primer viajero en el tiempo, y el científico roba la escultura y se la lleva a su tiempo presente... quién es entonces el que hace, en realidad, el monumento homenaje?? En uno de los libros de Harry Potter también se plantean este tipo de cuestiones y curiosidades sobre los viajes en el tiempo y sus consecuencias. Incluso en Terminator, no?
Mi príncipe de largas pestañas, que en esto de las ciencias me saca ventaja, me explicó que cuando se viaja al pasado, si algo así fuera posible, no se haría a nuestro mismo pasado si no a otro paralelo, de forma que es imposible cambiar el transcurso de la historia, algo que también se plantea de forma especial en mi Regreso al futuro.
Sobre la posibilidad, aunque sea en un plano teórico, de viajar en el tiempo hay seguidores y detractores, como en todo. Según nuestro físico español, el argumento en contra más firme es el del increíble Hawking: si los viajes en el tiempo son posibles por que no hay entre nosotros ya viajeros temporales??
En fin, si la polémica no está servida, al menos sí está 'picada' mi curiosidad por estas cuestiones tan apasionantes de la física, al fin y al cabo, somos también Naturaleza, o mejor debería decir que nos somos más que tiempo.
Hace unos años, era una locura pensar que podríamos enviar una carta a alguien que está al otro lado del mundo en sólo un segundo. Hoy recibir un mail es tan natural como respirar.
Así que si alguna vez algún físico de pelos plateados y grandes ojos negros llama a mi puerta para invitarme a dar un paseo por el tiempo. Lo miraré con firmeza y le diré sonriendo: qué demonios...
martes, abril 17, 2007
miércoles, abril 11, 2007
WELLCOME TO LOS CANTARITOS
En los últimos tiempos me he acordado mucho de una película que vi hace ya bastante tiempo. El protagonista era un madurito poeta que luchaba contra viento y marea por mantener una vida más o menos bohemia en medio de una sociedad en la que la famosa clase media aumentaba sin descanso y en la que todo el mundo, incluso sus compañeros de correrías, tendían irremediablemente al aburguesamiento. Y la máxima representación de esa vida formal en la que todos caían era una pequeña casita en un barrio bien, con lindas cortinas y una planta junto a la ventana. El pobre poeta, que además no era demasiado bueno con los versos, se pasa una hora y media luchando contra la tendencia, hasta que el amor de una mujer (pueden más dos tetas que dos carretas) y un relativo sentido común, lo hacen caer también. Se busca un trabajo formal y la última escena de la película se la pueden imaginar: el prota ya aburguesdo regando su planta de su ventana con sus lindas cortinas en su casita de barrio bien.
Nos pasamos buena parte de la vida tratando de marcar la diferencia. Buscando una vida distinta a la del resto, y sin embargo, al final, casi todos caemos en el aburguesamiento. Salen a flote nuestras necesidades más básicas, las imprescindibles, y comprobamos que, efectivamente, no hay nada nuevo bajo el sol. Ayer cuando mi emisaria particular (no podía haber elegido mejor representación) me gritaba a través del teléfono "te ha tocado, te ha tocado", sentí una emoción que jamás había experimentado antes. Tan distinta es, que aún no he conseguido asimilarla del todo y todavía ahora, unas pocas horas después, me cuesta pensar que en los próximos años una espectacular cuadrilla de albañiles (a lo espartano de 300) levantará una casa, que es mía, bueno mía y suya. Mías, y si ustedes quieren, suya será también.
Hace unos años VPO eran unas siglas extrañas. Hoy es un camino. Una salida. Una única opción posible, hecha realidad.
