jueves, marzo 15, 2007

99

Desde que cambié, si lo sé, timidamente, pero cambié al fin y al cabo, el aspecto de este mi humilde blog, el nuevo árbol de archivos (una de las novedades de las que más orgullosa me siento) me permite saber cuántos post escribo cada mes, y cada año...
"Es curioso (dijo mi lector en la sombra no hace mucho) que en 2006 escribieras justo 99".
La verdad es que hasta ese momento no me había detenido en tan matemático detalle. Pero desde entonces no paro de darle vueltas al dichoso numerito. 99.
Lo primero que hice fue pensar en mi número de carné de la Biblioteca Municipal de mi añorado pueblo: el 599.
Luego pensé en que fue en 1999 cuando dejé el insti, o sea, y comencé mi andadura universitaria.
El 29 es, por otra parte, el día oficial de mi nacimiento (esta es una historia larga, quien la quiera escuchar que me mande un mail, aunque pensándolo, puede que me de para algún post, quién sabe...).
Y el 9, fue el número de la casa en la que viví hasta que se puso en marcha la maquinaria del destino y mi vida cambió, como cambió mi barrio.
Sin embargo, viéndolo en esa extraña estructura de títulos, de post, de historias de un 2006 que tiene un antes y un después, no puedo pensar en el 99, como en algo incompleto, inacabado. Será, naturalmente, porque falta sólo uno para el cien, que es más redondo, y no sólo por sus dos ceros... Será. Pero no me conformo con ello, y me pregunto qué post dejé sin escribir, qué historia se me quedó atrapada en un año que ya no existe (gran tragedia la del Tiempo, que es irrecuperable, aunque la tragedia es más bien del hombre que no lo puede recuperar). A qué título shakespeariano renuncié, olvidado en un cajón, garabateado en alguna hoja en algún cuaderno perdido...
Me acuerdo también de un chiste. El que protagonizan dos gordos que para adelgazar deciden dar cien vueltas corriendo a una pista deportiva. Y tras varios intentos frustrados de abandono, siempre propuestos por uno de ellos (lo dejamos ya? No, sigamos), el otro decide finalmente, en la vuelta 99, abandonar el ejercicio para continuar al día siguiente.
Me pregunto ahora cuántas veces no habremos hecho eso puesto que no siempre es fácil reconocer que ya estamos en la 99 y que sólo queda una vuelta más...
Si bien, he tomado una decisión para no correr el riesgo de poner otra sombra en mi mirada: esta será la última vez que piense en ello. Renuncio a esa historia, a ese post a ese título que dejé olvidado en alguna parte. Cualesquiera que pudiera haber sido su principio, su espera y su silencio final.

Un post en blanco

Cansancio. Este iba a ser el título de un nuevo post, pero estoy tan agotada, que no he encontrado fuerzas para escribirlo. Disculpen las molestias.

