sábado, julio 19, 2008
LUCAS
Y al final todos los héroes desaparecen, se marchan, meten en su maleta su destino trágico y se van a cumplirlo a cualquier otra parte. Lejos de aquí. Y uno se queda, como en la canción, roto por dentro. Sin saber por qué. Sin tener motivos de peso. Ni un gramo de razones por las que sentir aquella onda oquedad sobre la que un día escribió Altolaguirre.
Sé que Lucas es sólo un personaje. ¿Sólo? Es sólo ficción. ¿Sólo? Pero su más que dudosa, más que cuestionable desaparición de mi última serie fetiche, a saber, Los hombres de Paco, me ha llevado de nuevo a este territorio perdido, a este estado perenne de nostalgia, aunque confesarlo hace que me sienta un poco ridicula. Que Lucas salga de la serie trae a mi tiempo presente aquella vieja tristeza que solía dificultar mi caminar pisando el bajo de mis pantalones a la entrada de la redacción. Este nuevo adiós lo ha vuelto a poner todo patas arribas. Y a estas alturas del segundo párrafo sigo sin saber por qué.
Hasta el próximo terremoto.
Sé que Lucas es sólo un personaje. ¿Sólo? Es sólo ficción. ¿Sólo? Pero su más que dudosa, más que cuestionable desaparición de mi última serie fetiche, a saber, Los hombres de Paco, me ha llevado de nuevo a este territorio perdido, a este estado perenne de nostalgia, aunque confesarlo hace que me sienta un poco ridicula. Que Lucas salga de la serie trae a mi tiempo presente aquella vieja tristeza que solía dificultar mi caminar pisando el bajo de mis pantalones a la entrada de la redacción. Este nuevo adiós lo ha vuelto a poner todo patas arribas. Y a estas alturas del segundo párrafo sigo sin saber por qué.
Hasta el próximo terremoto.
jueves, mayo 08, 2008
lunes, marzo 17, 2008
Lunes Santo en Triana (II)
Los dioses han querido que este Lunes sea santo por partida doble...
En fin, hoy 17 de marzo, es Lunes Santo en Triana y, además, San Patricio, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.
Este día siempre me pone nostálgica, siempre me traslada en el tiempo, me hace pensar en aquellos días de prisas por cerrar el Covirán y poder llegar a tiempo a la cofradía (no sé cómo, pero lo conseguíamos), me devuelve el frescor (a casa antigüa) del salón de mis abuelos, el viejo salón junto a la cocina donde mi madre y mis tías preparaban bocadillos para los nazarenos de la familia y para los que los acompañábamos desde la barrera. Era un día de jugar con los primos, de comer algo en Casimiro, abarrotado de gente como todavía hoy... de disfrutar del olor a azahar.. era un día nuestro. De la familia, un día que compartir con otros, haciendo crónica de cada segundo, como diciendo, 'mira esto somos nosotros. Somos lo que somos porque esto ha formado para de nuestra vida.'
El Lunes Santo en Triana es uno de los días más hermosos del año aunque te haga pensar en los que no están y eso haga también que sea doloroso. Sigue siendo nuestro día. Seguimos formando parte de él. Seguimos siendo lo que él nos ha enseñado y traído. Es un día para ir rebosante de emociones, para echarse a la calle y aprehender todo lo que el Barrio León (ese maravilloso oasis sevillano) es capaz de ofrecer.
La Semana Santa tiene sus luces y sus sombras, como todo lo que hace el hombre. Pero más allá de creencias hay cosas ante las que a uno no le queda otra opción más que rendirse. Si alguna vez alguien siente flaquear sus recuerdos, si alguna vez alguien quiere hacer borrón y cuenta nueva y llenar su caja de viaje de historias y momentos nuevos, que se pase por aquí. Que se pase por Triana un Lunes Santo y espere ver llegar desde cualquier esquina a Jesús en su soberano poder ante Caifás y a su Virgen de la Salud. Que no se arrepentirá.
martes, febrero 26, 2008
ROTO POR DENTRO
Esperaba esta tarde encontrar algo de inspiración para continuar con mi particular resurrección bloguera, sin embargo, aprovecho la melancolía que asola (para variar) mi barrio y hago una recomendación... aunque probablemente muchos de ustedes ya hayan hecho este maravilloso redescubrimiento.
Hasta el próximo terremoto...
Hasta el próximo terremoto...
martes, enero 29, 2008
He bajado del avión
Con más de un millón de deudas pendientes, regreso a este territorio perdido del que una vez fui inquilina permanente y que ahora apenas me atrevo a visitar. O es que tal vez he olvidado el camino de baldosas amarillas que me llevó hasta él; o es que tal vez ando tan lejos de aquel punto de salida, amargo, triste y maravilloso a la par, que mi cada vez más carcomida visión (literalmente, informo) me impide vislumbrar, me impide saber exactamente dónde está. Dónde está respecto a mí.