Ahora sí que puedo decirlo: Bienvenidos serán a la República Independiente de mi casa.
domingo, abril 08, 2007
Despedidas (II)
Permítanme vuesas mercedes que regrese al tópico de las despedidas, que regrese al del Tiempo, que hable de nuevo de ausencias, de la extraña paz de las luces del Polo Químico, del pasado del Muelle del Tinto, aunque no sea ése su verdadero nombre; del dolor tan alto que nos hace pequeños; de la nostalgia del adiós, de la esperanza del volver; de la lluvia que cae sobre el pasado; de la insoportable levedad del ser; de cada 'y sin embargo'; de los besos olvidados en un concesionario Mercedes; de los cuentos de hadas, y de las pesadillas de palacio. Permítanme que les recuerde que lo nuestro es pasar; que es mejor callar, que a veces es preferible ni mirar siquiera, que ningún Dios nos librará de nuestro terrible, terrible, acabamiento.
domingo, abril 01, 2007
Casualidades. Parte Tercera.
Durante un instante la joven permaneció en silencio, recreándose algo más de lo necesario en la nota que tomaba. No hacía falta que escribiera literalmente la frase, para eso estaba la grabadora. Sin embargo, joven Narnia, sabías que el profesor te estaba observando y quisiste darle tiempo, ¿verdad? 'Hay mucho más'. Terminaste de escribir y volviste de nuevo a su atención con una sonrisa. El botón de la camisa que llevaba desabrochado de más dejaba ver su pecho imberbe, moreno. De fibra en su punto justo. Apetitoso torso, citaste. Después de un rato conversando en el escritorio, cada uno a un lado, con la frontera de madera guardando las distancias. Decidisteis mudaros a la otra mesa, la circular amplia y limpia de papeles, donde silla junto a silla no había límites.
No sé por donde empezar. Tengo muchos textos que podrían servir para ilustrar lo que digo. Pero claro, hay que tener en cuenta que para encontrar hay que saber lo que se busca. A veces las cosas están delante de nuestras narices y no hay nada que podamos hacer por verlas si nuestra mente no está alerta, preparada para hallarlas.
No sé por donde empezar. Tengo muchos textos que podrían servir para ilustrar lo que digo. Pero claro, hay que tener en cuenta que para encontrar hay que saber lo que se busca. A veces las cosas están delante de nuestras narices y no hay nada que podamos hacer por verlas si nuestra mente no está alerta, preparada para hallarlas.
Pero, cómo puedes saber que no eres tú quién se confunde. Cómo puedes tener la certeza de que lo que tú estás viendo es lo correcto. De que es la versión adecuada y no un producto de tu mirada, que tú has preparado para que vea lo que dices que estás viendo.
Entiendo tu desconfianza.
No es desconfianza. Al menos no quiero que lo considere un desdén gratuito hacia su trabajo de investigación.
No te preocupes. No me ofendo. A otras mentes menos consideradas y educadas que la tuya me he tenido que enfrentar. Pero, Narnia, yo no busco certezas. No las necesito.
Todos las necesitamos. Dijo ella, arrepintiéndose al instante por aquel comentario fuera de lugar y de tiempo. El profesor sonrió y la miró con ternura. Como el padre que acepta con cierta nostalgia el comentario infantil de su hija.
Entiendo tu desconfianza.
No es desconfianza. Al menos no quiero que lo considere un desdén gratuito hacia su trabajo de investigación.
No te preocupes. No me ofendo. A otras mentes menos consideradas y educadas que la tuya me he tenido que enfrentar. Pero, Narnia, yo no busco certezas. No las necesito.
Todos las necesitamos. Dijo ella, arrepintiéndose al instante por aquel comentario fuera de lugar y de tiempo. El profesor sonrió y la miró con ternura. Como el padre que acepta con cierta nostalgia el comentario infantil de su hija.