lunes, marzo 05, 2007

Imposibles posibles

Se me resiste este post, como lo hizo Lisboa. Y todo son señales… cada espera es un paso adelante hacia nuestros destinos, y nunca estamos parados, nunca quietos, aunque así nos lo parezca. No callamos nunca por más que nos esforcemos en permanecer callados. Y si se resiste este post por algo debe ser. Aunque no es menos cierto que hay tareas de las que no podemos escapar, hay post a los que debemos su existencia o ellos nos la debe a nosotros.
No renunciaré, pues, a dejar aquí constancia de la visión de una Lisboa, recién nacida, recién aparecida en el hueco de siete colinas, recibiéndonos. A mí y a aquel que me acompaña (y utilizo a sabiendas el presente pues no sólo me acompañaba en aquel entonces, lo hace ahora, lo hace (desde y por) siempre).
Eso fue lo que pensé cuando pude abarcar toda la ciudad, con sus magníficas luces encendidas, que bien parecían velas sostenidas por las ánimas invisibles de un lugar, que ya digo, tuve la sensación de que era nuevo, de que era una ciudad aún sin fundar, que esperaba, que daba la bienvenida a sus fundadores elegidos. No sé, puede que fuera precisamente por estar amaneciendo que tuve esa sensación de comienzo. De un camino nuevo (de baldosas amarillas, cómo no) que se abría ante mí. Y debo añadir, que manque me pese, agradecí no calzar los tacones rojos de rubí durante estos días, pues Lisboa es para pasear, para aprehender las maravillosas panorámicas que su milagrosa morfología de altibajos hace posible.
Lisboa nos atravesó y fue como un sueño cumplido. Sus edificios encantados por el Tiempo, la mesita, al fin, compartida con Pessoa, la sensación de extender mi patria y fundirla con la de mi Saramago, como él hiciera también a penas unos días después, la impresionante desembocadura del Tajo… mar océano… y, permítanme, cada beso, cada abrazo, cada sonrisa de Buenos Días, hasta alcanzar, finalmente, un adiós, que es más una promesa de regreso, que una despedida, aunque suene a tópico, pero es que empiezo a creer que como París (y que los dioses me perdonen), Lisboa no se acaba nunca.




domingo, febrero 18, 2007

Rinconcillos de mi Huelva ( y II)

Ya es por todos conocido (sí, yo me he encargado de ello) la debilidad que siento por el paisaje que veo desde mi ventana. Recuerdo la primera noche que pasé en mi actual piso (mi coqueto entreaires de la Plaza Niña), después de una mudanza a mano de bloque a bloque que fue un infierno y que se saldó con un bote de coliflor en remojo esparcido por toda la plazoleta, sí fue muy desagradable... A lo que iba... La primera noche que pasé en mi nidito (de amor, de penas y alegrías, de llantos y Legendario) estuve contemplando las luces del Polo Químicao de Huelva durante prácticamente toda la madrugada. No podía apartar la vista. Es un paisaje que me cautivó desde el primer segundo, aunque a veces cueste entender por qué. Contemplarlo me relaja, aunque lo propio sería que me alarmara, soy consciente de ello.


"Es como una ciudad dentro de una ciudad", diría meses después de aquella primera noche una voz, una mirada, desde la misma ventana.


Hace unas semanas, amanecí temprano y no me resistí a sacar algunas fotos de ese paisaje, que despertó envuelto en niebla...



...para mi deleite personal y para el de aquellos fieles lectores que se asomen a esta otra ventana bloguera.
Hasta el próximo terremoto.

Lisboa, al fin

jueves, febrero 15, 2007

El castillo de irás y no volverás

Quiero que cierren los ojos e imaginen la situación.

Estoy en la biblioteca de la Facultad de Comunicación, en el corazón de la Cartuja, mundialmente conocida por aquella entrañable Expo'92 de Sevilla. Estoy sentada en una mesa sola por lo que dispongo de unos dos metros por cinco para mis papeles, que son numerosos y que se han expandido por toda la madera. Justo enfrente me he colocado el portátil, y más chula que un ocho, gracias a la maravillosa red wifi por cortesía de la US puedo escribir, y colgar este post en tiempo real (que no es exactamente así, pero gueno, queda muy bien).

El trabajo del investigador es apasionante. Tengo una lista enorme de bibliografía, pero la mayoría de los libros no están aquí. Sin embargo, como una buena mujer llamada Montse un día decidió hacernos la vida más fácil a todos (no como los políticos, que sólo se dedican a hacersela más fácil a ellos mismos y a su camarilla, ups, perdonen este asalto preelectoral), pues eso, como esta buena mujer decidió un día crear una página web maravillosa dedicada en cuerpo y alma, en archivos y enlaces, a MI Javier Marías, puedo conseguir un montón de información, sin tener que levantarme al estante. Y sin embargo, por esto de quedar un poco mejor ante la profe, he pillado un libro (en papel) por puro instinto periodístico (que vale para todos los ámbitos de la vida, menos para la profesión) y casualmente en él dedican una página y media a Javier Marías. Ha sido tal mi satisfacción que de repente me he sentido feliz de tener que hacer un trabajo de investigación (y ahora quiero que me imaginen haciendo la señal de las comillas con mi sonrisa, mi colmillo asomando y mi cara de pícara) aunque sea en el tiempo récord de un fin de semana (es lo que tiene estudiar y trabajar).

