viernes, noviembre 10, 2006

Viernes... ya se sabe

Son las 9.45 horas. Creo que es la primera vez que empiezo la jornada tan tempranito: a las 8.30. Justo. Ni más, ni menos. A esa hora cruzaba la verja que separa el infierno de Huelva Información con el del Polo Químico (Durmiendo con su enemigo). Después de una semana de bajona total, he comenzado este ‘viernes, ya se sabe’, con un optimismo, con una energía que nunca hubiera imaginado. Anoche a las 8 estaba más hundida en mi porca miseria que nunca. Pero doce horas y media después, cuando al fin conseguí hablar con Dios (en realidad, era un vicerrector pero para mí ha sido como escuchar una voz divina) desbordo energía, irradio una luz blanca propia del mismísimo Gandalf. Me he ido a la máquina de café, me he sacado mi segundo café del día (en menos de una hora) y una vez en mi ordenador, he puesto algo de música. Con el altavoz. Eah, porque yo lo valgo. En homenaje a una compañera he elegido una buena canción, de esas que te gustan y que además te da tiempo de degustar bien porque dura cuatro minutitos…

Pasar del negro más oscuro al blanco más inmaculado de Ariel, me hace plantearme si realmente no seré un poco psicópata. ¿Soy una histérica de mierda, que va por ahí alarmando al personal o realmente tenía mis motivos para sentirme mal, frustrada, inútil, triste? A lo que yo, transformada en Clark Gable, me digo a mí misma: ‘Francamente querida, ni lo sé, ni me importa’.


Exacto, hermanos, hoy es viernes, y el viernes ‘ya se sabe’ (como decía la buena de María José Acosta, antes de que se convirtiera en la mala de María José Acosta). Por delante tengo once días de vacaciones. Muchas opciones para ver al hombre que me arranca suspiros, para disfrutar de cafés y de vodkas con licor de manzana, para estudiar Literatura (al fin, comienzo mi doctorado), para escuchar las nuevas canciones que interpreta con maestría mi sobrina, para abrazar a mi madre (que no hay más que una) o para coger de la mano a mi padre (que espero sea el que me dicen que es… jejeje). Reírme hasta el dolor con mi hermana. Disfrutar con el interminable ir y venir de mis hermanos y jugar con mis perros. (Suspiro).
En resumen y parafraseando a la Zarzamora: hoy a mí se me para el mundo.

miércoles, noviembre 08, 2006

Las cosas de Palacio van despacio…

Pensaba escribir algo sobre la comedia musical que abrirá la XXXIII edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y que con el título ‘¿Por qué se frotan las patitas?’, bien merece un post. Sin embargo, la indignación que asola mi isla estos días (esta es la segunda jornada de tendencia a la depresión, y ya van tres veces que tengo que dar la razón a mi vecino del octavo) no me permite dejar a un lado, una vez más, que estoy hasta el último rizo del mundo. Excluyo de mi terrible percepción, a los compis que sonríen cada mañana, a las dependientas del OH LA LA que tan amables son y algunos otros mortales por lo que sigo en pie (No estoy loca por ti, estoy viva por ti). En fin, la semana se está alargando hasta la saciedad. El viernes parece que nunca va a llegar, y no sé que hacer para no pensar en ello. Si no pienso en ello, me digo y lo sé, el tiempo pasará antes (esta es una aparentemente sencilla regla que todos aprendemos desde chiquititos). Pero de verdad, es que otra vez vuelvo a sentirme cansada. Estoy harta de que se requiera más para hablar con un profesor de Universidad (con todos mis respetos) que para entrevistar a un ministro. No tengo motivación alguna. No tengo ganas de volver a empezar cada día, cada semana, cada mes y, pronto, cada año. No tengo ganas de sonreír en esta redacción que cada vez me parece más sombría. Lo único que quiero es meterme en la cama, estrenar mi nuevo cuaderno y echar al fin, una siesta sobre el hombro que me espera desde hace ya demasiado tiempo.
Supongo que mañana las cosas serán de otra manera. Eso es lo malo, que no escarmiento y con una simple lucecilla al final del túnel, vuelvo a olvidar que una vez estuve mal y que ya tengo suficientes motivos como para salir corriendo... Pero eso será mañana, hoy me siento mediocre.

martes, noviembre 07, 2006

No llueve eternamente

Porque todos lo hemos necesitado alguna vez.

lunes, noviembre 06, 2006

Scoop o como soportar a Woody Allen

Lamento decir que últimamente mi vecino del octavo está teniendo razón demasiadas veces. Tuve que dársela respecto a mi manía de hacer planes y tengo que hacerlo ahora respecto a la última película que fui a ver al cine. Si bien (me defiendo) sus acertados malos augurios han sido fruto de la casualidad, más por buscarme que por convencimiento propio. Sea como fuere, lo cierto es que (manque me pese) la última de Woody Allen no me ha gustado. Matizo: no es que sufriera un shock de aburrimiento como cuando fui a ver Las Crónicas de Narnia, pero desde luego, la película a penas supo arrancarme algunas sonrisas. Y de esos geniales y siempre señalados diálogos del saxofonista neoyorquino por excelencia, poco pude ver en las casi dos horas de película. Buenos puntos, alguna situación graciosa, un ‘prota’ muy guapo, la Scarlett maravillosa (blablabla) pero un insoportable personaje, el del mismo Woody: el torpe, tartamudo que más que hacerme reír me desesperó hasta límites insospechados. El guión, bueno, pas mal, que dirían los franchuteses, pero nos quedamos ahí. El crítico de cine del periódico Huelva Información, achaca esta, más o menos generalizada, antipatía hacia Scoop a la propia grandeza de Macht Point, ante penúltima película del director, con la que flipé desde el minuto uno, y que sin duda dejó el listón muy alto. Pero no es sólo eso. Es que la película es mala.

La nueva rubia tonta del cine, otra vez haciendo de americanita impresionante en Londres y más allá de (vale hombres del mundo) sus curvas, como actriz de comedia deja mucho que desear. Se pasó toda la película dando manotazos al aire. Sólo los últimos diez minutos consiguieron atraer mi atención, pero no fueron suficientes como para hacerme olvidar el resto del film. Me quedo, pues, con el Woody conduciendo el Smart, es simpático porque uno no se lo espera y con la barca de Caronte y la muerte allí imperturbable. Nada más. Puede que no haya sido Allen quien no haya estado a la altura, puede que haya sido yo. Una humilde espectadora que recién se inicia en las películas de este hombrecillo. Dejó, humildemente, lugar a dudas.

domingo, noviembre 05, 2006

Héroe


Bueno, bueno… me he dado cuenta de que hacía tropecientos post que no colgaba una fotillo en esta Negra (tirando para azul cielo) Espalda del Tiempo, y ahora que echo un vistazo rápido al blog, lo veo amazacotado (como decía la Mariajo de Latín y Griego), un poco triste, con una clara falta de color y en fin, repletito de letras. Me recuerda a las dobles (reportajes de dos páginas para el resto de mortales no periodistas) que cada fin de semana debemos dejar religiosamente en la carpeta roja con elastiquillo, sita en el primer cajón de la mesa del redactor jefe… Así que, para abrir una nueva etapa en el desierto de minutos y segundos (bien aprovechados) he elegido una foto que me gusta mucho.


Me gusta el brillo especial con el que aparece la rebeca… Me gusta pensar que es como el traje de un super héroe de cómic y me gusta que mi rostro quede oculto en las sombras, rodeándome así de un misterio impropio del personaje que represento cada día, cuando pongo el primer pie en el suelo de mi dormitorio.
Esta es la noche de difuntos (sí, publico con retraso, perdonen), y no sé si es costumbre pedir deseos… si no, me da igual, yo lo voy a pedir. Voy a encender una vela, voy a cerrar los ojos y a colocarme un antifaz en la cara… y cuando comience a entrar la fría brisa de la Ría por la ventana de mi dormitorio desearé ser un héroe o una heroína, en todo caso (que el deseo no lleva incluido el cambio de sexo).
Mi traje será similar al de esta foto, y andaré por las calles como Bruce en ‘El elegido’ conociendo de un solo roce el trágico destino de cada persona, e interviniendo para evitarlo.
Por supuesto, podré volar y recorrer 78 kilómetros en un segundo para asegurarme de que mi sobrina duerme plácidamente en su cama de noventa, que tan grande se ve todavía para ella. Oiré el sonido de su respiración y cuando la sienta tranquila y en paz, retomaré el vuelo y seguiré rumbo al sur.
Haré un alto en el Giraldillo, y continuaré mi particular vuelo (sintiendo el aire frío rajándome la cara- me encanta.) hasta la ventana de un octavo para comprobar también que mi príncipe de afiladas cejas y pómulos perfectos está a salvo.
Luego el camino de vuelta. La retirada del traje, no sin antes, hacer una última escala en mi ruta de super woman. En el Muelle de la Riotinto Company. En la planta superior. Respirando el aire frío. Viendo mi propio reflejo en la Ría, y recuperando fuerzas para, al día siguiente, volver a salvar al mundo.

martes, octubre 31, 2006

El aire que respiro

Un amor que ha devuelto
la alegría a mi ser
por eso yo a ti te quiero
por eso yo te querré...
te prometo vida mía
que nunca te dejaré
haces que siga viviendo
y siempre yo te amaré...
Por eso te canto
te digo a la cara
que me tienes loco
que estoy enamorada
que te quiero mucho
y es inexplicable
decir con palabras
y un amor tan grande.
Si algún día tú me dejas (tú me dejas)
y te alejas más de mi (más de mi, más de mi)
ay dejar toda mi alma (toda mi alma)
que solo llena de sufrir
eres aire que respiro(que respiro)
eres sueño en mi dormir (mi dormir)
ay niña tú lo eres todo (lo eres todo)
ay lo eres todo para mi
Por eso te canto
te digo a la cara
ay que me tienes loco
que estoy enamorada
que te quiero mucho y es inexplicable
decir con palabras y un amor tan grande...
Son mis sentimientos los que canto aquí
me has enamorado
ay yo te quiero a ti
que dios me maldiga (que dios me maldiga)
si te hago daño (si te hago daño)
si te hago sufrir (si te hago sufrir)
si yo a ti te engaño (si yo a ti te engaño)
pero te prometo (te prometo)
que nunca mi amor habrá otra persona
que te ame más que yo.
Er Peche y la Hungara

jueves, octubre 26, 2006

El Nilo en Huelva

No es una alucinación. No estoy desvariando, ni la contaminación del Polo Químico está comenzando a atrofiar mis sentidos (seguro que muchos maliciosos han pensando en esta posibilidad). Nada de esto ha ocurrido. Es la purita realidad, el Nilo se ha salido de su cauce habitual y natural y se ha dado una vueltecilla por la capital onubense. Lo hizo ayer, aprovechando el mal tiempo, o bueno, según se mire, que hace mucha fartita que llueva... En fin, me acerqué a la orillita de mi Huelva tiene una Ría, y por un momento tuve miedo. Acompañaba al fotógrafo, que quiso captar la transformación de este emblema onubense en el mítico río de dioses, y pisaba con desconfianza pensando que de un momento a otro aquella masa marrón, horrible (como los 25) nos iba a engullir. Dejé el bolso en el asiento del copiloto, por si tenía que salir corriendo, ir más ligerita de peso, y observé el agua con desconfianza. Como se mira a un enemigo al que intuyes en la oscuridad y al que tendrás que enfrentarte, o no… todo depende de si os cruzáis en la niebla. Como en Alatriste… cuando el maravilloso Viggo va con el agua al cuello sabiéndose rodeado de hombres a los que tendrá que matar para que no lo maten a él.