Perdí o guardé yo (no sé) aquella urgente e infinita necesidad de escribir sobre mi querida (a pesar del abandono) negra espalda del tiempo. Aquellas últimas revelaciones cerraron una etapa bloguera que ya empezaba a ser decadente. No en vano, muchos han dado ya por muerto este blog, al que sin embargo me resisto a darle un adiós definitivo. Será porque de terapia-gratuita ha pasado a ser una suerte de refugio al que acudir siempre que la nostalgia llama a mi puerta o deja sms en mi bandeja de entrada. Sin presiones, sin ansiedad, un espacio al margen del tiempo…
Comentaba (más o menos) el buen amigo de mirada azul: cuanto más muere mi blog, más vivo ando yo.
Y sin embargo, como yo misma vaticiné, siempre hay un regreso. Siempre hay una vía de servicio en cualquier punto del camino de baldosas amarillas que me permite volver, cuando así lo estime oportuno. Y en esta ocasión, ni la nueva temporada de Los hombres de Paco (impresionante Lucas, madonna mía), ni siquiera los pormenores del nuevo trabajo, ni siquiera la Navidad ni otros demonios (véase mis dos nuevas libretitas Labanda) han despertado en mí, desde aquel revelador doce de octubre, las ganas de… ni las fuerzas para confesarme ante ustedes (intuyo un patio de butacas vacío, aunque nunca se sabe qué lector en la sombra sigue esperando). Qué, entonces.
Quizá una certeza (suspiro). Quizá la certeza de saber que puedo hacerlo. Que no era complicado como había llegado a pensar ya. Que es tan sencillo como ponerse a escribir.
“He bajado del avión”. Eso mismo dice Rachel (for ever Friends) cuando se planta en casa de Ross en ese maravilloso capítulo final. Baja del avión y en el preciso instante de hacerlo se da cuenta de que no era tan complicado como parecía cuando aún tenía el cinturón obligatorio puesto. Sí, esa es la frase (verdad Cecile?) que lo resume todo.
Hasta el próximo terremoto.
Perdí o guardé yo (no sé) aquella urgente e infinita necesidad de escribir sobre mi querida (a pesar del abandono) negra espalda del tiempo. Aquellas últimas revelaciones cerraron una etapa bloguera que ya empezaba a ser decadente. No en vano, muchos han dado ya por muerto este blog, al que sin embargo me resisto a darle un adiós definitivo. Será porque de terapia-gratuita ha pasado a ser una suerte de refugio al que acudir siempre que la nostalgia llama a mi puerta o deja sms en mi bandeja de entrada. Sin presiones, sin ansiedad, un espacio al margen del tiempo…
Comentaba (más o menos) el buen amigo de mirada azul: cuanto más muere mi blog, más vivo ando yo.
Y sin embargo, como yo misma vaticiné, siempre hay un regreso. Siempre hay una vía de servicio en cualquier punto del camino de baldosas amarillas que me permite volver, cuando así lo estime oportuno. Y en esta ocasión, ni la nueva temporada de Los hombres de Paco (impresionante Lucas, madonna mía), ni siquiera los pormenores del nuevo trabajo, ni siquiera la Navidad ni otros demonios (véase mis dos nuevas libretitas Labanda) han despertado en mí, desde aquel revelador doce de octubre, las ganas de… ni las fuerzas para confesarme ante ustedes (intuyo un patio de butacas vacío, aunque nunca se sabe qué lector en la sombra sigue esperando). Qué, entonces.
Quizá una certeza (suspiro). Quizá la certeza de saber que puedo hacerlo. Que no era complicado como había llegado a pensar ya. Que es tan sencillo como ponerse a escribir.
“He bajado del avión”. Eso mismo dice Rachel (for ever Friends) cuando se planta en casa de Ross en ese maravilloso capítulo final. Baja del avión y en el preciso instante de hacerlo se da cuenta de que no era tan complicado como parecía cuando aún tenía el cinturón obligatorio puesto. Sí, esa es la frase (verdad Cecile?) que lo resume todo.
Hasta el próximo terremoto.
viernes, octubre 12, 2007
Revelaciones
Mientras leía en el tren, mientras me disponía a disfrutar de uno de mis primeros festivos como tal, no por descanso, asunto propio o vacación, sino por, en este caso, la Hispanidad. Mientras voy dejando en el horizonte de mi ventana la la maravillosa torre con el ojo de Sauron (¡vivan las energías renovables!) retando al mismísimo sol. Mientras todo eso ocurre, aunque ya haya dejado de ocurrir, descubro con emoción que la protagonista o al menos el personaje femenino (protagonista solo hay uno y es el que narra, el que cuenta aún pensando que uno no debería contar nunca nada...) de la fascinante trilogía 'Tu rostro mañana' (Javier Marías, of course) se llama PATRICIA.
¿No es una deliciosa casualidad? Durante las dos primeras partes, al menos así lo recuerdo yo (y de algo así me acordaría) no se desvela nunca el nombre de pila de esta joven espía. El narrador, nuestro hombre, siempre se refiere a ella por sus apellidos, como Pérez Nuix. Y de repente, en la página 83 del último volumen (un tocho de 705 páginas) leo:
"Cuando un nombre femenino aparecía en nuestras conversaciones, el de Patricia Pérez Nuix era, por fuerza, el más persistente y duradero".
¿No les parece realmente maravilloso? Probablemente no. Pero a mí, el detalle, me ha llenado de optimismo los bolsillos.