A un olmo viejo
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo entenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejercito de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino,
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas,
antes que el rio hasta la mar te empuje,
por vales y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi artera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo entenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejercito de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino,
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas,
antes que el rio hasta la mar te empuje,
por vales y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi artera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Antonio Machado
jueves, marzo 29, 2007
Exclusiva
“Bueno, bueno, mari, lo que tengo que contarte…” Así podría comenzar este nuevo post de jueves de descanso y desayuno en el Oh La lá. La noche del miércoles no solo me deparó un capítulo estupendo de mis Hombres de Paco, también una madrugada de dulce sueño. Y sin que pretenda abusar de vuestra paciencia lectora no tengo más remedio que explicar que el caballero con el que compartí la experiencia no podía ser otro que el mismísimo Javier Marías (JÁ! Que levanten la mano aquellos que pensaban que se trataba de Lucas).
Sí. Señores y señoras, anoche soñé con mi escritor fetiche y tengo que decir que si no es la primera vez que lo hago (no recuerdo bien), al menos sí la primera que retengo una idea muy clara de lo que sucedió, de lo que hablamos.
La cosa transcurría en una especie de pequeño pueblo de casas de piedra. Yo llegaba a una cafetería, y allí mismo, para mi sorpresa, hermoseaba mi querido Marías. Por una extraña razón, gracias (creo) a la mediación del camarero, mi apuesto caballero oxforiano y yo terminábamos juntos en una mesita, en plena entrevista.
Y es genial (me he levantado muy optimista), porque yo le preguntaba sobre su obra, sobre el Tiempo y él respondía amablemente con un brillo muy especial en sus encantadores ojos rasgados. Y lo mejor, ya les digo, es que lo recuerdo todo muy bien. Quizá no sea capaz de reproducir el diálogo completo, pero sí la sensación que me producía estar con él, compartiendo café y palabras. “Tus obras son representaciones de una misma historia verdad?”, le decía yo, o algo por el estilo. “Por supuesto”, me respondía él. “¿Temes al Tiempo?”, le lanzaba en algún otro momento. “Claro, al Tiempo hay que temerle. Nos mira directamente a los ojos, hay que estar muy atentos”, me decía con voz misteriosa y acerándose mucho a mí, tanto que su rostro se difuminaba ante mis ojos.
Para ser totalmente sincera, tengo que añadir que no faltaron en mi sueño, esos elementos surrealistas, inexplicables y algo desconcertantes, propios de estos lares. Por ejemplo, el aspecto de mi Javier Marías no era exactamente el mismo que el de mi Javier Marías. Al menos, no a medida que avanzaba nuestra inusitada entrevista. De esta forma, hubo un momento en el que descubrí, para mi asombro, que tenía los ojos muy azules, que llevaba gafas (algo que creo, más allá de mi sueño, no es así). Descubrí que su pelo tenía un extraño tono rubio (muy feo). Y finalmente, me percataba, para mi desconsuelo, que era terriblemente afeminado (por favor, no se rían). Con todo, resultó un momento muy especial, mágico, cargado de emoción.
La despedida no la recuerdo. Creo que yo me marchaba, no sin antes llevarme mi mp3 naranjita donde lo había registrado todo… Y nada más.
Sí. Señores y señoras, anoche soñé con mi escritor fetiche y tengo que decir que si no es la primera vez que lo hago (no recuerdo bien), al menos sí la primera que retengo una idea muy clara de lo que sucedió, de lo que hablamos.
La cosa transcurría en una especie de pequeño pueblo de casas de piedra. Yo llegaba a una cafetería, y allí mismo, para mi sorpresa, hermoseaba mi querido Marías. Por una extraña razón, gracias (creo) a la mediación del camarero, mi apuesto caballero oxforiano y yo terminábamos juntos en una mesita, en plena entrevista.
Y es genial (me he levantado muy optimista), porque yo le preguntaba sobre su obra, sobre el Tiempo y él respondía amablemente con un brillo muy especial en sus encantadores ojos rasgados. Y lo mejor, ya les digo, es que lo recuerdo todo muy bien. Quizá no sea capaz de reproducir el diálogo completo, pero sí la sensación que me producía estar con él, compartiendo café y palabras. “Tus obras son representaciones de una misma historia verdad?”, le decía yo, o algo por el estilo. “Por supuesto”, me respondía él. “¿Temes al Tiempo?”, le lanzaba en algún otro momento. “Claro, al Tiempo hay que temerle. Nos mira directamente a los ojos, hay que estar muy atentos”, me decía con voz misteriosa y acerándose mucho a mí, tanto que su rostro se difuminaba ante mis ojos.