“Be water my friend”, me acuerdo llegados a este punto del ya famoso anuncio. De eso de que el agua es capaz de fluir y de golpear, y continúo mi desconfiada observación. Mirando con el rabillo del ojo al fotógrafo que no tiene reparos en acercarse cada vez más y en agacharse y en captar lo que él considera captable. Nunca había visto la Ría tan fea. Era todo lodo, golpeando las recién restauradas maderas del muelle de la Riotinto Company (Mal llamado muelle del Tinto, pero hombre, si lo que llega a Huelva es el agüita del Odiel!!!!-comentario del hermano-.). Es él quien me apunta eso del Nilo, y cuando estoy cerquita confirmo la metamorfosis. Lo que ayer pasaba por Huelva era el río egipcio, y no nuestra (¿mía?) cantarina Ría. Busco el puntaumbrieño horizonte y miro también con desconfianza los troncos que flotan por doquier. En Campofrío el golpe del agua ya se ha llevado a una mujer (esto tiene historia) y ha dejado desaparecida a otra… “y puede que la fuerza del agua traiga el cuerpo hasta la misma capital”, me ha dejado alguien en la conciencia…

miércoles, octubre 25, 2006

Tanto por vivir

Ay, se me escapó el 24! Se me fue el día, sin que pudiera publicar nada por estos lares. Y el caso es que tenía tanto en la cabeza, tenía miles de historias, de frases, de anécdotas, de rostros, sonrisas y voces en la mente que me apetecía, mucho, mucho, reflejar aquí… pero se me escapó el día. Se me fue, y no escribí ni una sola línea. Los días marcados con rotulador rojo en el calendario se van con más rapidez que la que se tomaron para llegar… y yo no he sido lo suficientemente rápida.

Planes pasados por agua y legendario

Va a tener razón mi vecino del octavo y va a resultar que es mejor no hacer planes… Los planes se chafan, se caen, se cambian, se pierden, se van al garete, se aguan… en definitiva, se van a tomar viento, por no decir otra cosa…
Llevo un par de semanas (y que conste que no me estoy quejando) en las que nada ha salido como esperaba. Ideaba, ideaba y al final, ups! El inevitable cambio de última hora. La búsqueda de alternativas. Y miren por donde, los dos últimos planes B a los que me he visto obligada a recurrir han resultado excelentes. Sí, sí, como les digo: de una gran calidad. Sin ir más lejos, el pasado viernes a unos pocos kilómetros de mi cita prevista me vi ‘obligada’ a cambiar de partener, y la tarde resultó una de las mejores de los últimos tiempos. No sé. Quizá es que una anda de buen humor y encaja mejor este tipo de ‘envistes’. O quizás, simplemente, es que la compañía era agradable (buena conversación) y la ciudad acogedora. Y eso que no paró de llover y que al final de la jornada sufrí los síntomas del resfriado. Mi buen amigo y yo, anduvimos por el barrio de Santa Cruz, visitamos un templo friki donde adquirí mis tres primeros cómic (qué buena inversión, niño!), bajamos hasta la plaza de San Lorenzo para degustar un exquisito pincho de langostinos con cuscus y finalmente probamos un delicioso té, cerquita de la Alameda. Un día completito.
La tarde continuó después por otros lares, a los que no estoy autorizada mencionar aquí ;-).

En fin, creo que he perdido el miedo. Miedo a los planes B. Miedo a que la noche no pinte perfecta, porque lo cierto es que al final puede llegar a serlo. Como el sábado sabadete, que me trajo una salida que se presentaba repleta de situaciones embarazosas y resultó, efectivamente, una gran noche. Con el delicioso sabor del Legendario cola con su poquito de limón, por favorrrrr!
Así que nada, espero sus invitaciones. Estoy abierta a cualquier improvisación. Se acabaron los planes en mi vida… excepto para este sábado que ya saben que hay cita, y no quiero excusas en el último segundo, eh???

miércoles, octubre 18, 2006

Comunicado de Prensa

Ya han comenzando a rodar los nuevos capítulos de Los hombres de Paco


Y no pienso añadir más.

La metamorfosis

A ver si aciertan quién soy. Anoche sin pensarlo dos veces, me personé en la Plaza Niña, subí al piso que algunos de ustedes conocen y fulminé a Patriice de un tiro certero (es una forma de hablar). Ahora su pobre cuerpo inerte yace a los pies de la que hasta el momento era su cama. No se preocupen. No la he despedazado, ni le he provocado sufrimiento alguno. Un tajo limpio y certero… sino fuera porque no ha sido un tajo. Mis técnicas son mucho más avanzadas, más refinadas, me gusta decir a veces. Sólo una pequeña presión en el interior. A penas tuvo ocasión (la pobre) de distinguir mi figura en la oscuridad encendida de su dormitorio. La luz azulada del flexo parpadeó un instante. Pero se mantuvo dejándome contemplar mi obra maestra. El cabello más alborotado que de costumbre, el rostro más pálido que de costumbre y lo ojos, uff, menos mal, cerrados. No tuve que pasar mi mano por sus párpados para que dejaran de mirarme. La verdad es que el trabajo ha sido bueno. No puedo quejarme, ni ella tampoco. Sólo alguien que en el fondo la aprecia (tras muchos años de vida en común) podría provocarle una muerte tan… digamos… apetecible para cualquier mortal. Que nadie sienta lástima por ella, pues. Que ni una sola lágrima se derrame por Patriice porque ahora se encuentra en un estado mejor. Imaginen que está dormida, sólo que el príncipe que debe despertarla no llegará hasta pasados cientos de años. No tendrán la oportunidad de volver a verla… O quizá sí… Se me ocurre… Voy a suplantarla. Sí, lo voy a hacer. Rizaré mi pelo. Aclararé mi piel, transformaré cada rasgo de mi rostro para que sean los de ella. Será una metamorfosis tan perfecta que ninguno de ustedes lo sospechará. Ni si quiera yo, que ahora ya empiezo a ser ella. Me meteré tan en su piel, que sus recuerdos serán los míos, sus sentimientos, sus miedos, sus proyectos serán los míos… Hablaré como ella, sonreiré como ella, besaré como ella, miraré como ella lo hace. Y siendo ella, me olvidaré de que alguna vez fui yo.

martes, octubre 17, 2006

El pastor de caracoles

Podría decirse que este es un post robado. Al menos su título me lo chivaron ayer a modo de anécdota a través de mi tabla de salvación diaria: el teléfono (todo mi trabajo y todo mi amor se lo debo a Telefónica). En efecto, al parecer hay un españolito que ha venido al mundo con el único deseo de convertirse en PASTOR DE CARACOLES. C’est sympa! Mis fuentes me explicaron que incluso la criaturita se había dibujado a sí mismo, en medio del campo, con su rebaño de caracoles. C’est très sympa!
Aunque mis dotes para las artes plásticas nunca fueron nada evidentes, siempre que me preguntaban de pequeña qué quería ser de mayor yo respondía decidida: pintora. Y los adultos con su absurda forma de proceder a veces bromeaban siempre: sí, pero de brocha fina o de brocha gorda??? Ja,jajaja. Una gracia que a mí me desconcertaba mucho y me dejaba siempre con cara de circunstancia puesto que no entendía qué era eso de la brocha fina o la brocha gorda. ¿Tendrá algún fondo sexual?, me preguntaba entonces.
De aquel deseo de infancia no queda más que la tranquilidad que me produce colorear. Me gustan los dibujantes, supongo que porque no tengo que trazar yo los dibujos, tan sólo me limito a tintarlos con los trazos de alpino, siempre en la misma dirección y procurando no salirme de la línea. Así que todavía, de vez en vez, cojo mi dibujante de Chicken Little y me dejo llevar…

Desde que me contaron la historia, no puedo evitar seguir pensando en el niño deseoso de tener su grupo de caracoles a los que poder llevar a pastar por los campos (me lo imagino en el entorno de la carretera que une Aznalcóllar con Escacena, donde abunda esta pringosa creación de Dios, todos lo somos, hermanos!) y me pregunto qué quedará de su sueño dentro de quince o veinte años. Puede que sus padres le recuerden la historia delante de una hipotética novia (o novio) y que él se avergüence de su candidez. O puede que el caracol marque para siempre su existencia. Puede que dentro de unos años no se dedique a pastorear, pero sí a recogerlos de los tallos y hojas, odiándolos por mantenerlo con el lomo doblado durante horas bajo un sol de mil demonios; o puede que dentro de unos años saboree escargots en un lujoso restaurante francés, olvidando el aprecio que en su niñez tuvo a los pobres animalillos; o puede que dentro de unos años, se vea obligado a arrastrarse cual caracol ‘mileurista’ por las desagradables paredes de una oficina… todas las opciones caben en una vida.

O puede que nada de esto ocurra. Puede que su persona no guarde ningún vínculo con los cornudos bichos, y que él olvide por completo que una vez quiso ser pastor de caracoles, y que además hizo un dibujo, y que para colmo, lo contó a media España. Y aún así, de vez en vez, y sin que tenga claro el por qué, le gustará relajarse observándolos con su lento arrastre, con su casita de treinta metros cuadrados (quién pillara una), siempre a cuestas.

lunes, octubre 16, 2006

Poesía de Oro

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjero.

Mas no de esotra parte en la ribera
dejaré la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, más polvo enamorado.