Hasta el próximo terremoto.
domingo, octubre 07, 2007
El final es un beso escondido detrás de un sombrero
Es tanto lo que se pierde, dice quien ya todos saben que lo dice.
Estos días no he parado de pensar, me esfuerzo mucho en recordar a cual de mis compis becarios vi antes o en qué consistía exactamente aquella primera broma que Vicente me hizo, cuando apenas acababa de saber su nombre [me pareció toda una osadía]. Soy incapaz. Sé que aquel primer día, de aquel verano de 2004, Raquel Rendón llevaba su falda larga azul cielo, el pelo largo y sus antiguas gafas de montura ligera. Y sé, lo recuerdo, que al verla pensé [lo juro] que me llevaría bien con ella.
También recuerdo que fue en el ordenador de Montenegro donde me senté en aquella clase de iniciación al Millenium y al Arcano (no imaginábamos entonces cuanto nos llegaría a desesperar el dichoso archivo) de un Juan Aurelio aún desconocido. Recuerdo aquella suerte de primera y única reunión de primera con el dire diciéndonos que todo sería maravilloso. Recuerdo a los jefes mirándonos con media sonrisa y recuerdo lo deprisa que Ana del Rocío contestó cuando preguntaron quién quería irse a Deportes.
Siempre me ha gustado pensar que aquella quinta de becarios fue de lo mejorcito que pasó por Huelva Información (disculpen la falta de modestia).
Y puedo seguir con los recuerdos… La sonrisa de Sugrañes diciéndome "Claro que sí", cuando me ofrecieron quedarme y acepté. La marcha de David Mingo (la primera de tantas que vinieron después). Y desde entonces las manazas de Paco Núñez golpeando mi teclado (y sus bromas, y sus consejos, y su amistad, y sí, también su marcha), los comentarios de Mónica, la ironía de Justo, la bondad de Zalvide, los paquetes de Doritos que me arrebataron; el café con leche con menos dos de azúcar. Los "pásalos al 210"; los desesperantes envíos de los corresponsales, siempre a las tantas; la voz de Chacho, al modo de padre de Hamlet que llega desde el fondo de la redacción; el sonido de la impresora; el armario de chuches de Deportes; los cambios y las escaleras de Sambell; los diseños de Rodolfo; las críticas de cine de Mili; los ‘Maricebolla’ de la ‘Mariajo’; los tacones por el pasillo de la redacción; los pellizcos de Carlos; la complicidad de Peinazo (mi redactor jefe ya para siempre); los café a las once; el digital de AnaRo; la melena rubia de Saray; las 40 páginas del suplemento de construcción del Quinichi y luego sus dobles de Tráfico (volumen II); la llegada de Rosa; las coca cola Light de la Gallego; la sonrisa de Ana (y sus gráficos). SantiPonce. El diario de la Gran Vía con sones de Amaral que nos brindó Serradilla. Los cascos de Princesa Leia; las visitas de Yolanda; las patadas a papeleras; los Contro+S+ Intro, el Mac de Fran Info; los ‘tengo miedo’ de Dona, el brillo en los ojos de los fotógrafos. El ‘Hasta mañana’ de Tere, siempre, aunque no trabaje al día siguiente o se vaya de vacaciones. Los goles del recre y los marrones de sucesos; las fotos de la última; la fuente de agua (al fin), los brindis con el alcalde y las visitas solidarias de Barragán; la barba de Helenio, y sus maquetas a lápiz, repletas de breves. El olor a fábrica, a salitre y los colores del atardecer junto a la Ría. El protocolo telefónico de Enrique. Las historias de Sugrañes (que me enseñaron a conocer Huelva) y cada tarde, una tras otra cada noche una tras otra, la ida y vuelta a casa en compañía de Vicente.
Podría seguir con los recuerdos, y sin embargo, es tanto lo que se pierde. Han cabido tantas cosas en tres años, tantas que algunas ya ni las recuerdo. Y lamento no ser una máquina, no tener una memoria de mil gigas para poder tener un registro pormenorizado de todos y cada uno de los segundos que he pasado en esa redacción, infierno y paraíso, puerta del bien y del mal.
Me marcho de donde ya creía que nunca me marcharía. Me voy con un nudo en la garganta, y sin la certeza, las siempre necesarias certezas. Me voy con una foto en la retina, como en La Playa (¿se acuerdan?), ese instante perfecto de carpe diem, de felicidad infinita. Me marcho y me llevo una familia en el bolso de Jordi Labanda. Me marcho y una parte de mí se queda (y no me refiero, sólo, a las toneladas de papeles que aún debo recoger). Me marcho y deseo quedarme, aunque sepa que en el fondo, hago bien en marcharme. Me marcho y automáticamente se genera una nueva sombra, un nuevo fantasma en mi negra espalda del tiempo, de la misma manera que con tan sólo un clic, surgen las páginas en la carpeta de pdf automáticos.
Me marcho y ahora que ya me he marchado, me parece mentira. Me marcho y nunca pensé que sería tan difícil marcharme.
Pero ya está, ya se hizo, al fin cumplo mi sueño y me convierto en una suerte de participante de Gran Hermano, una voz similar a la de Mercedes Milá ya ha comenzado con el ritual: "la puerta de Huelva Información se abre para que salga… Patricia".