Para ser totalmente sincera, tengo que añadir que no faltaron en mi sueño, esos elementos surrealistas, inexplicables y algo desconcertantes, propios de estos lares. Por ejemplo, el aspecto de mi Javier Marías no era exactamente el mismo que el de mi Javier Marías. Al menos, no a medida que avanzaba nuestra inusitada entrevista. De esta forma, hubo un momento en el que descubrí, para mi asombro, que tenía los ojos muy azules, que llevaba gafas (algo que creo, más allá de mi sueño, no es así). Descubrí que su pelo tenía un extraño tono rubio (muy feo). Y finalmente, me percataba, para mi desconsuelo, que era terriblemente afeminado (por favor, no se rían). Con todo, resultó un momento muy especial, mágico, cargado de emoción.
La despedida no la recuerdo. Creo que yo me marchaba, no sin antes llevarme mi mp3 naranjita donde lo había registrado todo… Y nada más.
Por la mañana, lo primero que he hecho es buscar entre los archivos de naranjito II… pero no hay rastro de la charla, así que me he sentido un poco como Judy Foster en Contact. Sin pruebas para demostrar su magnífica experiencia. Sin consuelo.
Lo único que me queda, ya que estamos en Semana Santa, es tener un poco de fe y seguir soñando despierta a que llegue esa entrevista en exclusiva. Hasta entonces, me mantendré alerta cada vez que salga a tomar café. Nunca se sabe lo que a uno le puede deparar el día.
martes, marzo 27, 2007
Un año de amor
Mi blog celebra su primera primavera. Y es muy emocionante. Desde hace algunas semanas he venido barruntando este aniversario y he pasado las horas muertas releyendo los viejos post; algunos de esos 99 tristes, desoladores, alegres, emotivos, escritos con más o menos destreza. Partes de un todo, que ahora me cuesta algo más entender. Algunas frases, escritas por mi propio pulso en el teclado, son ahora enigmas, caminos cerrados que no llevan a la Patriice de marzo de 2007 a ninguna parte. Otros, sin embargo, se mantienen inamovibles, han resistido el paso del tiempo, si es que algo así es posible, y su actualidad o vigencia asustan un poco.
Un año, ¿es mucho o poco? A veces, tengo la sensación de que pasó deprisa, otras de que se ha consumido con lentitud y de que mi vida ha transcurrido mucho más que el propio Tiempo. Como una suerte de error en el ' ciclo del paso' (ya saben, piensen en los Fruitis andando por el bosque y sabrán de qué les hablo).
Me preguntaban el otro día, "¿por qué tienes que dejar todo por escrito?". "No se trata de dejarlo, se trata de escribirlo", respondí.
Esta negra espalda del tiempo surgida casi por casualidad, sin a penas pretensiones se ha convertido en uno de los asuntos más importantes de mi historia reciente. Aunque pueda parecer exagerado decir algo así.
Un año, ¿es mucho o poco? A veces, tengo la sensación de que pasó deprisa, otras de que se ha consumido con lentitud y de que mi vida ha transcurrido mucho más que el propio Tiempo. Como una suerte de error en el ' ciclo del paso' (ya saben, piensen en los Fruitis andando por el bosque y sabrán de qué les hablo).
Me preguntaban el otro día, "¿por qué tienes que dejar todo por escrito?". "No se trata de dejarlo, se trata de escribirlo", respondí.
Esta negra espalda del tiempo surgida casi por casualidad, sin a penas pretensiones se ha convertido en uno de los asuntos más importantes de mi historia reciente. Aunque pueda parecer exagerado decir algo así.