Francisco de Quevedo

Octubre, octubre (I)

Hacía frío y era viernes. El desayuno. El toque de colorete. La gabardina, el gorro, la bufanda, la Imagine-R en el bolsillo derecho y el salir calle abajo en busca del metro. Línea 14 hasta Saint Lazare. Cruza París en 16 minutos… La calefacción de los pasillos de Celsa, la antipática indiferencia de los compañeros, los habituales correos en la Boîte de Réception… Las horas idénticas a las de cualquier otro día y el regreso a casa desde el lado contrario del andén.
Los preparativos del almuerzo, la primera cucharada y el timbre que suena. ¿El timbre? Oh, bendita novedad! Mademoiselle Nogales? Oui, c’est moi (Quién no ha deseado decir esto alguna vez en su vida?) Y ahí comenzó todo.
Fue a partir de las 17 horas del 24 de octubre de 2003, que mi cumpleaños empezó a ser mi cumpleaños. Lo que trajo la voz, que en aquel momento llamó a mi puerta, fue una pequeña caja cuadrada; muy bien envuelta, muy bien cerrada. La abrí temblando, con el corazón que se me salía por la boca…Lo primero que encontré fue un pequeño cuadernito de Jordi Labanda (mi debilidad), que flotaba sobre un miniocéano (todo el que cabía) de gomitas (segunda debilidad conocida), caramelos (tercera debilidad conocida) y chocolate Nestlé con leche y (lo más importante) SIN almendras. Todo ello colocado sobre una exquisita y gruesa base de castañas (otra de mis debilidades conocidas). Cogí el sobre que pululaba entre aquel mar de caprichos patriciados y leí uno a uno, los pequeños párrafos que mi familia me enviaba…
Con la tarde llegaron los primeros invitados a la fiesta… más regalos, más conversaciones de besugos (recuerdo con especial cariño un diálogo de los del tipo ‘comoquienoyellover’ con una chica rusa), la mancha de tinto en la moquette beige (ay, Jorge), la canzone del sole… y al fin, el grupo íntimo apurando el vino y comiendo las castañas, seleccionadas (podía imaginarlo) por las inconfundibles manos de mi padre.
Supongo que aquellas doce o trece horas (desde las cinco de la tarde hasta las seis de la madrugada) fueron de las mejores que viví en aquella ciudad que durante un tiempo también fue infierno y paraíso, como esta Huelva mía.
Y ya está. Aquí termina la historia. Ahora que se acerca la cita ineludible, el 25 aniversario de mi nacimiento (horrible cifra) me apetecía pensar en aquellas gentes, en aquella diversión a lo Gran Hermano y dejarme llevar un poco por la nostalgia de lo irrecuperable. Pero bueno, como dicen en el DVD sobre las fiestas de la Santa Cruz de Abajo y su Emperatriz Santa Elena, nos quedan los recuerdos… y me atrevo a añadir que, como diría mi buen Pedro, afortunadamente está todo por hacer y quedan muchos cumpleaños por celebrar (o no, pero esa es otra historia).

miércoles, octubre 11, 2006

Precaución amigo conductor

Como dijo Íñigo Balboa en aquella Limpieza de Sangre, no soy dado a dar consejos pero ahí va uno de prestado: pisen un poco el pedal del freno y reduzcan marchas. Bajen de quinta a cuarta, de cuarta a tercera y a segunda, y finalmente quédense en primera. De esta forma el frenazo será más suave... y menos doloroso.

Una cita para compartir

"Entonces descubrí que el mundo no es mudo, sino que sólo espera a que alguien le hable en un lenguaje que él comprenda. En el canto del duende la Tierra reconocía los nombres que ella se daba a sí misma".
Jonathan Strange y el Señor Norrel de Susanna Clarke

lunes, octubre 09, 2006

Huelva, Huelva, Huelva (con el tonillo del nuevo himno)

Anoche mientras regresaba a casa, el hombre de duro carácter, reciente bigote y extraña sensibilidad dijo: “Hay mucha gente de fuera que vive aquí, y que aún así no establece ningún tipo de vínculo con la ciudad. Desprecian Huelva, hablan mal de ella diciendo ‘es que en H. tal o cual..’ y yo pienso: so imbécil, si tu formar parte de esto, si tu vives aquí, si tu trabajas aquí, si tu comes de esta ciudad’.
Continúo, ya en solitario, mi rentrée y enciendo a Naranjito II…

Ay, Huelva déjame, ay Huelva déjame, ay déjame que sea,
Pa sentir como el agüita te mece con
la…
…ma…
…rea.

Es cierto, a menudo no sentimos excesivamente de paso por esta ciudad. Consideramos poco glamuroso vivir y trabajar en ella. Y permanecemos aquí como si esto fuera un simple trámite, esperando el día en que, al fin, digamos ‘me voy’. Y sea para siempre. Pero no sólo los forasteros adolecen de esta inadaptación, muchos son los nacidos aquí, que a la primera de cambio, huyen… y no sólo eso, sino que olvidan esa parte choquera de sus vidas, como si de una mala jugada del destino se tratara.
Yo (oh, confesión) he pasado por ese trámite. Sin embargo, una noche descubrí la inquietante tranquilidad que se desprende de las chimeneas del Polo Químico, descubrí que las mejores puestas de sol se pueden ver desde el muelle del Tinto; que es reconfortante poder ir a casi todas partes andando y, durante el trayecto, encontrarte con mil caras conocidas; que Huelva, la luz, es algo más que marketing; que el ambiente de la Plaza Niña no está atado a las estaciones, existe siempre; que el olor a pescado del mercado de El Carmen puede ser muy agradable; y que la terrorífica fachada del Manuel Lois, aguardándonos desde lo más alto, a veces nos puede trasladar a una película de Tim Burton.
Y si a pesar de todo, no hubiera tenido la oportunidad de descubrir los encantos de la ciudad, me queda la gente. Y sólo por ellos, sólo por saberlos de aquí, sólo porque ellos pertenecen a esta ciudad, ella también me pertenece a mí. Y viceversa.

jueves, octubre 05, 2006

Suprimir

Disculpen mis buenas almas lectoras... tras la alarma que he creado, he decidido suprimir del blog mi último post titulado 'Jueves negro de octubre'. Lo escribí en un momento muy concreto del día de ayer, cuando una terrible preocupación asolaba mi isla. Pensaba que, efectivamente, todo lo estaba haciendo mal y que cualquier cosa que hiciera por remediarlo, sólo empeoraría las cosas. En fin, ya lo leyeron, al menos dos de ustedes... y la preocupación que han mostrado, me hizo releerlo a mí. Supongo que me pasé un poco. Sobre todo porque pocas cosas son verdaderamente irremediables (dicen que sólo la muerte y hacienda)... así que, ahora que alcanzo mi décimo, esto es, último, día de trabajo, y que empiezo a ver la luz al final del tunel... suprimo ese capítuo (ojalá todo fuera tan fácil), doy las gracias a mis dos lectores y pido disculpas, soy andaluza y peliculera, una mezcla explosiva para la exageración.
Hasta el próximo terremoto.

miércoles, octubre 04, 2006

Capitán Mortensen

Aviso solidario: Todo aquel que no haya visto todavía la película Alatriste, que se abstenga a seguir leyendo. No quiero herir sensibilidades y no quiero reproches. Y por favor, aprovechen que no tienen nada que leer para ir al cine. Merci bien.


Tengo tantas cosas que decir, que no sé por dónde empezar. Por hacerlo de alguna forma, diré que tras más de un mes en cartelera y tras más de un mes de intentos inertes por ir a verla, fue ayer, y sólo ayer (por el domingo 1 de octubre), cuando conseguí una entrada para la sesión matinal (cuestión de horario laboral) de Alatriste.
Poca gente en la sala, aunque más de la que imaginaba. Comienza la función…

La película es un collage, de dos horas y media, de las aventuras que Arturo Pérez Reverte le encasqueta a Alastriste en cinco libros. Resulta algo caótico para los que no han leído estas obras, y algo más comprensible para los que sí. De cualquier forma, es como si durante todo el tiempo estuviéramos viendo el largo trailer de un film. Microrelatos uno detrás de otro, que a veces te dejan con ganas de más. No perdonaré la omisión de la que considero una de las escenas más emocionantes del primer volumen (cuando nuestro amado capitán recibe del Conde de Guadalmedina (creo) un anillo del Príncipe de Wales y una especie de documento en el que se afirma que todo súbdito de Inglaterra tiene la obligación de prestar ayuda o auxilio –si este lo requiriera- a Alatriste. Guadalmedina (Eduardo Noriega en la peli) susurra, “lo que daría yo por tener algo como eso”; y es en ese momento cuando uno derrama una lágrima perfecta y se alegra de que a hombre semejante se le premie con lo que merece; el lector toma conciencia de la grandeza del personaje, en fin…). Efectivamente, si en algo flojea esta película (a mi humilde entender) es en el guión. Demasiado. Demasiadas historias que se resuelven a la fuerza con rapidez, dejando muchas cosas en el tintero, nunca mejor dicho.
Y aún así, todo tiene sentido.

Cuenta lo que fuimos, dice uno de los hombres de Alatriste al apuesto Íñigo Balboa (Unax Ugalde, maravilloso) en esa increíble escena final: el algo grotesco y caricaturizado (en cierto modo) viejo tercio de Cartagena que decide no plantarse ante ‘la France’ a pesar de las ocho horas de batalla y a pesar de que están reventaitos perdíos… No hay que olvidar “que este es un tercio español”, dice el Capitán Mortensen (Oh, Viggo mío) en un momento único e irrepetible para el cine español.

Efectivamente lo que Díaz Yanes se limita a hacer durante toda la película es contar lo que fuimos, lo que fueron. Cada resumen apresurado de las aventuras de Alatriste sólo tienen dos tipo de justificación:

Primero: Son una mera excusa para algunas de las puestas en escenas más maravillosas que se han visto. Hay planos que son cuadros barrocos, con esos juegos de luces y sombras, y cada frame en el que aparece Alatriste, con su capa, su espada y, sobre todo, con su sombrero de ala ancha, son simplemente perfectos. Por no hablar de la melena rojiza de Ariadna Gil… bellísima.

Segundo: Son una mera excusa para conocer al Capitán Alatriste y al resto de personajes. Para aprender a entenderlos, con sus defectos y sus virtudes, para llegar a abarcarlos por completo, y sólo así comprender por qué al final deciden enfrentarse a la muerte segura: perdedores y a mucha honra, y con dos cojones (que diría Reverte). Muy español.