Estos días no he parado de pensar, me esfuerzo mucho en recordar a cual de mis compis becarios vi antes o en qué consistía exactamente aquella primera broma que Vicente me hizo, cuando apenas acababa de saber su nombre [me pareció toda una osadía]. Soy incapaz. Sé que aquel primer día, de aquel verano de 2004, Raquel Rendón llevaba su falda larga azul cielo, el pelo largo y sus antiguas gafas de montura ligera. Y sé, lo recuerdo, que al verla pensé [lo juro] que me llevaría bien con ella.
También recuerdo que fue en el ordenador de Montenegro donde me senté en aquella clase de iniciación al Millenium y al Arcano (no imaginábamos entonces cuanto nos llegaría a desesperar el dichoso archivo) de un Juan Aurelio aún desconocido. Recuerdo aquella suerte de primera y única reunión de primera con el dire diciéndonos que todo sería maravilloso. Recuerdo a los jefes mirándonos con media sonrisa y recuerdo lo deprisa que Ana del Rocío contestó cuando preguntaron quién quería irse a Deportes.
Siempre me ha gustado pensar que aquella quinta de becarios fue de lo mejorcito que pasó por Huelva Información (disculpen la falta de modestia).
Y puedo seguir con los recuerdos… La sonrisa de Sugrañes diciéndome "Claro que sí", cuando me ofrecieron quedarme y acepté. La marcha de David Mingo (la primera de tantas que vinieron después). Y desde entonces las manazas de Paco Núñez golpeando mi teclado (y sus bromas, y sus consejos, y su amistad, y sí, también su marcha), los comentarios de Mónica, la ironía de Justo, la bondad de Zalvide, los paquetes de Doritos que me arrebataron; el café con leche con menos dos de azúcar. Los "pásalos al 210"; los desesperantes envíos de los corresponsales, siempre a las tantas; la voz de Chacho, al modo de padre de Hamlet que llega desde el fondo de la redacción; el sonido de la impresora; el armario de chuches de Deportes; los cambios y las escaleras de Sambell; los diseños de Rodolfo; las críticas de cine de Mili; los ‘Maricebolla’ de la ‘Mariajo’; los tacones por el pasillo de la redacción; los pellizcos de Carlos; la complicidad de Peinazo (mi redactor jefe ya para siempre); los café a las once; el digital de AnaRo; la melena rubia de Saray; las 40 páginas del suplemento de construcción del Quinichi y luego sus dobles de Tráfico (volumen II); la llegada de Rosa; las coca cola Light de la Gallego; la sonrisa de Ana (y sus gráficos). SantiPonce. El diario de la Gran Vía con sones de Amaral que nos brindó Serradilla. Los cascos de Princesa Leia; las visitas de Yolanda; las patadas a papeleras; los Contro+S+ Intro, el Mac de Fran Info; los ‘tengo miedo’ de Dona, el brillo en los ojos de los fotógrafos. El ‘Hasta mañana’ de Tere, siempre, aunque no trabaje al día siguiente o se vaya de vacaciones. Los goles del recre y los marrones de sucesos; las fotos de la última; la fuente de agua (al fin), los brindis con el alcalde y las visitas solidarias de Barragán; la barba de Helenio, y sus maquetas a lápiz, repletas de breves. El olor a fábrica, a salitre y los colores del atardecer junto a la Ría. El protocolo telefónico de Enrique. Las historias de Sugrañes (que me enseñaron a conocer Huelva) y cada tarde, una tras otra cada noche una tras otra, la ida y vuelta a casa en compañía de Vicente.
Podría seguir con los recuerdos, y sin embargo, es tanto lo que se pierde. Han cabido tantas cosas en tres años, tantas que algunas ya ni las recuerdo. Y lamento no ser una máquina, no tener una memoria de mil gigas para poder tener un registro pormenorizado de todos y cada uno de los segundos que he pasado en esa redacción, infierno y paraíso, puerta del bien y del mal.
Me marcho de donde ya creía que nunca me marcharía. Me voy con un nudo en la garganta, y sin la certeza, las siempre necesarias certezas. Me voy con una foto en la retina, como en La Playa (¿se acuerdan?), ese instante perfecto de carpe diem, de felicidad infinita. Me marcho y me llevo una familia en el bolso de Jordi Labanda. Me marcho y una parte de mí se queda (y no me refiero, sólo, a las toneladas de papeles que aún debo recoger). Me marcho y deseo quedarme, aunque sepa que en el fondo, hago bien en marcharme. Me marcho y automáticamente se genera una nueva sombra, un nuevo fantasma en mi negra espalda del tiempo, de la misma manera que con tan sólo un clic, surgen las páginas en la carpeta de pdf automáticos.
Me marcho y ahora que ya me he marchado, me parece mentira. Me marcho y nunca pensé que sería tan difícil marcharme.
Pero ya está, ya se hizo, al fin cumplo mi sueño y me convierto en una suerte de participante de Gran Hermano, una voz similar a la de Mercedes Milá ya ha comenzado con el ritual: "la puerta de Huelva Información se abre para que salga… Patricia".