Refugio de la realidad, territorio perfecto para la ficción, me permitió alcanzar lo que hasta el momento sólo eran posibilidades con pocas posibilidades. Ha sido y es una tregua (y enlazo con el primer post) concedida por la gracia que sólo lo literario tiene. Y aún se mantiene el paréntesis. Y lo que es mejor: ahora soy yo quien lo controla, quien entra y sale, quien camina y huye, cuando me place del revés del Tiempo, quien sobrevuela ese desierto, quien mira al mundo descodificándolo, como un nuevo Neo (valga la redundancia). Libre como las pirámides de Egipto, se acuerdan?
(...)
O quizás no. Quizás ande más perdida, más atrapada que nunca en mi propia isla.
TIC-TAC. TIC-TAC.
sábado, marzo 24, 2007
Decepciones
No debería uno nunca decepcionar a nadie, ni sentir que lo hace ni aún menos sentirse decepcionado por las acciones, las decisiones o las renuncias de los demás.
Y sin embargo, no hacemos más que eso, defraudar a los que nos rodean y retener, como si eso fuera lo único que contara, los vacíos que nos dejan los otros.
Llevo siglos esperando este momento y ahora que al fin ha llegado, me siento como el protagonista de La tregua cuando consigue su jubilación: "así que esto es el Tiempo, y ahora qué voy a hacer con él?".
martes, marzo 20, 2007
Post de la medianoche
¿Cómo se enfrenta uno al mundo cuando pierde la inspiración?
Esta noche, me siento como Austin Powers cuando le roban su 'mojo' (que nadie pregunte, por favor), sin a penas ya nada que aportar al mundo. Veo a mis viejas palabras lanzándose desde la ventana, siempre abierta al Polo Químico (el paisaje de Lucas), en un continuo chorreo suicida, que no cesa... una tras otra se arrojan al vacío, huyendo del mostruo de mirada angelical que ahora me mira desde el marco de la puerta. La Felicidad es egoísta, nos quiere solo para ella; nos busca, nos devora, nos impide mirarnos al espejo de la mediocridad, nos sacude si lo hacemos, nos hace creer hermosos, nos absorve como sólo ella sabe hacerlo. Nos manipula, merma nuestras posibilidades, acaba con la Esperanza...
"Necesita un buen polvo", podría decir alguien de la Felicidad. "Así nos dejaría en paz."
Esta noche, me siento como Austin Powers cuando le roban su 'mojo' (que nadie pregunte, por favor), sin a penas ya nada que aportar al mundo. Veo a mis viejas palabras lanzándose desde la ventana, siempre abierta al Polo Químico (el paisaje de Lucas), en un continuo chorreo suicida, que no cesa... una tras otra se arrojan al vacío, huyendo del mostruo de mirada angelical que ahora me mira desde el marco de la puerta. La Felicidad es egoísta, nos quiere solo para ella; nos busca, nos devora, nos impide mirarnos al espejo de la mediocridad, nos sacude si lo hacemos, nos hace creer hermosos, nos absorve como sólo ella sabe hacerlo. Nos manipula, merma nuestras posibilidades, acaba con la Esperanza...
"Necesita un buen polvo", podría decir alguien de la Felicidad. "Así nos dejaría en paz."
jueves, marzo 15, 2007
99
Desde que cambié, si lo sé, timidamente, pero cambié al fin y al cabo, el aspecto de este mi humilde blog, el nuevo árbol de archivos (una de las novedades de las que más orgullosa me siento) me permite saber cuántos post escribo cada mes, y cada año...
"Es curioso (dijo mi lector en la sombra no hace mucho) que en 2006 escribieras justo 99".
La verdad es que hasta ese momento no me había detenido en tan matemático detalle. Pero desde entonces no paro de darle vueltas al dichoso numerito. 99.