De cualquier forma, lo que quería compartir con ustedes tiene que ver con el título del post (hermosísimo, por cierto) y que a su vez es el título de un cuento que la madre de MI Javier Marías, le contaba a MI Javier Marías, antes de morir (la madre, no hacía falta aclaración, lo sé). En fin, dice que no se acuerda del final, que ha sido incapaz de encontrarlo (a pesar de su conocido arte para la búsqueda en librerías de viejo, y su suerte para dar con rarezas ya perdidas, ya olvidadas), y que echa de menos la narración de ese cuento. La voz de su madre, el poder conocer toda la historia... Y de repente, no paro de hacer enlaces mentales. Por una parte, me acuerdo con este título de una frase de Pessoa (que tenía pensada para otro post, también ya perdido, ya olvidado) y que Arturo Pérez Reverte recupera en su Pintor de Batallas: Hay lugares de los que uno no regresa jamás (plus or moins). ¿Hermoso verdad? Y por otro lado, me acuerdo de algo que escribió el propio Javier Marías (MÍO) sobre los muertos y cito literalmente (o plagio) que para eso tengo aquí el libro: " (...) desde el punto de vista moderno se es más complaciente, se muere joven a los sesenta y cinco, y se dice: 'Cuánto le quedaba por hacer todavía', como si el hacer fuera lo que justifica las existencias o lo que se echa en falta del muerto y no su presencia, y sus gestos y su relato desinteresado o aún más su escucha y atención a los nuestros"

Cuando perdemos a alguien nuestros recuerdos con esa persona se llenan de repente de momentos, de lugares de esos de los que no regresamos y de los que no regresaremos jamás. A veces, con un poco de suerte, y a fuerza de tiempo, somos conscientes antes de que la muerte nos toque de cerca de que tal instante o tal otro nos marcará para siempre, o nos acompañará siempre. Y hay otras veces, en las que la fuerza de ese momento o de ese lugar es tal, ya incluso en nuestro tiempo presente, que uno sabe sin necesidad de tiempo o de muerte, que ya hay una parte de sí mismo que se ha quedado ahí, sin salida, sin retorno (como seguir cuando en tu corazón empiezas a comprender que no hay regreso posible, ay, todo es todo). Que algo de lo que somos, aunque sea una pizca, ya se ha separado de nosotros y se ha quedado estancado en ese lugar; pero, incluso en la distancia, seguiremos sintiéndolo como duelen todavía los miembros amputados de un cuerpo.

martes, febrero 13, 2007

Renovarse o morir

Algunos han optado por abrir nuevos blogs, nuevas ventanas al mundo. A mí, como me resultaría imposible deshacerme de esta oscura criatura mía, pero siendo consciente de lo importante que es la renovación en estos tiempos de difíciles y rápidos cambios, me he limitado a hacerle algunos cambios en la medida en que Blogger me permite... bueno, no sé si el resultado es mejor. Espero sus comentarios. Creo que siempre me queda la opción de volver...

Lisboa, faca no coraçao


Outra vez te revejo - Lisboa e Tejo e tudo -
Transeunte inútil de ti e de mim,
Estrangeiro aqui como em toda a parte
Casual na vida como na alma,
Fantasma a errar em salas de recordações
Ao ruído dos ratos e das tábuas que rangem
No castelo maldito de ter que viver...


Fernando Pessoa






Crucen los dedos lectores... y ayúndenme a hacer un sueño realidad.