Que verdad tan verdadera aquella de que las cosas nunca son como las hubiéramos imaginado. Por más versiones que de ellas tengamos en la cabeza, por más variantes, al final, la realidad siempre nos sorprende. Este post no es como el que soñé.
viernes, octubre 05, 2007
Palabras prestadas
Repetir cada acto querido nos acerca algo más a su término, y lo malo es que también nos acerca no repetirlos, todo viaja lentamente hacia su difuminación en medio de nuestras aceleraciones inútiles y nuestros retrasos ficticios, y sólo la última vez es la última. [Javier Marías]
Hoy es mi último día de trabajo en Huelva Información. Y mis palabras no encuentran voz.
Hoy es mi último día de trabajo en Huelva Información. Y mis palabras no encuentran voz.
jueves, octubre 04, 2007
Igual que los dinosaurios
Qué puedo decir, excepto que la poderosa tormenta de anoche me despertó en medio de la madrugada. La lluvia caía con tanta fuerza y en tanta cantidad (imaginaba yo en medio de la oscuridad, poco era lo que veía a través de la ventana) que no tuve más remedio que salir de la cama (mi grandiosa cama de 150 como la de papá y mamá) y comprobar que el balcón estaba bien cerrado. Las tuberías rechinaban detrás de los azulejos de mi cuarto de baño y los truenos parecían misiles abujereando el cielo de Huelva. En tales circunstancias no pude evitar pensar en los vecinos de Alcalá de Guadaira, preguntándome si nosotros terminaríamos siendo también zona catastrófica, pensé en mi familia y pensé en el corresponsal de Riotinto que al día siguiente (por hoy) debía ir a Berrocal hacer fotos de un colegio a petición mía. Lo imaginé en su coche con su cámara de fotos digital doméstica en el asiento del copiloto arriesgando su vida mientras se abría paso entre la lluvia. Y por supuesto (mi vena periodística despiadada, siempre alerta) pensé en la carga de trabajo que nos supondría tener un día como estaba resultando la madrugada. Sin olvidar que los bajos de mis pantalones morirían nada más oler la calle.
Sé que en cuestiones del tiempo (con minúsculas) se tiende a olvidar el pasado. Y cada año decimos este es el verano más caluroso, el invierno más frío, la tormenta más grande que he visto jamás... hasta que el experto sonríe desde su guarida de medir tiempo (con minúsculas otras vez) y nos pone los datos por delante para demostrar que ya antes algunos otros pasaron más calor que el que estamos pasando nosotros, o más frío o vieron caer más lluvia que la que nosotros vemos caer ahora a través de la ventana, o más bien intuimos en la madrugada. Y sin embargo, anoche, sentada en mi cama oyendo tronar fuera no pude evitar pensar en ese concepto ya mediático (todo lo absorbe el monstruo) de cambio climático. De cielos cayendo sobre la tierra, de una naturaleza en la que nunca estaremos a salvo.
E imagino otra madrugada que vendrá, con más tormentas con más truenos y relámpagos, con más agua cayendo (y así lo demostrarán, esta vez, también los datos) mientras una voz divina, a penas imperceptible, nos grita: igual que los dinosaurios...
miércoles, septiembre 19, 2007
Desnortada
Acurrucada sobre mí misma, como si estuviera adormilada en un cascarón de nuez, hoy me siento como una princesa TACATÁ. Pequeña, vulnerable al máximo. Sensible ante el mundo hostil que no me comprende. Con ganas de plegarme y esconderme, con ganas de que el mundo desapareciera, con el deseo de transformar mis merceditas deportivas rojas en unos verdaderos tacones rojos de rubí dispuestos a realizar el viaje inverso, de entrada, es vez de salida, al maravilloso mundo de OZ.
Esta noche velarán por mí los terribles y malvados interrogantes. Otra vez ellos. Sin una respuesta fácil. La pérdida está garantizada.
lunes, septiembre 03, 2007
Pensando en el terremoto
viernes, agosto 31, 2007
Mi Música [y la de otros] (I)
Para regresar con fuerza después de tanta ausencia, quería, ya que es una práctica habitual entre los blogs que visito y leo y venero, dejaros una canción por aquí, tipo (comme no) enlace al you tube... he pensado y pensado, tengo el noúmeno reventaito de tanto darle vueltas al asunto y finalmente no he podido elegir una canción. Lo siento, pero no he tenido más remedio que decidirme por dos, aunque prometo volver con nuevos títulos... La primera es la banda sonora de una de las últimas mejores noches que he pasado. Con la Fe Descubridora de testigo, con la cantarina Ría de Huelva, la compañía de "excelencia" y la arena fría colándose entre los dedos de los pies... La calidad del vídeo no es demasiado buena, lo siento, no he encontrado otra cosa... además, tengo que advertirles que por la capital onubense rula otra versión mucho más hermosa, más trabajada, que espero alguna vez tengan la oportunidad de escuchar porque no la olvidarán ya nunca. La otra, lo siento, chicos, pero no he podido resistirme a ponerla porque fue parte de la banda sonora de un verano, que recuerdo como de los mejores y porque esta versión es de las que aportan, de las que dan, de las que contribuyen al pellizco en el estómago y al nudo en la garganta. Espero que las disfruten. |
jueves, agosto 30, 2007
Deletrea de Eritrea
"En cuanto se termina una comida o se acaba un baile, la princesa Deletrea de Eritrea se larga la primera y sube la escalera de los mil escalones que lleva a los salones de la gran biblioteca."