Lo primero que hice fue pensar en mi número de carné de la Biblioteca Municipal de mi añorado pueblo: el 599.
Luego pensé en que fue en 1999 cuando dejé el insti, o sea, y comencé mi andadura universitaria.
El 29 es, por otra parte, el día oficial de mi nacimiento (esta es una historia larga, quien la quiera escuchar que me mande un mail, aunque pensándolo, puede que me de para algún post, quién sabe...).
Y el 9, fue el número de la casa en la que viví hasta que se puso en marcha la maquinaria del destino y mi vida cambió, como cambió mi barrio.
Sin embargo, viéndolo en esa extraña estructura de títulos, de post, de historias de un 2006 que tiene un antes y un después, no puedo pensar en el 99, como en algo incompleto, inacabado. Será, naturalmente, porque falta sólo uno para el cien, que es más redondo, y no sólo por sus dos ceros... Será. Pero no me conformo con ello, y me pregunto qué post dejé sin escribir, qué historia se me quedó atrapada en un año que ya no existe (gran tragedia la del Tiempo, que es irrecuperable, aunque la tragedia es más bien del hombre que no lo puede recuperar). A qué título shakespeariano renuncié, olvidado en un cajón, garabateado en alguna hoja en algún cuaderno perdido...
Me acuerdo también de un chiste. El que protagonizan dos gordos que para adelgazar deciden dar cien vueltas corriendo a una pista deportiva. Y tras varios intentos frustrados de abandono, siempre propuestos por uno de ellos (lo dejamos ya? No, sigamos), el otro decide finalmente, en la vuelta 99, abandonar el ejercicio para continuar al día siguiente.
Me pregunto ahora cuántas veces no habremos hecho eso puesto que no siempre es fácil reconocer que ya estamos en la 99 y que sólo queda una vuelta más...
Si bien, he tomado una decisión para no correr el riesgo de poner otra sombra en mi mirada: esta será la última vez que piense en ello. Renuncio a esa historia, a ese post a ese título que dejé olvidado en alguna parte. Cualesquiera que pudiera haber sido su principio, su espera y su silencio final.
Un post en blanco
Cansancio. Este iba a ser el título de un nuevo post, pero estoy tan agotada, que no he encontrado fuerzas para escribirlo. Disculpen las molestias.
lunes, marzo 05, 2007
Imposibles posibles
Se me resiste este post, como lo hizo Lisboa. Y todo son señales… cada espera es un paso adelante hacia nuestros destinos, y nunca estamos parados, nunca quietos, aunque así nos lo parezca. No callamos nunca por más que nos esforcemos en permanecer callados. Y si se resiste este post por algo debe ser. Aunque no es menos cierto que hay tareas de las que no podemos escapar, hay post a los que debemos su existencia o ellos nos la debe a nosotros.
No renunciaré, pues, a dejar aquí constancia de la visión de una Lisboa, recién nacida, recién aparecida en el hueco de siete colinas, recibiéndonos. A mí y a aquel que me acompaña (y utilizo a sabiendas el presente pues no sólo me acompañaba en aquel entonces, lo hace ahora, lo hace (desde y por) siempre).
Eso fue lo que pensé cuando pude abarcar toda la ciudad, con sus magníficas luces encendidas, que bien parecían velas sostenidas por las ánimas invisibles de un lugar, que ya digo, tuve la sensación de que era nuevo, de que era una ciudad aún sin fundar, que esperaba, que daba la bienvenida a sus fundadores elegidos. No sé, puede que fuera precisamente por estar amaneciendo que tuve esa sensación de comienzo. De un camino nuevo (de baldosas amarillas, cómo no) que se abría ante mí. Y debo añadir, que manque me pese, agradecí no calzar los tacones rojos de rubí durante estos días, pues Lisboa es para pasear, para aprehender las maravillosas panorámicas que su milagrosa morfología de altibajos hace posible.