Despedidas

Buenas noches, buenas noches, buenas noches... la despedida es un placer tan amargo que estaría diciendo buenas noches hasta el amanecer.
Romeo+Julieta, W. Shakespeare

No hay llegada sin partida. Hace ya varios meses que tengo muchas ganas de escribir sobre despedidas. Y en un intento por recuperar a los cuatro lectores que tuve y perdí (la felicidad cuánto daño hace a la vida literaria) recupero hoy ese tópico y comparto que efectivamente las despedidas son una dulce condena a la que uno no termina nunca de acostumbrarse. Qué hermoso dolor dejar a la otra persona clavada en el andén, con media sonrisa, con la esperanza del reencuentro dando ya brincos en el estómago, con mil te quieros silenciosos que se leen en los labios. No hay llegada sin partida, como no existen héroes sin villanos. Dice Javier Marías: "el rival más acérrimo es tan necesario como el aire, en el juego como en la vida, para temerlo, envidiarlo, odiarlo, admirarlo y derrotarlo". Recordaré mis despedidas tanto como los reencuentros... el abrazo bajo una ligeran nieve; el andar familiar reconocido de repente entre un río de gentes en el tunel de desembarco.
No hay llegada sin partida. Y después de mi último adiós, un volverte a ver da saltos en mi corazón, me arranca sonrisas, me da la fuerza para poner un pie delante del otro y seguir caminando. Enciende mis ojos, como dos asteriscos.

lunes, febrero 12, 2007

Temblores

La actualidad es lo que tiene. Guardo, pues, un post en la cartera, e improviso una pequeña reflexión sobre temblores. En fin, para los que no estuvieran lo suficientemente cerca del epicentro del terremoto como para sentirlo o saber de qué va la cosa, diré que a eso de las 11.35 todo mi espacio vital comenzó a tambalearse, y no es una metáfora. Fue el coletazo de un sismo de 6,3 grados en la escala Richter registrado en medio del Atlántico, a 250 kilómetros de la costa onubense, que aunque a la Península llegó un poco más mermado, pudo sentirse incluso en el País Vasco. Durante el temblor (que por cierto se me hizo interminable, aunque por lo visto no llegó al minuto de duración) ventanas, suelo, lámparas, paredes… todo se retorció, incluido mi cerebro, para mi atontamiento inicial, y mi asombro posterior. En fin, debo reconocer que era novata en estos menesteres y que además la cosa me cogió totalmente de improviso (en medio de una rueda de prensa), así que durante el fenómeno de la naturaleza me limité a aceptar que temblaba (aunque no sabía bien por qué) y sólo fue después de que todo pasara que empecé a repetirme para mis adentros, “esto ha sido un terremoto”. Y no debí decirlo muy para adentro cuando mi fotógrafo se acercó y dijo con la cara desencajada, “sí, ha sido un terremoto, ha sido un terremoto”. Y entonces todos los allí presentes nos mirábamos con las caras algo pálidas repitiendo, qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte.

Yo que antes no había vivido nada semejante, sé, sin embargo, de buena tinta (por las películas y por los documentales de La 2 o del canal que sea) lo que hay que hacer en estos casos. Así que discretamente, disimulando, me acerqué al marco de la puerta y me quedé por allí rondando a un tío (bueno) que andaba por allí también, y creo que también disimulando. Parecíamos dos adolescentes buscando la excusa del múerdago para besarnos, solo que lo que pretendíamos era salvar el pellejo. Yo el mío y él el suyo. Pasados cinco minutos como veía que mi espacio vital no volvió a sufrir ninguna sacudida más, me fui de aquel lugar (ya para siempre presente en mi memoria) y me planté en la redacción del periódico, donde la agitación por el suceso despertó, como de vez en vez ocurre, mi instinto periodístico. En fin, la historia de cómo se ha desarrollado la tarde de trabajo no es nada del otro mundo. Mucho trabajo, muchas llamadas, dame tal número, búscame tal otro… y una, que siente su pequeño corazón de plumilla, temblar ante el teclado, respirando ese ambiente a aventura que hace que la del periodista siga siendo una profesión de vocaciones.