Y ya que estamos en el final, que menos que continuar con el despliegue de piropos hablando de ese detallito que ha gustado a unos, abominado a otros y sorprendido a todos. Voilà. Hablo de esa maravillosa Madrugá sonando completita, mientras el ‘milvecesperfecto’ Alatriste se lanza a los franceses empuñando la espada. Reconozco que me quedé sin aliento, algo desconcertada al principio; esperando un giro en la música que me hiciera pensar: ‘ah, que no, no es una marcha procesional, sólo lo parecía’. Pero qué va, aguantó como una campeona. Un final como este salva cualquier defecto de la película.

Sólo tres cosas más (y que la economía del lenguaje me perdone, pero hay tanto que contar):
-Precioso el juego que hacen con el pañuelo de Alatriste durante toda la película.
-Echo de menos el famoso tirurí-tirurá que precede en los libros a Malatesta.
- Y finalmente, esta vez sí, conmovedores los planos de mi Viggo emocionado. Qué hombre, Dios mío, qué hombre. Supongo que a los tipos como él lo perdimos con el imperio.

Dixit. Delenda est Cartago.

sábado, septiembre 30, 2006

Planning Semanal

Cargar la batería del móvil al menos dos veces al día. Tardar 15 minutos más de lo habitual en titular una noticia. Tararear una misma y única canción a cada instante. Sonreír a los compañeros del trabajo. Utilizar un poco más de colorete. Periodos de abstracción mucho más frecuentes. Sonreír a los desconocidos (¡!). Observar a los bebés en sus carritos (¡!!!). Estar pendiente del Volvo del vecino. Sonreír al jefe (¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!). Contar los días, las horas, los minutos y s-e-g-u-n-d-o-s…

Incluso desde otra ciudad, revolucionas toda mi existencia.

viernes, septiembre 29, 2006

Esto es una fotonoticia con su epígrafe propio

Paco Nuñez imitando a Jim Carrey haciendo de ET asustado. En fin, en realidad creo que los comentarios sobran. Pero no puedo evitar hacer un llamamiento a todos los depresivos de Huelva y alrededores, para que cuando tengan uno de esos días, malos, malos, no duden en pasarse por la capital onubense y pedir al Paquito que imite a Jim Carrey haciendo de ET asustado. Se ha convertido en un clásico de los almuerzos perfectos, y a mí, me funciona. Parce que je le vaux bien !

miércoles, septiembre 27, 2006

Bienvenido a la República Independiente de mi casa

Para Irene, Carol, Manoli, Rocío, Lucía, Lara… y en especial, para Ana
El acto extraoficial de apertura del curso universitario 2006-2007 tuvo lugar en mi casa el otro día. Y es que el jueves ha sido siempre, incluso en mi época de estudiante recatada (qué nabo, que dirían en mi pueblo, pienso ahora), el día marcado a fuego para la movida universitaria.

Yo tenía clases de lunes a viernes, aunque esto no justifica el que pueda contar con los dedos de una mano (bueno, quizás requiera de algún dedillo de la otra, pero pocos) mis salidas en jueves-noche. Sobre todo, si añado que mi turno era el de tarde, vamos que tenía tiempo, si hubiera querido, de dormir la resaca y dejar que los pies se recuperaran del baile. Ya he dicho por algún que otro post, que procuro a la vejez no arrepentirme de las cosas que he hecho o dejado de hacer, aunque esto no impide que quiera resarcirme un poco de aquellos cuatro años de conversaciones interminables sobre periodismo, mucho café y poco botellón, la verdad.

A pesar de que son ya dos, los años que llevo como víctima del paupérrimo mercado de trabajo (sector comunicación), el hecho de vivir con estudiantes me permite, como digo, reconciliarme con aquella Patriice que daba demasiada importancia a las cosas, cuando (ahora empiezo a saberlo) a la postre, muy pocas la tienen.
Llegar del periódico y encontrarme en la encimera de la cocina la rista de vasos de tuvo, la botella de Legendario con su inconfundible bandera y la de Coca Cola Light (2 litros), siempre me arranca una sonrisa (el hielo en el congelador, que no nos falta detalle).
Luego empieza el ritual del ‘no tengo nada que ponerme’, del ‘préstame el rimmel’… El sabor de la primera copa. Las risas en el salón. El taconeo va, taconeo viene. El camino hacia La Merced. El frío del alcohol que insensibiliza la mano. Pero sobre todo, las risas y la buena compañía…
El hacer un paro mental para ser consciente de que no querría estar en otro lugar del mundo más que en ese; para ser consciente de que si llevo dos años en este mercado laboral de H.I. es gracias al oasis de la Plaza Niña, a los habitantes (fijos o móviles) de esa suerte de casa de Gran Hermano (sin nominaciones) que es mi hogar choquero. Acá donde todo es posible; donde cada instante es único; donde siempre hay algo con lo que sorprenderse. Donde se ríe a carcajadas, se llora, se habla, se baile y se posa ante la cámara digital. Donde cada desayuno, almuerzo o cena (¿falta algo en la mesa?) son perfectos.

lunes, septiembre 18, 2006

Espacios

Nunca fui una buena anfitriona. Soy consciente de ello, y es algo que lamento profundamente porque disfruto mucho acudiendo como invitada a otros hogares y me gustaría ser capaz de devolver el detalle a mis amigos. Pero nada, no hay forma. Y todo, a pesar del tomo de Recibir en casa, que descansa en algún rincón de mi casa, y que tan buenas risas ha conseguido sacarnos a mi buen Pedro y a mí, con esas dos sesentonas de alta alcurnia que posan algo artificiales en la portada. Todo un descubrimiento.
Pero como decía disfruto mucho ejerciendo de invitada (y espero que no piensen que soy una cara dura), aunque de forma especial en determinados espacios.
Este verano, tuve la fortuna de ser una de las primeras invitadas a la recién construida biblioteca de Pedro. Fue extraño entrar de repente en aquel salón, con sus paredes pintadas de verde (que tanto me molán) y encontrarme con la librería, blanca y maravillosa, con sus libros perfectamente ordenados, con sus velas, el espejo a la izquierda (según se entra), el sofá enfrente, la mesa junto a la ventana, las luces donde deben, las butacas, la alfombra, Don Felipe (el gatito durmiente) los nuevos cojines... y el maravilloso toque del reloj colocado en una de las baldas, como si fuera un tomo más. Tiempo y Literatura, qué más podía pedir un alma perdida como la mía.
Nos atrincheramos en la sala, y estuvimos horas conversando sin mirarnos siquiera a los ojos, que permanecían clavados, inamovibles en la librería (viva Ikea, viva Suecia!)
Este espacio, a modo de salón o a modo de biblioteca, siempre resultó muy familiar... como si me perteneciera y pudiera descalzarme y buscar libros y tomarlos y dar por sabido que podía llevármelos a casa porque así era, verdaderamente.
Supongo que es un logro del propietario y no del mismo lugar...

Existe también otra salita mágica en la que me siento como en casa... Chez Chiqui, pero esta se merece otro post! (También yo, como Pedro, apostaré en este nuevo curso bloguero por la economía del lenguaje).

viernes, septiembre 15, 2006

Sin miedo a nada

Hoy los cielos y la tierra me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol...
hoy lo he visto, lo he visto
y me ha mirado,
hoy creo en Dios

jueves, septiembre 14, 2006

Siempe hay un regreso (y II)

En uno de mis habituales momentos de delirio literario escribí sobre cierto cuadernito de Jordi Labanda: Hoy me siento tan libre como las pirámides de Egipto.
Lo hice en París. Una tarde de marzo paseando por los jardines del Louvre (espero no parecer repelentosa)). El solecillo me daba en la cara y estaba tan bien, tan feliz, tan agustito tirada en el césped que lo primero que me salió fue esa frase...
De aquello hace ya más de dos años, y hacía tiempo que no volvía a tener esa sensación de libertad o (más bien) de paz con el Universo... Pero ahora ese escalofrío ha vuelto, ese pellizco positivo ha regresado, tengo la sensación de tener el corazón en un puño (en el de alguien especial) que lo agarra con fuerza, pero dejándolo latir a la velocidad de la luz... y ahora: el 'dire' parece menos malo; el mundo en general parece más amable; y hasta resulta más sencillo encontrar cierta información... todo parece perfecto, aunque no lo sea...
Pero no toda la felicidad parte de mi interior. Hay un resplandor blanco que recién comienza a iluminar y aclarar estos oscuros tiempos, esta (ya no tanto) amarga espalda del tiempo. Los caminos blancos que se abren entre sus palabras me condujeron a este punto del camino (tan dichoso) y la mitad de cada latir de mi corazón le pertenece... Por todo, que menos que permitir (con su consentimiento) que a vosotros también consiga cegaros con su blancura gandalfiana...

Ya solo quedan las palabras mágicas: pasen, lean y disfruten!!!

miércoles, septiembre 13, 2006

La decisión menos importante

Tomar decisiones es uno de los inconvenientes de la vida adulta. Es uno de los signos inequívocos de que nos estamos haciendo mayores, de que se acabaron, de una vez por todas, los años mozos de loca juventud en los que la vida iba llegando sola y nosotros sólo teníamos que preocuparnos de degustarla, de tomarla, de atraparla. Sin embargo, llegados a un punto del camino de baldosas amarillas van surgiendo los interrogantes

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Y somos nosotros, solicos, solicos los que tenemos que enfrentarnos a ellos. Los temidos interrogantes... Dudas, preguntas, cuestiones... palabras, palabras, palabras...

Ahora comprendo a los concursantes de 50 x 15 cuando decidían plantarse en vez de arriesgar...
Arriesgar no es fácil. Aunque a uno no le queda nunca claro qué es lo arriesgado y qué lo seguro. Se entiende que debe ser lo nuevo, no?
Y aún así, es cierto lo que dice mi buen Paco y escribe mi buen Javier Marías, sólo el tiempo decide qué es importante y qué no, sólo los acontecimientos que se precipitan después son los que clasifican y establecen que tal o cual decisión fue definitiva y que aquella otra (que en su momento creíamos fundamental) no lo fue tanto...
Un noche de fiesta de hace seis años aprendí a no arrepentirme de nada de lo que hiciera o dejara de hacer...
Por otra parte, de mi padre, además de las manos, he heredado cierta tendencia peligrosa al sentimentalismo... así que hoy he decidido que mis días en Huelva Información aún no han terminado. Y que el tiempo hable, pues él siempre ha tenido la última palabra.

lunes, septiembre 11, 2006

Siempre hay un regreso

Hacía 30 días y unas pocas horas que no pisaba el suelo de imitación de madera de la redacción del periódico, y ha sido una sensación muy extraña volver a encontrarme con esta luz artificial y con la pantalla de mi ordenador, que parecía mirarme desde lejos... Siempre hay un regreso, resuena en mi cabeza la canción de Calamaro...
La vuelta 'al cole' está siendo menos traumática de lo que pensaba y eso que este lunes es el primer Lunes de Feria que paso fuera de los límites de Aznalcóllar; que nadie me mal interprete, no soy una fanática pueblerina, pero en este tipo de situaciones uno se siente como descolgado del mundo, de nuestro mundo cercano, y es como si de repente pasara a otra dimensión, a otra realidad, a una suerte de espalda del tiempo si bien mucho menos amarga que de costumbre. Las vueltas, los regresos son siempre muy peculiares, pero, sobre todo, nunca son como los imaginábamos.
Más allá de mi regreso al trabajo, a los quehaceres diarios (tristes y alegres), hay otro regreso que todavía brinca en mi cabeza y que consigue, sin previo aviso, acelerarme los latidos del corazón...