Lisboa nos atravesó y fue como un sueño cumplido. Sus edificios encantados por el Tiempo, la mesita, al fin, compartida con Pessoa, la sensación de extender mi patria y fundirla con la de mi Saramago, como él hiciera también a penas unos días después, la impresionante desembocadura del Tajo… mar océano… y, permítanme, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa de Buenos Días, hasta alcanzar, finalmente, un adiós, que es más una promesa de regreso, que una despedida, aunque suene a tópico, pero es que empiezo a creer que como París (y que los dioses me perdonen), Lisboa no se acaba nunca.
No renunciaré, pues, a dejar aquí constancia de la visión de una Lisboa, recién nacida, recién aparecida en el hueco de siete colinas, recibiéndonos. A mí y a aquel que me acompaña (y utilizo a sabiendas el presente pues no sólo me acompañaba en aquel entonces, lo hace ahora, lo hace (desde y por) siempre).
Eso fue lo que pensé cuando pude abarcar toda la ciudad, con sus magníficas luces encendidas, que bien parecían velas sostenidas por las ánimas invisibles de un lugar, que ya digo, tuve la sensación de que era nuevo, de que era una ciudad aún sin fundar, que esperaba, que daba la bienvenida a sus fundadores elegidos. No sé, puede que fuera precisamente por estar amaneciendo que tuve esa sensación de comienzo. De un camino nuevo (de baldosas amarillas, cómo no) que se abría ante mí. Y debo añadir, que manque me pese, agradecí no calzar los tacones rojos de rubí durante estos días, pues Lisboa es para pasear, para aprehender las maravillosas panorámicas que su milagrosa morfología de altibajos hace posible.
Lisboa nos atravesó y fue como un sueño cumplido. Sus edificios encantados por el Tiempo, la mesita, al fin, compartida con Pessoa, la sensación de extender mi patria y fundirla con la de mi Saramago, como él hiciera también a penas unos días después, la impresionante desembocadura del Tajo… mar océano… y, permítanme, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa de Buenos Días, hasta alcanzar, finalmente, un adiós, que es más una promesa de regreso, que una despedida, aunque suene a tópico, pero es que empiezo a creer que como París (y que los dioses me perdonen), Lisboa no se acaba nunca.
domingo, febrero 18, 2007
Rinconcillos de mi Huelva ( y II)
Ya es por todos conocido (sí, yo me he encargado de ello) la debilidad que siento por el paisaje que veo desde mi ventana. Recuerdo la primera noche que pasé en mi actual piso (mi coqueto entreaires de la Plaza Niña), después de una mudanza a mano de bloque a bloque que fue un infierno y que se saldó con un bote de coliflor en remojo esparcido por toda la plazoleta, sí fue muy desagradable... A lo que iba... La primera noche que pasé en mi nidito (de amor, de penas y alegrías, de llantos y Legendario) estuve contemplando las luces del Polo Químicao de Huelva durante prácticamente toda la madrugada. No podía apartar la vista. Es un paisaje que me cautivó desde el primer segundo, aunque a veces cueste entender por qué. Contemplarlo me relaja, aunque lo propio sería que me alarmara, soy consciente de ello.
"Es como una ciudad dentro de una ciudad", diría meses después de aquella primera noche una voz, una mirada, desde la misma ventana.
Hace unas semanas, amanecí temprano y no me resistí a sacar algunas fotos de ese paisaje, que despertó envuelto en niebla...
...para mi deleite personal y para el de aquellos fieles lectores que se asomen a esta otra ventana bloguera.
Hasta el próximo terremoto.
jueves, febrero 15, 2007
El castillo de irás y no volverás
Quiero que cierren los ojos e imaginen la situación.
Estoy en la biblioteca de la Facultad de Comunicación, en el corazón de la Cartuja, mundialmente conocida por aquella entrañable Expo'92 de Sevilla. Estoy sentada en una mesa sola por lo que dispongo de unos dos metros por cinco para mis papeles, que son numerosos y que se han expandido por toda la madera. Justo enfrente me he colocado el portátil, y más chula que un ocho, gracias a la maravillosa red wifi por cortesía de la US puedo escribir, y colgar este post en tiempo real (que no es exactamente así, pero gueno, queda muy bien).