Y ya está, este es el post excusa para repetir, como otras tantas veces, pero esta vez con más sentido, aquello que escribía José Saramago: adiós lector, hasta el próximo terremoto.

jueves, febrero 08, 2007

AMOR, AMOR

Hablar de amor siempre es fácil para quien está enamorado, no? Uno se echa un novio o novia, y de repente le encantan las salidas en parejita, los sábados por la noche en casa viendo películas, las escapadas de fines de semana, las llamadas hasta el amanecer y el yo te quiero más, no, yo te quiero más... El hombre es, dentro de su extraña complejidad, uno de los animales más simples. Todo el mundo reacciona de la misma forma ante los mismos estímulos. Como sabiamente (permítanme el autopiropo) le dije a mi amigo el republicano cuando saltábamos de estúpida emoción después de haber visto pasar a la reina de Inglaterra: "en el fondo, todos somos unos plebeyos".
Con el amor, pasa lo mismo. Renegamos de las rosas, de los corazones, de las cursilerías varias y al final, llega 'esa' persona (que no tiene por qué ser 'esa', sólo que en un momento determinado lo creamos) y todo lo demás se olvida. Todos nuestros principios, alegatos y promesas pasan a la negra espalda del tiempo. Vamos, ahora que están cerca las municipales, pasamos de la oposición al Gobierno. Y claro, la cosa cambia.
Sin embargo, no estaba yo aquí para hablar de los demonios de estar enamorado... para nada. No deben olvidar que yo pertenezco al maravilloso grupo de... y por tanto de lo que quiero hablarles es de sus delicias, y por supuesto, quiero compartir (para el que todavía no lo haya experimentado) que el amor perfecto existe. Y cuando digo perfecto, no quiero decir que no haya riñas, enfados y que la vida es de color de rosa... No. Simplemente que ocurre, que a veces tenemos la fortuna de encontrar a 'esa' persona que se creó para nosotros. Que cuando la abrazamos, sentimos como nuestros cuerpos encajan perfectamente, y cuando nos miramos sentimos como nuestras mentes encajan perfectamente, incluso más allá de las diferencias. Existe esa media naranja, al fin hallada. Existe la posibilidad de ser feliz para siempre con una persona que te lo da todo, que te ofrece todo lo que necesitas, buscas y deseas, y al contrario. Tú representas todo para ella.


Y en estos casos, que mejor forma de pasar la vida, que abrazados, no?



Sé que ha sido una forma algo cursilona de presentar este hallazgo, pero ha surgido así. Por ser más técnica diré que esta pareja lleva unos seis mil años abrazada al norte de Italia, y que unos arqueólogos la han descubierto ahora. Cuando menos, curioso, no?

Buscando a Freud

Hoy he soñado que alguien me preguntaba... "pero tú cómo te ves en el futuro. Qué te imaginas haciendo".
Ahora no sé si no recuerdo lo que le respondía a esa persona sin rostro (esta gente rara que se cuela en nuestros sueños que tienen el nombre de un pariente, la presencia de un amigo pero que no tienen cara, rasgos...) o si directamente, ni siquiera en sueños, fui capaz de responderle... Y es muy desconcertante.
Cuando me he levantado, me he ido directamente al baño y mirándome al espejo le he preguntado ¿qué estás tramando, subconsciente? Pero tampoco me ha dado ninguna respuesta. Diría incluso que había un brillo burlón en el fondo de mis ojos. Pero no desespero.
Esperaré paciente, como un cazador entre la maleza, y cuando más distraído esté, lo agarraré por sus solapas de subconsciente chulo y le preguntaré directamente. Aunque eso ya lo hice y el tío siempre me la juega: cuando me despierto no recuerdo nada.