No, las cosas nunca suceden como las habíamos proyectado en nuestra mente, a veces, todo va mucho mejor en la realidad que en el celuloide de nuestra cabeza!!!! A veces, nos convertimos (de verdad, de la buena) en los protagonistas de una película con final feliz, y es entonces, sólo entonces, cuando uno no puede borrar una tonta sonrisa del rostro y cuando, a pesar de que lo lógico sería guardar silencio, nos apetece gritar a todo el mundo, a todo pulmón, que la felicidad ha vuelto a pasar por la puerta de casa, y no sólo eso: ha llamado al timbre, se ha colado hasta la salita y se ha sentado en el sofá a acariciarnos el rostro, mirándonos con una inagotable sonrisa, con el único deseo de que no existiera nadie más en el mundo... sólo dos.

sábado, agosto 26, 2006

Largo verano de noviazgo

Escribo por vez primera desde un ordenador que no es el del periódico. Esto es bueno; esto es que ando todavía de vacaciones por estas tierras mías que si bien no me vieron nacer, sí crecer, y espero que no me vean multiplicarme, no al menos de una forma natural... pero bueno, como diría mi buen ángel, esta es otra historia.
El sol cae por Aznalcóllar. Todo parece en paz. El salón de Pedro, recientemente convertido en Biblioteca, se ha convertido en mi particular oasis y tabla de salvación a estos días de pueblo tan deseados y temidos a la vez. El terrible sigue montado (dicen las malas lenguas que se quedará para la Fuente Clara) y Don Felipe, el gatito duerme en algún lugar de la casa. Tiene los ojos azules como su dueño, y permanece dormido sobre la palma de tu mano, no hay terremoto o barreno que lo saque de sus sueños... Paula grita mi nombre sin necesidad de pensarlo y me echa los brazos para que la coja y le cante canciones. Va a ser artista. En la familia nos lo tomamos con calma, pero no hay duda de que el cante y el baile serán lo suyo. El chiringito del moro prepara esta noche su fiesta de despedida del verano... uff! Y desde mi habitación sube a veces el sonido de los cascos de un caballo sobre los mal colocados adoquines de mi pueblo... mis perros ladran con el mínimo sonido... y ahora tengo que dejar de escribir porque mi buen Pedro ya ha bajado desde su habitación y trastea a mis espaldas buscando una de nuestras largas, divertidas e inagotables conversaciones.
El príncipe de mis días lejanos sigue abriendo interrogantes... pero esa es también otra historia.

viernes, agosto 11, 2006

Me voy pal pueblo, hoy es mi día


Cuando somos infelices, buscamos la felicidad lejos. Cuando estamos perdidos, viajamos y viajamos, intentando encontrar el camino de baldosas amarillas que nos lleve de vuelta a casa, ignorando, como una nueva Dorothy, que tan sólo necesitábamos golpear tres veces nuestros tacones rojos de rubí. Esos que hemos llevado siempre.

jueves, agosto 10, 2006

Un cuento

Por la mañana, la terraza no parecía la misma.

miércoles, agosto 09, 2006

Negra espalda del tiempo

mi negra espalda del tiempo está hoy más negra que nunca...

Dice Javier Marías que la esencia del Tiempo es precisamente que pase, que transcurra y que se agote, que se pierda... aunque sea eso, precisamente (otra vez), lo que nos aterra, lo que nos hace temblar ante las fotografías en blanco y negro y ante las afiladas e imbatibles agujas del reloj.
Dice Javier Marías que su paso no es ni una amalgama caótica de segundos, ni un tajo firme sin astillas...
Dice Javier Marías que la escena que mejor lo define es la de la batalla invisible que mantiene la luz natural de un amanecer, con la artificial, con la de las farolas que cada noche permanecen encendidas, y que aún lo siguen estando, incluso cuando el sol ya ha salido. Éste las ignora, y así ellas tienen aún un instante más para hacerse a la idea de su acabamiento (maravillosa palabra). Así es el paso del tiempo, dice. Y así debe ser...
Sin embargo, ocurre que a veces uno tiene la impresión de que hay cosas que nunca van a cambiar. Que hay vidas inagotables, capítulos para completar un número infinito de exitosas temporadas. Lo creemos, nos lo hacen creer, pero son solo treguas. Más aún, cuando nada es tangible, ni real, cuando esa vida que creemos eterna se ha creado en un cosmos virtual, lo cual (sé que no te gusta) nos lleva de la mano irremediablemente al universo de lo efímero.
Todo camina despacio hacia su destrucción...
Supongo que este blog también, y supongo que llegará su día, como parece que le ha llegado a Mi puta vida.
Y sin embargo, dice Javier Marías también, que duramos menos que nuestras intenciones, así que, mi querido Jose, te anuncio y te avierto que a pesar de tus siete candados, hay asuntos (como hay heridas) que nunca se pueden cerrar, y que permanecerán sobre la tierra más que incluso nosotros, que tú y que yo, aunque sea vagando por la negra espalda del tiempo.

lunes, agosto 07, 2006

La becaria y el archivero

En la pequeña habitación que ejercía de Archivo, el enorme cadáver parecía más que nunca un ser grotesco, como un peluche gigante, de esos que tocan en las ferias y que obligan a uno a pasearse con cara de imbécil por todo el recinto.
En aquella postura, con la espalda apoyada en una de las estanterías, las piernas estiradas y ligeramente abiertas, y todo el cuerpo un tanto inclinado hacia la derecha, parecía un borracho de vino tinto durmiendo el último empache. Solo un hilo de sangre delator que se deslizaba desde la boca hasta la garganta hacía pensar en la muerte.

Está muerto, dijo de repente una voz a sus espaldas.
El archivero se giró y miró seriamente a la becaria. Hacía a penas unas semanas que había llegado a la redacción de aquel periodicucho y ya se tomaba la licencia de colarse en su territorio, sin ni siquiera llamar a la puerta. ¿Cómo iba a permitir eso?
¿Qué haces tú aquí?, preguntó hostil, tanto que la joven retrocedió unos pasos. No hubo respuesta. La niña miró de nuevo al muerto, con el terror en sus ojos. Pero qué haces, no te conviene asustarla, cayó en la cuenta de repente. Ya lo ha visto. Ha visto el cuerpo. Pensará que has sido tú, y saldrá corriendo a avisar al resto. Estarás en la calle en menos de un segundo. ¿En la calle? ¿Qué dices? Te mandarán a prisión.
Un sudor frío apareció en la frente del responsable de Archivo. No es lo que parece, murmuró, sin saber muy bien cómo iba a demostrarlo.
La becaria volvió a mirar el cuerpo y recordó su primer día de trabajo. Aquel hombre que ahora parecía indefenso le había gritado, insultado; se había burlado de su trabajo, de su forma de escribir. Y a plena voz, para que todo el mundo pudiera enterarse. Desde entonces, un día tras otro de humillaciones; cada vez más crueles. Y así, tres semanas completas, mañana y tarde, con sus noches en vela, de tanto llanto. Para colmo, fingiendo frente a sus padres que estaba contenta con sus prácticas. Ellos estaban tan orgullosos.
No he sido yo, lo he encontrado…
No me interesa
, dijo de repente la joven, con una voz firme que sorprendió al archivero.
Este muro es ancho, ¿no?, preguntó sin ninguna expresión en su rostro. Regresaré esta noche, trae un buen pico y un poco de cemento, y mientras tanto asegurate de que no entra nadie en esta habitación. Luego regresó a su asiento, y con una sonrisa empezó a escribir.
Aquella tarde, todo el mundo la felicitó por su reportaje.

lunes, julio 31, 2006

D&P

Cuando abrieron la puerta del despacho de la vietnamita, una oleada de protestas sorprendió a los dos jóvenes estudiantes de Periodismo. Decenas de alumnos se agolpaban en el estrecho pasillo de aquel Gonzalo (de) Bilbao, malhumorados, deseosos de que hubiera llegado ya su turno en el patético trámite que era toda revisión de exámenes, trabajos o prácticas. Sin embargo, no había podido ser. Otros dos estudiantes habían entrado (chico y chica) y sólo después de una hora el pomo volvió a girar en la dirección contraria a las agujas del reloj para dar vía libre a la revisión de la vietnamita. Una hora!!! Es que se habían vuelto locos???
No pudieron hacer otra cosa que abuchearlos al verlos salir, al fin, con una sonrisa un tanto histérica, contenida, juraría, si no fuera porque en menos de un segundo los dos compañeros habían atravesado el pasillo, rehuyendo de las malas caras, y habían desaparecido de su vista sin darle lugar a profundizar en sus rostros.
Dejaron atrás el reguero de estudiantes al borde de un ataque de nervios, y al fin, en el primer descansillo que encontraron, allí mismo, delante de la puerta de acceso a la claraboya de aquel rocambolesco caserón convertido en facultad, se fundieron en un abrazo triunfador. Rieron a carcajadas disfrutando de su victoria. No podían creerlo... aquella sería sin duda su gran hazaña.
Vieron pasar las últimas 24 horas delante de sus ojos como si de un par de moribundos se tratara...
Primero, el descubrimiento del suspenso. Luego, el reconocimiento de que lo merecían, de que se habían inventado cada párrafo de aquel trabajo, en teoría, estadístico. Y finalmente, el convencimiento de que pasara lo que pasara, dijeran lo que dijeran, aquel escuálido 3 se convertiría en un maravilloso aprobado. Aquel juramento firmado con sangre, minutos antes de acceder al despacho de la vietnamita, fue poco a poco tomando forma. Hasta que el conjuro mágico se hizo realidad: "Bien, estáis aprobado, pero sólo os puedo poner un seis, si queréis el notable traedme un nuevo trabajo en septiembre". ¿Sólo un seis? Habían mentido como bellacos, y en vez de remediarlo, en vez de que aquel suspenso fuera su particular cura de humildad, habían decidido mentir más... y mejor. Y lo habían conseguido. Una menos. "Un seis", rieron. Aquello era mucho más de lo que esperaban.
Tras mirarse un instante a los ojos brillantes, volvieron a abrazarse... Aquello sin duda, era digno de una buena merienda en el merendero. Aquello sin duda, sería digno de ser recordado muchas más veces, cuando ya, con el título bajo el brazo, se encontraran en diferentes ciudades. El brillo en las miradas siempre volvía a aparecer. Aquel fue uno de los momentos más felices que compartieron en la Facultad de Ciencias de la Información. Aunque no fue el único, hubo muchos más...

sábado, julio 29, 2006

La generación perdida

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me dismimuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblan por tí.