El trabajo del investigador es apasionante. Tengo una lista enorme de bibliografía, pero la mayoría de los libros no están aquí. Sin embargo, como una buena mujer llamada Montse un día decidió hacernos la vida más fácil a todos (no como los políticos, que sólo se dedican a hacersela más fácil a ellos mismos y a su camarilla, ups, perdonen este asalto preelectoral), pues eso, como esta buena mujer decidió un día crear una página web maravillosa dedicada en cuerpo y alma, en archivos y enlaces, a MI Javier Marías, puedo conseguir un montón de información, sin tener que levantarme al estante. Y sin embargo, por esto de quedar un poco mejor ante la profe, he pillado un libro (en papel) por puro instinto periodístico (que vale para todos los ámbitos de la vida, menos para la profesión) y casualmente en él dedican una página y media a Javier Marías. Ha sido tal mi satisfacción que de repente me he sentido feliz de tener que hacer un trabajo de investigación (y ahora quiero que me imaginen haciendo la señal de las comillas con mi sonrisa, mi colmillo asomando y mi cara de pícara) aunque sea en el tiempo récord de un fin de semana (es lo que tiene estudiar y trabajar).
De cualquier forma, lo que quería compartir con ustedes tiene que ver con el título del post (hermosísimo, por cierto) y que a su vez es el título de un cuento que la madre de MI Javier Marías, le contaba a MI Javier Marías, antes de morir (la madre, no hacía falta aclaración, lo sé). En fin, dice que no se acuerda del final, que ha sido incapaz de encontrarlo (a pesar de su conocido arte para la búsqueda en librerías de viejo, y su suerte para dar con rarezas ya perdidas, ya olvidadas), y que echa de menos la narración de ese cuento. La voz de su madre, el poder conocer toda la historia... Y de repente, no paro de hacer enlaces mentales. Por una parte, me acuerdo con este título de una frase de Pessoa (que tenía pensada para otro post, también ya perdido, ya olvidado) y que Arturo Pérez Reverte recupera en su Pintor de Batallas: Hay lugares de los que uno no regresa jamás (plus or moins). ¿Hermoso verdad? Y por otro lado, me acuerdo de algo que escribió el propio Javier Marías (MÍO) sobre los muertos y cito literalmente (o plagio) que para eso tengo aquí el libro: " (...) desde el punto de vista moderno se es más complaciente, se muere joven a los sesenta y cinco, y se dice: 'Cuánto le quedaba por hacer todavía', como si el hacer fuera lo que justifica las existencias o lo que se echa en falta del muerto y no su presencia, y sus gestos y su relato desinteresado o aún más su escucha y atención a los nuestros"
Cuando perdemos a alguien nuestros recuerdos con esa persona se llenan de repente de momentos, de lugares de esos de los que no regresamos y de los que no regresaremos jamás. A veces, con un poco de suerte, y a fuerza de tiempo, somos conscientes antes de que la muerte nos toque de cerca de que tal instante o tal otro nos marcará para siempre, o nos acompañará siempre. Y hay otras veces, en las que la fuerza de ese momento o de ese lugar es tal, ya incluso en nuestro tiempo presente, que uno sabe sin necesidad de tiempo o de muerte, que ya hay una parte de sí mismo que se ha quedado ahí, sin salida, sin retorno (como seguir cuando en tu corazón empiezas a comprender que no hay regreso posible, ay, todo es todo). Que algo de lo que somos, aunque sea una pizca, ya se ha separado de nosotros y se ha quedado estancado en ese lugar; pero, incluso en la distancia, seguiremos sintiéndolo como duelen todavía los miembros amputados de un cuerpo.
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