sábado, enero 27, 2007

Acabamiento

Vuelvo a las improvisaciones de los primeros post, a la frescura de escribir directamente sobre el blogger y no en word, para luego volcar...
Escribo sobre la marcha con los cascos gigantes colocados en mis orejas a modo de Princesa Leia en este sábado de trabajo... Mi mente se quedó algo estancada, sin embargo, en la noche del viernes, en la cena, en las posteriores copas, risas y abrazos... en la sensación, ayer confirmada, de que me estoy acercando al final de una etapa. Una situación de crisis (léase cambio) que sin embargo no protagonizo yo, no provoco yo. El mundo se mueve, la gente se mueve y por extensión me muevo yo, aunque el mío es un movimiento involuntario, que a veces da miedo... Me siento como en la fiesta de fin de curso de octavo de EGB o como en el primer día de clases en la facultad, cuando después de una de las asignaturas salí con los compañeros (todavía un grupo de desconocidos) a tomar café a uno de los bares de Reina Mercedes, siendo consciente de que mi vida estaba cambiando... me siento como cuando Paco Ñuñez salió por úlitma vez de la redacción (también en fin de semana, aunque no un sábado, era domingo) cerrando una etapa (y sí, abriendo otra).
El paso del tiempo, los cambios de edad (que nada tienen que ver con los cumpleaños) siempre me han asustado mucho, siempre me ha costado asumirlos: comprendí que la vida era un vaso que debía llenar y beber al mismo tiempo... supongo que el poeta tiene razón. Vivir se compone de pérdidas y ganancias. También mi Javier Marías habla mucho de ello y de la luz de las farolas, cuando llega un nuevo amanecer y la natural avanza, pero lo hace lentamente, con delicadeza, por deferencia, para que las primeras puedan hacerse a la idea de su acabamiento...

lunes, enero 22, 2007

Nunca es tarde, si Lucas está bueno

Efectivamente, ya lo dijo el siempre poco ponderado Machado (Antonio, no Manuel): Todo llega y todo pasa (y lo nuestro es pasar). Ayer, alfinmiércoles, regresaron Los hombres de Paco. Regresó Lucas. Con nuevo look y con nueva conciencia que ya le permite acostarse con Sara, a la que antes ni se atrevía a besar por respeto a su minoría de edad (imagino que en la ficción en la realidad tendrá más de 18, la perra esa).
Era una vuelta esperada. Por mi. Por Ana. Nosotras, fans incondicionales de la serie policiaca de humor negro, que como tantas otras finalmente deviene en culebrón. Me reí. Con el capítulo de ayer me reí mucho sobre todo con el pobre Povedilla y con el maravilloso Don Lorenzo ( "en mis santos cojones tengo yo el pálpito, Paco". Genial). Desde luego, Juan Diego es de lo mejorcito de la serie. Aunque creo que el éxito es que forman un buen equipo. Entre los actores hay gente que no vale ni un duro y gente que vale mucho. Pero todos encajan. Se complementan. Y el resultado es bueno. Al menos para mí.La trama de ayer me gustó mucho. Su poquito de humor, su poquito de intriga, escenitas románticas, y lo mejor, abrió un sin fin de posibilidades: el caso Uriarte y nuevos jaleos en la relación de Lucas (el maravilloso) y Sara (la niñatilla), que por cierto, confirman mi teoría sobre los encantos del desamor. Para darle vidilla, vuelven a separarlos. Lo que yo diga, en el fondo somos masocas.
La verdad es que no tenía pensado hacer un post tan técnico sobre el regreso de Los Hombres de Paco. Porque es mucho más que lo expuesto arriba. Volverán los momentos redondos, los "el miércoles por la noche no, que tengo cita con Lucas". Y la contemplación hasta el infinito de semejante ejemplar de macho ibérico refinado. Creo que me gusta más con el pelo largo, pero tiene su cosilla, así de peladito. Para los que no tuvieran la ocasión de ser testigos de este regreso, no dejen de hacerlo el próximo 'alfinmiércoles'. Merecerá la pena.

pd. Sí, este post tiene ya su tiempo y hasta el momento no he tenido ocasión de colgarlo en el blog. Así que no me lo tengan demasiado en cuenta. Después de la Navidad me está constando mantener el ritmo que antes tenía por mi negra espalda del tiempo, pero es que la felicidad invita más a vivir que a escribir, no? Es curioso (y confirma mi teoría, otra vez). M esforzaré por mantener viva este desierto de tiempo, con cada vez más verdor.