John Donne

viernes, julio 28, 2006

No podía faltar

Hoy los cielos y la tierra me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy he aprobado el práctico,
hoy creo en Dios...

Queer as Folk (y II)

Sé que para algunos esta tendencia al enamoramiento empieza a ser preocupante...
Todo empezó el martes pasado, cuando la falta de sueño, la soledad, la curiosidad y el calor me dejaron delante de la tv más tiempo del habitual.
Ya era madrugada cuando comenzó Queer as Folk.
Por fín, la famosa serie gay de Cuatro está a mi alcance, pensé.
Me acurruco en el sofá y me sumergo de lleno en la trama de amigos gays, que sólo buscan lo que todos: un poco de amor. Y de repente, ahí está, divino de la muerte, guapísimo, con el perfil más maravilloso de la historya de Hill Valley, con la boca, la nariz y la mirada más sugerentes.
Terriblemente PERFECTO, y, para mi desgracia, terriblemente GAY.
Aún así, paso de convencionalismos, y me dejo llevar por la pasión... el tio es un sueño hecho realidad, dejo que la trama de la serie me enrede, dejo que las miradas de Brien calen en mi imaginario para hacerlo formar parte ya de mi realidad. En fin, sufro el proceso habitual de enganche a una serie... nada novedoso. Los síntomas son ya conocidos: ansiedad mientras llega el día en que la emiten, entusiasmo al ver el primer frame en el que aparece tu personaje favorito, rabia cuando aparecen los títulos de crédito y uno se da cuenta de quedan siete largos días con sus noches hasta que vuelva a llegar el momento redondo... la contemplación de Brien, el gay duro, que luce como nadie unos vaqueros y camiseta blanca, o un traje de Armani.

Sé que muchos tienen en la punta de los labios un nombre, un rostro: el de Lucas. A ellos que esperan escucharme decir que ahora que los capítulos de Los hombres de Paco son repetidos voy a aplicar el famoso dicho: A Rey muerto, Rey puesto... A todos vosotros, lo siento, porque eso jamás va a ocurrir.
Lucas es mi amor. Es ternura. Será el padre de mis dos pequeños, mi chinita y mi rusito. Será el que me abrace cada mañana, y el que me prepare un zumo de naranja bien fresquito, el que me lleve al cine y a pasear por el parque... el que ponga mis canciones favoritas mientras viajamos en coche...
A Brien sólo lo quiero para el sexo.

domingo, julio 23, 2006

Lectura recomendada para el verano

Sé que muchos de los que se pasean de vez en vez por esta negra espalda del tiempo, visitan la puta vida (que para nada es así) de mi buen Jose. Aún así, no quiero dejar pasar la ocasión de recomendaros un post en especial, continuación de otro que dejé yo por este desierto de arena, y que la buena Zarzamora tuvo en continuar... Si lo prefieren, lean primero ¿a qué huelen las nuebes? en este humilde rincón (incluido el primer comentario) y luego acudan a disfrutar con http://mividaputa.blogspot.com/2006/07/3-parte-del-post-qu-huelen-las-nubes-y.html


Pasen, lean y disfruten

miércoles, julio 12, 2006

¡Qué noche la de aquel día!


Me acuerdo viendo esta foto de la película La Playa. Film menospreciado por la sociedad y que sólo Jose y yo hemos sabido apreciar, verdad amore? Y todo, porque Leonardo Di Caprio no es el mejor actor del mundo, y todo, porque salía como si estuviera dentro de un videojuego... pero bueno, es que estaba super colocadooooo!!!!! Además, es un reflejo estupendo de la sociedad, de cómo es el ser humano, con su propia forma irremediable de ser, el que lo corrompe todo, el que siembra el mal y el desprecio por el prójimo incluso en la isla más paradisíaca (Kavafis tiene un poema maravilloso relacionado con esto, lo publicaré en breve aquí).
En fin, que me acuerdo del maravilloso final: el Leo que llega a un cyber y tiene un mail de la francesita (es una historia un poco larga, omito detalles) con la que también vivió en esa playa escondida en la que un grupo de personas de diferentes lugares del mundo intentó fundar un poblado perfecto. Sólo felicidad. Ese era el gancho, esa era la esperanza, ese era el imposible...
Tras el fracaso estrepitoso, digo, Leo llega a un cyber y ve que tiene un mail... un archivo adjunto, una foto. La foto...
Aparencen todos, en aquella playa celestial, increíble, sonriendo, felices, dichosos a más no poder. La foto representa el instante perfecto de carpe diem que sólo duró eso, un instante, un segundo, un click. Porque después todo se precipitó hacie el desastre.
Bueno, con esto no quiero decir que se avecine el desastre, la perdición, la infelicidad, pero sí, que hay momentos que son irrecuperables. La fotografía tiene esa mágica capacidad. Capta el segundo que no regresa nunca y hace que nada más tenerla frente a nosotros, aunque la imagen sea de a penas hace un mes, sintamos que ya lo hemos perdido.
También me acuerdo, del Club de los poetas muertos, película que cambió mi vida, mi existencia, y de esa maravillosa escena en la que el profesor de literatura se lleva a sus adolescentes alumnos a mirar de cerca las fotografías viejas de la escuela, en la que aparecen los otros, los otros estudiantes, los que ya murieron, los que ya están arrugados como pasas, sólo que se les ve jóvenes, llenos de vida y de proyectos por hacer. "Como vosotros", les dice, y mientras los niños con ojos como platos observan esos rostros del pasado, el profesor susurra a sus espaldas... Carpe diem, carpe diem...

Últimamente atrapo más días que en toda mi vida (aunque quizás sea injusto para mí decir esto) y la fotografía de arriba es un buen ejemplo de los buenos instantes que me llevaré...

martes, julio 11, 2006

Sin título (por el momento)

Lucas observó el juego de luces del Polo Químico y volvió a sentir que algo se volcaba en su interior. Había algo escondido en aquel horizonte de luciérnagas de chatarra que lo inquietaba y atraía a la vez. Había paz y guerra, tranquilidad y desasosiego en aquel paisaje en el que el constante vapor de agua suavizaba las luces de color amarillo, muy brillantes. Había regresado a la ciudad atraído por una fuerza que ni él mismo era capaz de comprender, y ahora, asomado a la ventana de aquella diminuta pensión de la plaza Niña, entendió que todo estaba allí, frente a sus ojos. En el Polo Químico de aquella Huelva, infierno y paraíso, puerta del bien y del mal.

A su derecha, la Ría asistía en silencio a su propia destrucción. El Muelle del Tinto extendía su brazo hasta el centro del agua.

El joven agudizó la vista, y descubrió entre la madera a una mujer. Una figura quieta, pequeña desde su perspectiva. No había duda, era ella. Sólo podía ser ella. Lucas forzó sus sentidos desde la ventana de la plaza Niña y se encontró con el rostro oriental de Asia, mirándolo desde lejos.

domingo, julio 09, 2006

Patriice, de los diez días o ya nuestra vida es tiempo

Ayer,mientras el joven periodista de la compentencia me llevaba amablemente a H.I. en su flamente nuevo golf azul cielo (con tapicería en beige), dije "tenemos la desgracia de trabajar en un mundo en el que sólo necesitas un mes para desencantarte". Así lo dije, y así lo pienso. Porque mi grado de decepción del mundo periodístico (que no del periodismo, ojo!) es ahora el mismo que cuando cumplí mi tierno segundo mes de becaria hace ya la 'solera' (jeje, esto tiene historia) de dos años. La única diferencia es que estoy un poco más cansada, pero por lo demás no requerí de mucho tiempo para saber que la asquerosa clase política se cuela en todas partes, como el fútbol, aunque sin dejar hermosas reflexiones como las que pueden extraerse del balompié (remito al post 'Oh, capitán, mi capitán' gracias al que me he hermanado con el deporte rey) y para saber que los señores oscuros existen, que hay mala gente en el mundo que sólo disfruta haciendo sufrir al prójimo. Y que no hay excusas para ellos, con esos tipejos no puede decirse "es buena gente, pero tiene sus cosillas". No. Directamente, no son buena gente. En vez de corazón tienen un pasa oscura, diminuta, repugnante que intenta latir en vano...
Pero me estoy metiendo en cerros que no buscaba... Lo que quería explicar en este post es una de las caras menos tórridas del ejercicio del periodismo, a saber, una nueva forma de vivir el Tiempo, que no es ninguna minucia.
Escribimos el miércoles hablando del jueves, lo que acaba de ocurrir es pasado para nosotros... el hoy pasa a ser ayer en una tarde...los días de fiesta son laborales; el viernes puede ser lunes.
Hoy, mientras escribo esto, es domingo para el resto de los mortales. Para mí, sin embargo es viernes, un viernes que en vez de dar paso al sábado, al fin de semana, dará la bienvenida a un nuevo lunes, la semana que vuelve a comenzar sin weekend, ou pas?
Efectivamente, para los que lo hayan vivido en sus propias carnes, me encuentro en pleno turno largo, que decimos por aquí. Así pues, durante esta semana y hasta que el próximo viernes vuelva a ser viernes para mí, por favor, llámenme Patriice de los diez días...

viernes, julio 07, 2006

Oh, capitán, mi capitán

Tenía pensado escribir algo sobre Javier Marias, mi real amado, con motivo de su ingreso en la RAE, donde ocupará el sillón R y donde se encontrará a Pérez Reverte, qué emoción. Como cuando eran vecinos de página en El Semanal, y se lanzaban mensajes uno al otro... En fin, lo tenía pensado, digo, pero he decidido aplazarlo, un poco más, y a cambio, para que la sombra de Marias empiece a adquirir consistencia en este blog, y poco a poco deje de ser un fantasma y pronto ocupe el trono que merece... Para todo ello, dejo aquí uno de sus artículos... Quizás sorprenda la temática elegida, pero viene a cuento y es ejemplo de por qué lo adoro tanto, y de por qué pienso que es el mejor escritor en lengua española que tenemos en estos momentos, y si alguno considera que su escrito no es ejemplo suficiente... bueno, será entonces que mi pasión por él, como no podía ser de otra forma, es irracional... como el fútbol.