Ser una princesa, de las de verdad, de las de cuento de hadas y finales felices, debe ser de lo más reconfortante. Lo bueno de las historias es que en ellas todo es posible, incluso que una plebeya como yo [a pesar de mi noble nombre] reaparezca convertida en uno de esos delicados seres capaces de notar el bulto de un guisante sobre cien colchones de plumas. Bueno, no quiero que piensen que me he vuelto tan despreciablemente caprichosa (cualidad más odiada de las princesas) sólo quería informarles de dos cosas. Una relacionada con la otra. Quizá deba empezar confirmando lo que ya, de alguna forma, ha sido revelado, y es que ya tengo en mi biblioteca un magnífico ejemplar de Princesas olvidadas, ese libro por el que tanto he suspirado y del que estaba terriblemente encaprichada, cual princesa, y del que he tomado el comienzo de este post.
La otra noticia es que el pasado 26 de agosto se cumplió un año, cuatro días y diez horas desde que mi príncipe de largas pestañas, pómulos perfectos y perfiladas cejas reapareciera en mi horizonte, cabalgando sobre su caballo blanco y sonriéndome y mirándome como nunca nadie antes lo había hecho. Ni siquiera él.
Él, que si es príncipe de los verdaderos, de los que te besan en el último párrafo para despertarte de un largo sueño de cien años, fue quien me convirtió a mí, simple plebeya, en una tonta y cursi princesa de suspiros de fresa [hay que serlo para escribir algo así y dejar que los demás lo lean], contenta de ser feliz.
miércoles, agosto 29, 2007
Quis necavit equitem
Dios mueve al jugador, y éste a la pieza.
| ¿Qué Dios detrás Dios la trama empieza? J.L.Borges. La nostalgía [poniendo el acento en la última sílaba como graciosamente un francés decía] invade mi reino. Este estado de ánimo es pasaporte ideal para la negra espalda del tiempo, así que aprovecho el arrebato y me conecto antes de que los dioses me dejen, una vez más de tantas otras, con un post a medio escribir que nunca verá la luz (ummm... esto me hace pensar en algo... quizá escriba algo al respecto). Anoche, en uno de los habituales y desesperantes zapeos de mi progenitor, dimos con una de las películas más horribles y peor hechas de la historia de Hill Valley: 'La tabla de Flandes', basada, efectivamente, en la novela de Pérez Reverte, el escritor con el que me inicié en el arte de las lecturas para adultos. Y ya digo, de una trama tan cinematográfica como la que nos brindó el viejo corsario surgió, sin embargo, una estúpida película... llena de personajes que nada tienen que ver con los de la novela, excepto los nombres [sobre todo mi Muñoz, convertido por las malas artes de no sé qué director, en un saltimbanqui catalán, despojado de aquella enigmática gabardina de cuellos siempre alzados tras la que se escondía su lógica ajedrecista]. En fin, La tabla de Flandes es una novela a la que me siento atada, a la que pertenezco y me pertenece por muchos motivos y hoy de nuevo he vuelto a ella. Ver la película, por pésima que fuera, volvió a inquietarme, volví a sentir esa emoción de ir desenredando la trama Revertiana con la que tanto disfruté en su momento. Renegué de Pérez Reverte después de haberme bebido sus libros, como se suele hacer de todo aquello que alguna vez nos marcó y nos influyó hasta el infinito. Y después de reconciliarme con él, leí por segunda vez (y por primera vez en mi vida) su novela de pe a pa. Sin saltarme ni una sola de sus parrafadas, tirando otra vez del hilo, cayendo de nuevo en los misterios que rodeaban aquel magnífico cuadro flamenco. ¿Quién mató al caballero? Todavía la pregunta me produce algún que otro escalofrío. A las novelas de Pérez Reverte siempre le faltó algo de fondo, algo del existencialismo que, sin embargo, abunda en mi Marías... y después de leer su Pintor de Batallas o después de seguir las aventuras de su Alatriste, me doy cuenta de que no es porque no sea capaz, sino porque no le interesa... él es, por encima de todo lector [aunque ya lo ha olvidado un poco, también él reniega en cierto modo de lo que fue y le marcó] y supongo que escribe aquello que le hubiera gustado leer. Tal vez sea esa la clave de su éxito. Con aquella cita de Borges con la que arranca el primer capítulo, me entrego de nuevo a él, como si tuviera trece años...es que, y tal vez algún día tenga que escribir sobre ello, no hay viaje en el tiempo más efectivo que el de regresar a Aznalcóllar. Hasta el próximo terremoto. |
domingo, julio 29, 2007
El regreso posible
Pensaba que el título de mi anterior y antiquísimo post se había convertido en un mal augurio... Dios! Cuánto tiempo sin escribir por estos lares, tanto que he perdido la práctica, que ya no estoy segura de qué quiero contarles, ni siquiera de si quiero contarles algo...