Rinconcillos de mi Huelva (I)

Me encanta el muelle del tinto. Oui, j'adore!
Al fin, desde que lo restauraran, encontré un hueco en mi apretada agenda de descansos para poder ir a pasear por él. Sentir la madera crujir bajo mis pasos, la humedad de la Ría subiendo por mis piernas y colándose en mis pulmones, congelándome la cara... una gozada para un sábado por la tarde de libertad absoluta, de bienestar perfecto con compañía de élite. No había demasiada gente, no era una tarde soleada y hacía demasiado frío para estar tan cerca del agua, pero sí que había algún que otro grupo de amigos, alguna que otra parejita y sobre todo mucha gente pescando, "por puro placer, espero, no creo que vayan a cocinar nada que salga de esas aguas" (apuntó mi compi de piso, con su natural gracia, haciendo referencia claro está -como buena ambientóloga- a la cercana contaminación del Polo Químico).
Me encanta el Muelle de la Riotinto Company (me corrijo).

Me gusta ese lugar porque se mantiene en su tiempo pasado. Porque a pesar de que toda la ciudad se ha transformado a su alrededor y poco quedará ya del paisaje que en su tiempo lo rodeaba, cuando uno está en él, con la madera crujiendo, con la humedad de la Ría y la línea de Punta Umbria, más intuyéndose que viéndose al fondo, tiene la sensación de haber protagonizado un viaje en el tiempo.


La puesta de sol fue una delicia. "Es cierto, entonces eso que dicen... lo de la luz de Huelva", comenta alguien a mi alrededor. Pues sí, es cierto.

domingo, enero 21, 2007

Luis Cernuda

CONTIGO

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mi están
adonde no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

lunes, enero 08, 2007

Propósito para 2007

No teman. Ni me pienso poner a dieta, ni voy a apuntarme al gimnasio, ni tengo la intención de recibir clases de inglés (aunque buena falta me harían todas estas cosas), mi propósito para 2007 es algo má básico. Ahora que la Navidad ha terminado; ahora que hay que volver a la rutina (muchos eran ya los que la echaban de menos) voy a dedicarme, a recrearme, a esforzarme por hacer realidad mis sueños. Efectivamente, soy consciente de lo cursi de mi objetivo, pero es así. Voy a coger un folio en blanco, un lápiz y voy a anotar todo lo que quiero y aún no tengo. No teman, repito. No es que me vaya a convertir en un ser egoísta que, caiga quien caiga, va a hacer todo lo posible por conseguir lo que quiere. No es eso. Simplemente, me voy a esforzar. Voy a trabajar duro. Voy a poner todo mi empeño. No quedará por mi parte. Y si las metas no se alcanzan, pues quedarán en la carpeta de tareas pendientes… poco a poco se irán haciendo realidad. Y para dejaros un poco más tranquilos, mis queridos cuatro lectores, quiero que sepan que haré lo propio con su felicidad. No quiero renunciar. Quiero demostrar que imposible es nada. Que los sueños están para cumplirse, y que nosotros, solitos nosotros, somos los responsables de ellos.