Lean, lean y disfruten...


El misterioso alivio del fútbol

La maldición de las dos semanas de antelación con que escribimos en EPS se hace especialmente grave cuando uno sabe a ciencia cierta que el momento en que ustedes lean estas líneas no tendrá nada que ver con el de su redacción. Cuando yo las escribo, España tan sólo ha jugado su primer partido del Mundial, la rotunda y prometedora victoria ante Ucrania. Cuando les lleguen, estarán a punto de disputarse las semifinales del campeonato y, si nuestro equipo observa la tradición, habrá caído en octavos, o a lo sumo en cuartos de final, y la excitación de hoy parecerá cosa ingenua y remota. Ojalá no sea así, aunque no quiero ni imaginar cómo estarían los ánimos patrióticos si España continuara en liza el 2 de julio (y menos con esa pesadilla de locutor llamado Andrés Montes). Pero insisto, ojalá la tradición se haya quebrado: vale la pena soportar unas semanas de desmedida exaltación a cambio de dos ventajas. Una es sólo futbolística, ya que el Mundial resulta mucho más divertido para los países cuyas selecciones sobreviven hasta casi el final. La otra tiene que ver con el clima social y político, y en ese sentido no comprendo a quienes echan pestes de esta clase de acontecimientos. Es extraño y un tanto pueril, en efecto, pero lo cierto es que cuando ganan los equipos de fútbol de una ciudad o de un país, sus ciudadanos están más optimistas en general, y de mejor humor, y más distraídos que de costumbre, y más propensos a mostrarse amigables los unos con los otros, hasta con quienes los han agraviado o les caen fatal. Hay una tendencia a la armonía, o por lo menos al aplazamiento de las disputas. Como si se declarara tácitamente una tregua, que además podría influir en la reanudación o no de los combates.
Y España está tan necesitada de treguas que sólo puedo desear que los jugadores de Luis Aragonés no se hayan visto obligados a regresar ya de Alemania. Hay quienes se quejan de que durante treinta días no se oiga hablar más que de fútbol, y los entiendo en parte, si no les interesa ni gusta este deporte. Pero deberían tener en cuenta el alivio que para todos supone, incluidos ellos, que a lo largo de un mes nadie haga caso del Estatut soporífero, y poco de Batasuna y ETA, y que las ruidosas gárgaras de Rajoy, Zaplana y Acebes parezcan aún más dementes e intempestivas que por lo regular, y que las tonterías soltadas en reñida competición por el socialista Blanco y el popular Pujalte caigan en el más absoluto vacío de su tontuna; que las malas pulgas de Carod-Rovira le piquen tan sólo a él, y que las megalomanías y mezquindades de cada región (es un término impreciso, sí, pero no tanto como el sobado “nación” –a estas alturas dudo si yo mismo no seré una, sin querer–, no digamos esas acuñaciones fantasmagóricas como “realidad nacional” o “carácter nacional”) sean desoídas por la gran mayoría y ni siquiera irriten; que los locutores venados y los columnistas fanáticos del desmembramiento se vean forzados a hablar de Casillas, Torres, Xavi y Puyol para no quedarse sin oyentes ni lectores, y que además no los puedan insultar; que los nefastos Ayuntamientos ávidos, a los que para nuestra desgracia se les ocurren ideas sin cesar (con preferencia criminaloide por las obras públicas superfluas) se queden semiparalizados y sin sus iniciativas dañinas … No me digan los antifutboleros que a cambio de todo esto no merece la pena aguantar treinta días de inocua obsesión por el balón. Es más, creo que hasta ellos aprobarían que se celebrase un Mundial cada dos o tres años, en vez de los preceptivos cuatro. No sé si se han dado cuenta, pero cuando se jugó el anterior, en el 2002, aún ni se preparaba la Guerra de Irak, o no en voz alta. Eso da idea de lo lejos que queda.
El fútbol debería dar más que pensar. Pocas cosas hacen que millones de personas salten a la vez de alegría, en los estadios y en sus casas, por algo en lo que de hecho no han tenido participación –un gol– y que en modo alguno va a afectarles, para bien ni para mal, en sus vidas y problemas personales. Quien está en el paro lo seguirá estando al día siguiente; a quien ha perdido a un ser querido no va a volverle ese ser; quien se pudre en una cárcel no saldrá de ella por eso; quien vive perseguido o amenazado continuará así; y, de la misma forma, el rico no se arruinará porque su equipo pierda, ni el que acaba de ganar unas elecciones se verá destituido, ni el feliz recién casado asistirá a la destrucción repentina de su matrimonio. Y sin embargo los desdichados se pondrán contentos si su equipo vence (qué digo, darán brincos de júbilo), y los afortunados se pondrán mohínos si es derrotado (qué digo, cuántas lágrimas no habrán visto resbalar los estadios). Es inexplicable, de acuerdo, luego algo misterioso, y respetable por tanto, tiene que haber en el fútbol. Algo que lo asemeja a la literatura, al cine, a la música, que también son capaces de hacer reír, exaltarse, apiadarse, lamentarse y hasta llorar por historias y personajes y acordes que nada cambian de nuestra realidad, una vez que se cierra el libro o se encienden las luces o se hace el silencio. O quizá es que sí cambian algo, cuando tienen eco, lo mismo que en nuestra retina un inmenso gol sobrenatural.

JAVIER MARÍAS

viernes, junio 30, 2006

Jordi Labanda, amore mio

Creo que ha sido la loca de la casa en su blog, la que hablaba de cuadernos, libretas y la que dio pie a que muchos de nosotros confesaramos nuestro amor desesperado por este artículo de papelería. En el comentario que le deje en el mencionado post, confesé que me pirran los diseños de Jordi Labanda. Atesoro ya una agenda, un par de cuadernos y un juego de pluma y bolígrafo que es la envida de la redacción (güeno, quizá exagere)... tendría más, pero es que el jodido es caro. En fin, por compartir y un poco por romper el tedio de esta mañana de trabajo (hasta la tarde no tengo convocatoria), dejo aquí una fotografía para que podáis apreciar el encanto de mi libreta mayor.

Momentos redondos...

El miércoles tuve un curioso dèjá vu...
Salí tarde del periódico, como de costumbre, especialmente esos días en los que por algún motivo especial quiero salir temprano. Aquel día mi motivo especial era Lucas. Sí, sí, el de Los hombres de Paco.
Entré por la puerta de mi coqueto piso, sito en la Plaza Niña, a eso de las once de la noche, es decir, con el capítulo ya empezado. Mi compañera, otra fan de Lucas, aún estaba estudiando. Así que cuando llegué prácticamente nos lanzamos sobre el sofá, pensando si ya nos abríamos perdido alguna escena de las emocionantes, de esas en las que el hombre en cuestión mira como de soslayo, con furia en sus ojos, tan guapo, tan espléndido todo él... único. Cogimos unos cuantos roscos, un poco de queso y algo de paté, y pasamos de prepararnos nada de cenar. Lucas era nuestro alimento aquella noche, el único nutriente que necesitábamos... así que nos limitamos a entregarnos al capítulo que, por cierto, terminó con un to be continued o, más bien, un seguirá... dejándonos hundidas en la porca miseria, pensando que a veces una semana puede ser una eternidad, como lo puede ser una noche, no?
Pasado el sofocón... de vuelta a la cama... me pareció que el momento que acababa de vivir, ya lo había vivido antes, y no me refería a la semana anterior.
Un instante de esos perfectos. De esos en los que nada de lo que sucede fuera de la habitación en la que te encuentras importa, porque tienes todo a tu alcance: la serie o la película que quieres en pantalla, el mando cerca, agua, comida... te acomodas en el sofá o en la cama, y piensas, todo está bien, todo es perfecto.
Yo vivía esas situaciones. Los sábados por la noche, cuando tenía 12 o 13 años, no me acuerdo, y echaban la Doctora Quin. Sí, lo sé. Sé que es una serie algo ñoña, que muchos detestaban, pero a la que yo me enganché vilmente. Y sí, piensan lo correcto, también me enganché a su protagonista. Recuerdo que empezaba a eso de las 21.30 o 22 de la noche, y yo engañaba a la pandilla, diciéndole que tenía toque de queda y que tenía que marcharme del recre (la sala de juegos, lugar de encuentro de los sanos adolescentes que éramos entonces) porque me daba vergüenza decir que volvía a casa para ver una serie. Cosas de la edad.
Llegaba con el tiempo justo. Me iba a la habitación. Y empezaba el ritual. Coger la tele chica del cuarto de mis hermanos para llevarla a mi habitación. La posición adecuada, el ángulo perfecto para que yo pudiera ver la serie sin problemas incorporada en mi cama. Un vaso con agua, y un paquete de patatas de esas light o pasteurizadas o como se diga. La serie comenzaba y el momento era perfecto. Estaba allí, sola, y nada de lo que pudiera estar pasando fuera me importaba...
Por suerte, esto sólo ocurría una vez en semana. Creo que si hubiera tenido un momento diario de aislamiento como ese no hubiera crecido siendo una persona normal...

Adjunto dos fotos: Una de Lucas, que la otra que metí se veía muy mal, y otra del prota de la Doctora Quin, el medio indio... Al final, sólo la de Lucas, que del otro, no encuentro ;(
Anuncio de última hora: gracias a la inestimable colaboración de la pequña Ácates del Puerto he podido reeditar este post con una foto del otro, del de la Doctora Quinn. Gracias.

lunes, junio 26, 2006

Hay tareas de las que no podemos prescindir. Están ahí. En un trozo de papel a cuadritos, desgajado de algún cuaderno... Quizás estratégicamente colocado en la puerta del frigorífico de la cocina gracias al poder del iman para que podamos ver la caligrafía algo infantil que nos recuerda un día tras otro que todavía hay algo pendiente. Que hay una minúscula sombra que oscurece nuestras horas de sueño.
No, hay destinos de los que uno no puede escapar. Hay post que no pueden evitarse.