Hace unos meses esbocé en uno de mis cuadernitos de Jordi Labanda (cuanto bien hizo Bonanza poniendo a mitad de precio este producto de primera necesidad [para mí]) la que había sido una extraña revelación de las noches preveraniegas: mi Blog tendría un fin. En efecto, un día cualquiera, de los de preparar alguna verduracha (que diría mi amor) en mi antigua y gigantesca cocina, supe que en algún momento de mi existencia tendría que dejar de escribir sobre la negra espalda del tiempo. No es que antes me viera inmortal, eternamente narrando mis idas y venidas a un grupo indeterminado de lectores en la sombra o iluminados, pero al menos no había pensado en su final absoluto, sin embargo, en aquel momento sí lo hice, y durante todo este tiempo que llevo sin escribir [sí, arrastrada por las circunstancias, pero quién me dice que no sea una señal]no he podido evitar pensar si de repente, sin que pudiera darme cuenta ya hubiera llegado ese instante, ese temido e inevitable acabamiento.
Y sin embargo (en todas las grandes historias hay uno de éstos), al disponer (también de repente y momentáneamente) de Internet, mi primer impulso ha sido el de volver a pasear por este oscuro territorio, repleto de desiertos todavía por descubrir... y al hacerlo he recordado lo que su padre le decía a Escalarta O'Hara: "la tierra es lo único que permanece". Supongo, que dados los nuevos tiempos, esta frase se hace extensible a las pequeñas patrias virtuales que cada uno a su forma, a su gusto (o eso creemos, es mayor de lo que pensamos el influjo de las estrellas en nuestras acciones) ha decidido (?) crear. Sé que también es norma que en estos nuevos tiempos poco sea lo que perdure, pero las paradojas también abundan: lejos es aquí mismo, etc. Así que, hermanos, vuelvo hoy sin saber cuándo volveré, pero lo hago con la certeza y la tranquilidad, de que el punto y final de esta noche no será definitivo.
Hay regresos que sí son posibles.
Hasta el próximo terremoto.
domingo, julio 08, 2007
Le retour n'est pas possible
Eso dicen en El Señor de los Anillos, que no hay regreso posible. Casi hace un mes que no escribo nada en este blog y por una vez me saltaré esta máxima del dios Tiempo para regresar, para deambular otra vez por mi negra espalda del tiempo. En realidad, los motivos de mi ausencia son mucho menos trascendentales de lo que pudiera parecer: he perdido el wifi, eso es todo. No es que sufra una crisis de folio en blanco, simplemente que no tengo internet. Después de haber disfrutado de la red de redes en casa, ahora me resulta extraño no disponer de ella, y para esto del blog es un verdadero rollo. Porque ni puedo mantener vivo el mío con un mínimo de decencia, ni tampoco puedo visitar los de los demás. Así que si alguien queda por aquí de todos aquellos que andáis por ahí: lo siento. Siento no estar durante tanto tiempo. Ya veré si dentro de unos meses puedo permitirme el lujo (nunca mejor dicho) de ser una chica enchufada! Juro que buscaré la forma legal o ilegal de mantenerme atada, aunque sea por un hilo, a nuestra familia bloguera.
En este cuasi-mes han sucedido muchas cosas... llegó el final de junio y un terrible fin de semana de mudanza que me dejó heridas de guerra por todo el cuerpo. Cómo una persona puede llegar a acumular tanto? y luego esa sensación de ver el piso vacío, de saber (aunque cueste a hacerse a la idea) que no volverás a pasar una noche allí. Coger el último paquete y dejar el juego de llaves sobre la mesa con todo cerrado (de nuevo Friends). Y al mismo tiempo, diez minutos a pie de ese lugar, una nueva puerta que se abre. Una semana entera de vacaciones (la primera del verano) para hacerme al nuevo hogar (una delicia con tan buena compañía como tuve). Ya soy pues oficialmente, una chica de barrio, pero no crean, la Plaza Niña sigue siendo mi Plaza Niña... y de nuevo digo... hay lugares de los que no se regresa nunca.
Quería aprovechar este nuevo post, tipo crisis (léase cambio) para colgar una foto y hacer un anuncio.
La foto es esta:
En este cuasi-mes han sucedido muchas cosas... llegó el final de junio y un terrible fin de semana de mudanza que me dejó heridas de guerra por todo el cuerpo. Cómo una persona puede llegar a acumular tanto? y luego esa sensación de ver el piso vacío, de saber (aunque cueste a hacerse a la idea) que no volverás a pasar una noche allí. Coger el último paquete y dejar el juego de llaves sobre la mesa con todo cerrado (de nuevo Friends). Y al mismo tiempo, diez minutos a pie de ese lugar, una nueva puerta que se abre. Una semana entera de vacaciones (la primera del verano) para hacerme al nuevo hogar (una delicia con tan buena compañía como tuve). Ya soy pues oficialmente, una chica de barrio, pero no crean, la Plaza Niña sigue siendo mi Plaza Niña... y de nuevo digo... hay lugares de los que no se regresa nunca.
Quería aprovechar este nuevo post, tipo crisis (léase cambio) para colgar una foto y hacer un anuncio.
La foto es esta:
Y el anuncio es este:
desde mi nuevo balcón puedo ver la ciudad encantada del Polo Químico.