Puede que las Navidades me hayan dejado un regusto de excesivo optimismo, pero allá vamos…

Pd. El próximo miércoles, a las 22 horas nueva temporada de Los hombres de Paco. Luego no digan que no estaban avisados.

martes, diciembre 26, 2006

Feliz Navidad

En fin, ya sé que en estas fechas hay mucho de todo. Mucho gasto, mucho viaje, muchos accidentes (lo sé soy un poco macabra, pero es que es así), muchas despedidas, muchas bienvenidas, muchos besos, abrazos, mucha hipocresía también, mucho consumismo… lo que decía, mucho de todo. Sin embargo, y a pesar de que también son muchos los que odian esta época (sus motivos tendrán), me parecía feo no dejar constancia de la Navidad en la Negra Espalda del Tiempo. Sobre todo porque es la primera que paso desde aquí, y porque se acerca el momento de mi primer aniversario bloguero… (bueno, aún queda, pero ya está más cerca). El 2006 ha sido un año curioso, que no comenzó muy bien y que sin embargo va a terminar como nunca lo ha hecho. Estoy emocionada, feliz y, sobre todo, en paz con el Universo, como si después de mucho buscar, hubiera dado al fin con el camino de baldosas amarillas… No sé como resultará el 2007, pero al menos puedo decir que lo comienzo con mucha ilusión y muchos proyectos. Sé que es un tópico típico, pero esta época es muy propia para los tópicos.
¡Hermanos, es Navidad, y os deseo lo mejor!

lunes, diciembre 18, 2006

Obras

Obras, ¿quién las quiere? Lo trastocan todo. Nos hacen salir de la rutina, del ‘todo bajo control’ del día a día. Paradas de bus cambiadas, calles cortadas, polvo, ruido, aceras levantadas que nos obligan a caminar por pasarelas desequilibradas montadas por un grupo de albañiles presionados para que todo este listo antes de las municipales. Y sin embargo, cuando esta mañana desemboqué cual río de mala leche en la Plaza Nueva (eran las nueve de la mañana y sólo tenía un café en el cuerpo), sentí que había merecido la pena, y eso que quien abajo firma es una sevillana en el exilio y no una sufridora directa del efecto devastador que durante meses han provocado las obras en la capital andaluza. Pero aún así, digo, ha merecido la pena. Y lo habrá merecido para todos los que tengan la oportunidad de pasear por la céntrica plaza con el frío cortando el rostro, y el solecito aliviando un poco, con las jardincillos plagados de flores de Pascua, y la exposición de esculturas gigantes que parecían haberse escapado de la Antigüedad. El Bélén, precioso, del Ayuntamiento. Y sobre todo la visión de la colosal Avenida de la Constitución, sin coches, preparada para acoger en sus seno a los peatones con las huellas del futuro tranvía. Qué espectáculo.
No sé si es la Navidad, no sé si es el amor, o a caso la tarde con mi sobrina lo que ha ablandado mi corazón, pero lo cierto es que considero que, efectivamente, tanta lata y tanto albañil suelto piropeando con su bocadillo de chorizo a las 10 de la mañana (claro, si llevan desde las 6 currando) ha merecido la pena. Desde aquí hago un lamamiento (no es una errata es que tras este término se esconde una historia) para todo aquel que disponga de una horita libre se de un paseo estas semanas por el centro de Sevilla. Que acudan a la Plaza Nueva, visiten el Belén y se asomen a la maravillosa avenida, con su poquito de Catedral y todo.
Y nada que disfruten, que ya que han sufrido con las obras, puedan al menos ahora degustar el trabajo bien hecho.
Dixit. Delenda est Cartago.

domingo, diciembre 10, 2006

Literatura

El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.
Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.
Las ciudades invisibles
Ítalo Calvino,


Definitivamente la Literatura es algo increíble. No es que antes no lo creyera o tuviera dudas al respecto, sólo que hoy me apetecía mucho decirlo. Y decirlo aquí.
Un compañero de trabajo (un ‘NO infierno’ en medio del infierno) me regaló esta tarde un nuevo punto de página en el que aparecía la parrafada del Ítalo Calvino. Y al leerlo, fue cuando pensé en eso de que la Literatura es increíble (aunque quede un poco Bisbal) y que nunca pierde, ni perderá jamás, su capacidad para sorprenderme, para caer sobre mi cabeza como una manzana de Newton, para emocionarme y hacerme sentir bien, como un amante eficaz de largas pestañas y pómulos perfectos.