Hasta el próximo terremoto.
viernes, junio 22, 2007
Dudas
Cuando veo Los hombres de Paco, no piensen que me limito sólo a contemplar la potente belleza de mi Lucas. No sólo. A veces, consigo sacar de la serie alguna bonita reflexión. Qué difícil es comprender a los demás, verdad? Porque claro, nosotros tenemos nuestros propios principios, nuestros propios criterios y mandamientos, lo que está bien para algunos está muy mal para otros, lo que es importante para alguien, no lo es en absoluto para otro... cómo podemos comprender entonces al prójimo si nos hace algo que para él es absolutamente normal y que a nosotros nos parece un ataque directo a nuestras acciones, a nuestra entrega... Dónde está el límite de la tolerancia? Debemos decir, bueno es que es así, y conformarnos. Acaso tenemos derecho a reproche alguno? Pero es justo esa resignación hacia lo que hace el otro y que nosotros consideramos, al menos, algo doloroso e injusto. Sé que dramatizo. Estoy pensando que quizá debía hacerme actriz en vez de periodista. Pero no puedo evitarlo. Surgen las dudas, hermanos. Y no hay nada más desesperante que las pesadas, maliciosas y horripilantes dudas.
sábado, junio 16, 2007
Princesas olvidadas
Creo que desde hace ya demasiado tiempo, este blog ha devenido en exceso en un diario privado, más propio de quinceañeras que de alguien que, como la Pantoja, no habla de su vida. No, es que para variar hoy no me apetece hablar de mí, aunque en el momento en que escribo ya lo estoy haciendo, no? Todo esto, pequeños míos, para hacer referencia un libro mágico que todavía no he podido adquirir, pero que sin duda, alguna vez, formará parte de mi biblioteca. A Dios pongo por testigo que así será.
Es un libro delicioso, que se vende como rosquillas entre las pequeñas españolas, pero del que yo reivindico desde aquí, mi derecho a comprarlo, a pesar de los 25 ladrillos que llevo sobre mis hombros. Oh, Marías, como pesa el paso del Tiempo. Tanto desvarío, como digo, para hablaros de Princesas Olvidadas.
Son como pequeños perfiles de algunas princesas desconocidas. Sus nombres, su origen, sus gustos, su ocupación (si es que una princesa puede tener de esto)... detalles exquisitos, muy a lo Principito, que quizá alguno pueda considerar algo tontos o absurdos (Marías, perdónalos porque no saben lo que hacen). Y lo mejor unas hermosísimas ilustraciones, de las que, perdonadme, sólo encontré la de arriba. Es un libro grande, de los de sentarse en la cama y colocarlo sobre el regazo y pasar las páginas lentamente y disfrutar de lo que uno contempla.
Y que conste que si os hablo de ello, no es para que compréis el libro... me niego a que alguno de los de mi entorno lo tenga antes que yo. Así que, hasta nuevo aviso, sólo os permito disfrutar de algún ejemplar en las librerías.
Hasta el próximo terremoto.
miércoles, junio 13, 2007
El Universo conspira o el final es un beso escondido detrás de un sombrero
Estamos a final de curso... (es curioso como los que hemos sido estudiantes, conservamos esta particular forma de medir los años, de septiembre a junio. Marcados para siempre por el curso académico.) A penas quedan unas semanas para que comience el periodo oficial de vacaciones, y el día de hoy está resultando de lo más extraño. Oficialmente, ya puedo decirlo, tengo nuevo piso. Un apartamento en Matadero, el barrio periodístico (como dijo la Raquelilla), super mono, con una sola habitación, enterito para mí. Sí, hermanos, dejo de compartir piso, y de repente me siento más adulta, aunque no sé si eso es bueno. Después de tres años, compartiendo piso con Ana y Manoli, nos separamos, y tampoco es que esté demasiado preparada para ello. A veces, aunque sepamos que es imposible, tendemos a creer que nuestra vida no cambiará mucho. Y no podemos evitar, al menos yo, sorprendernos a medida que los acontecimientos se suceden, aunque en nuestro interior llevaramos ya algún tiempo esperándolos. Para colmo, sin saber por qué, hoy me he bajado del emule 'American Pie,' la canción de Bob Dylan, que me recuerda al instituto (¿recuerdas, Valle?) y por tanto, trae más nostalgia a mi vida.
El remate ideal para este cuadro, lo imaginan? Sí, pequeños, Cuatro ha vuelto a deleitarnos con el último capítulo de Friends que ya saben lo que para mí supone (remito al post La insoportable levedad del ser).
Así que, aquí estoy, en mi miércoles de descanso, pensando que desde mi nuevo dormitorio no podré ver las luces del Polo Químico, que tanto me inspiran sin que sepa el por qué. Pienso en cómo pagaré el alquiler, mucho más alto, y en cómo podré afrontar el primer pago de la VPO (ya empiezan a pedir dinero...). Pienso en que dejo algo atrás, aunque tampoco consigo ver qué es. Ni si lo echaré en falta. Pienso en que quizás tenga un sentido demasiado dramático de la vida. Y pienso en que, tal vez, me crea demasiado a menudo el centro de un Universo en expansión que prontó llegará a su Big Crash (todo cerdo tiene su San Martín)...
Menos mal que esta noche ponen Los hombres de Paco.
martes, junio 05, 2007
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