Fue a principios del mes de junio, cuando, a propósito de la crónica anunciada que fue la muerte de Rocío Jurado, escribí algo sobre nuestras formas de abandonar este mundo. Mi tardanza en colgarlo en la Red hizo que decidiera renunciar a hacerlo. Sin embargo, estos días atrás he reflexionado que en un blog como este, que en esta negra espalda del tiempo, el concepto de actualidad es absurdo. Precisamente lo que caracteriza a este desierto es la ausencia de... De todo: segundos, horas, minutos, años y siglos, también. Para colmo, hace una semana retomé, sin ninguna intención más que la de terminarlo, mi lectura de 'Las intermitencias de la muerte'. Lo último que tengo por casa de Saramago, por lo que el tema de la muerte regresó a mi vida (lo digo para aquellos colegas a los que no haya convencido con la idea de la atemporalidad del blog).
Así pues, helo aquí.


Otoño en primavera*

Con esto de asistir a su muerte en directo (la de Rocío Jurado), la otra noche intenté imaginar qué pensaría yo si supiera que voy a morir. Que voy a morir en breve; que ya no hay tregua para mi cuerpo; que el final está cerca. Obviamente mi esfuerzo fue inútil. No pude imaginar, ni por asomo, lo que la más grande podría estar pensando, por ejemplo, en esa última imagen que los medios ofrecieron. Con esa extrema delgadez, tan contraria a ella; con aquel chandal verde agua, ya para siempre presente en nuestras memorias. A pesar de todo ella sonríe y saluda a la prensa... Sin embargo yo no puedo evitar imaginar una voz en su interior que le repite una y otra vez sin descanso "este es el final, este es tu final". Hay certezas que sólo se tienen una vez en la vida, aquella era la última vez, y ella lo sabía. Por eso, alargaba quizás cada gesto que repetía en los últimos tiempos. Prolongaba las sonrisas, los abrazos, retenía más tiempo del habitual a los suyos...
¿Ventaja o infortunio?
Debe ser abrumador. Debe ser larga y cansada la despedida de nuestra propia existencia. Debe ser desolador pensar y sentir (la certeza) que uno no va a volver a... cenar con la familia, pasear a solas, leer un libro, besar a la nietecilla, al esposo, acaricar al perro, comerse un bocadillo, tomarse un café a las 6.30 mientras amanece, cantar en la ducha, o pedir cinco minutitos más al despertador... ¿la próxima Navidad? No, tampoco. ¿No estaré? No estarás.
Y sin embargo, debe ser igual de desolador no saber, no tener la certeza de que el final ha llegado. De que fue absurdo decir Hasta mañana y hacer planes para el mes siguiente.
Hace más de un año vi a Ángel Serradilla salir de la redacción del periódico con un escueto adiós. Lo dijo con un acentuado tono entre burlón y chulesco, tan característico en él, que además venía a recordarnos que él se marchaba de vacaciones, y el resto no. A nosotros todavía nos esperaba el trabajo del día siguiente...
Un minuto antes de ese adiós, acababa de entregar su página terminada. Acababa de repetir el gesto que resume, como ningún otro, la cotidianidad del redactor: el punto final en la última columna, el titular cuasi perfecto, la publicidad colocada y la foto firmada... todo listo para que la mano del periodista deje caer su trabajo del día en una de las bandejas de edición. Acababa de repetir ese gesto, digo, sin saber que era el último.
Recuerdo muy bien aquella escena porque esa tarde yo pretendía salir temprano (quería ir a un partido de baloncesto) y pensé al verlo: Si Ángel se marcha, también yo puedo hacerlo, a pesar de que fuera relativamente temprano para salir y todavía la mayoría de compañeros tuvieran trabajo por delante.
Salió Serradilla por la puerta, y un par de minutos después me fuí yo, pensando en mi partido, sin intuir que aquella vez era la última. En realidad nadie lo supo. Ni siquiera él. Nadie sintió ningún pellizco en el estómago mientras lo escucharon marcharse; nadie tuvo ninguna corazonada. No hubo certezas... ninguna voz, en ningún interior susurró con voz quebrada es la última vez.
Ahora sólo nos queda juzgar qué puede ser mejor: ¿quieren despedirse o prefieren salir de este mundo pensando que volverán mañana? No sé, quizás sea más apropiado no pensar en nada... o quizás esté equivocada... quizás sí haya avisos, quizás haya señales, aunque no hayamos sido educados para verlas.
*Este es título que eligió el director de H.I. para su textillo de despedida de Serradilla en la contraportada del periódico.

lunes, junio 19, 2006

La insoportable levedad del ser

Recuerdan 'El amor perjudica seriamente la salud'. La película de Pe, Ana Belén, Gabino Diego y otro que no me acuerdo, que narra el periplo amoroso de un hombre y de una mujer desde que se conocen en su juventud hasta su madurez... Es divertida, yo la ví en el cine de verano de mi pueblo y me gustó mucho, la verdad.

Pongo en antecedentes: ellos se conocen durante la famosa visita de los Beatles a España. Ella es una loca loca fan y él, el botones responsable del hotel donde los músicos se están alojando. Idas y venidas, ella que trata de colarse en la habitación de Lennon y él que trata de impedirlo... En fin, puede decirse que los Beatles propiciaron un extraño romance entre estos dos, después maduritos, jóvenes.
La trama de la película puede resumirse en un 'Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedios'... Y en uno de esos 'ni sin tí' asesisan al pobre Lennon.
Los dos muy entristecidos por la pérdida, acuden, cada uno por su lado, sin saber que el otro también lo está haciendo, al famoso hotel en el que comenzó todo. Es la escena que más me gusta de la peli. Supongo que ambos sienten que han perdido algo, que una parte de su juventud se ha muerto con Lennon, y entonces toman conciencia de que, en verdad, hay cosas que se pierden para siempre, y de que la búsqueda del tiempo perdido es inútil. Tempus fugit irreparabile.
Ayer volvieron a echar en Cuatro el último episodio de Friends. Ya lo ví en su momento, de hecho ayer me lo perdí por culpa de mi encantador trabajo... Pero recordé de nuevo la tristeza, la nostalgia que me embargó cuando contemplé el piso de Mónica vacío; para ellos, el tiempo había pasado también y dejaban atrás una parte de sus vidas irrecuperable... Me sentí como los protas de esa película cuando asesinan a Lennon, tomando conciencia de que hay cosas contra las que no se puede luchar. Es la insoportable levedad del ser, no?
Sé que sólo es una serie de televisión norteamericana y que puede parecer algo superficial sentir apego por ella. Pero Friends significa instituto; significa tardes de deberes que nunca llegan a hacerse; juegos; paisajes que llegan a ser tan familiares y que sin embargo, ya no nos pertenecen, en realidad, nunca lo hicieron del todo; rostros a los que ya no acompaña un nombre; notas clandestinas en el margen de los cuadernos, que a veces ya no entendemos bien a qué hacían referencia; apuestas con pago todavía pendiente... Es tanto lo que se pierde, dice Javier Marías. Y tiene razón.

Todos y cada uno de los capítulos de la serie me han hecho pasar divertidísimos momentos. Cada anécdota, cada gesto, cada peculiar personaje forman parte de mi imaginario, e incluso, a veces, he creído vivir en mi propia carne lo que antes les ha sucedido a ellos... ¿Estás borracha? Lo suficiente para saber que quiero hacerlo y no tanto como para que te tengas que sentir culpable... Pero, y por seguir con las series (aunque ni punto de comparación), Nada es para siempre...

Una nueva bienvenida

Aunque me resulta algo pretencioso por mi parte recomendar blogs, no voy a dudar en remitiros a esta nueva creación, que viene a confirmar que, efectivamente, siempre hay algo nuevo que aprender de quien nos rodea.
Tras esto sólo me queda por decir las palabras mágicas: Pasen, vean y disfruten, merecerá la pena.

http://jironesdeexistencia.blogspot.com

domingo, junio 18, 2006

Faltaba ya algo de poesía, no?

El hoy es malo, pero el mañana es mío

A. Machado

Un cuento de hadas

En un lugar del mundo. Año 2015


Compatriotas todos! Soy tan feliz.
Uno de vosotros en una de las últimas cartas que he recibido, y que cada semana recibo con puntual amor, me pide que relate, por fin, la historia de cómo llegué hasta donde ahora me encuentro. Bien, supongo que ha llegado la hora de hacerlo, de explicar cómo un bolígrafo cambió mi vida para siempre.
La historia comienza un domingo cualquiera de junio con la puerta de un apartamento entre abierta. Una suerte de extraña despedida que no es tal. Un hombre a punto de marcharse, con la ilusión de un regreso. Y antes, el inesperado regalo. La sorpresa. El recuerdo. El souvenir. El bolígrafo perfecto. Music Life Liberty. Llegado desde NY con amor. Solo para mí.
Cientos de folios fueron escritos con la maravillosa tinta líquida negra del invento más esperanzador de la historia del mundo. Imaginénse cuantos relatos han sido escritos, cuantos tratados de paz han sido firmados, cuantas cartas a los Reyes Magos... cuantas cartas a los seres queridos, cuantas despedidas, cuantas promesas, cuantos votos, cuanta entrega en trazos de oscura o clara tinta.
Al cabo de los años, mi bolígrafo-regalo fue a parar a una preciada taza donde lo contemplaba en el escritorio día tras día, en compañía de otros tesoros, ya sin la poción que corría por su interior, pero conservando la misma magia. Mi particular varita.
No fueron tiempos fáciles aquellos. Fueron días complicados, de lágrimas saladas y ojos ya secos de tanto llanto. De soledad sonora. De saltos al vacío. De suicidios periodísticos más que justificados... de esperar la muerte, por duro que resulte escribirlo ahora.
Y así, hundida en mi propia oscuridad, egoísta y caprichosa por mi propio dolor, convertida ya en cucaracha, al fin, un día NO vi amanecer. Dormí profundamente durante toda la noche. Tanto que desperté cansada de permanecer en la cama, tanto que decidí que nunca más volvería a sentirme como lo había hecho. Tan cansada que jamás había tenido tantas ganas de vivir.
Y en esa texitura, un fuerte aire que entró por la ventana revolvió todos los papeles de mi dormitorio y así permanecieron libres durante unos minutos, como en aquella escena de American Beuty, aquella de las famosas bolsas de plástico y hojas secas a merced de Céfiro, hasta que entré a formar parte de su danza, y bailándo al compás, los fui recogiendo y reordenando sobre la mesa. Con tan mala (o buena) fortuna que golpeé mi taza y todos los bolígrafos quedaron esparcidos también por el suelo del dormitorio.
Allí estaba de nuevo. Music Life Liberty. Como una llamada, como una invitación que no hacía más que repetir mi nombre... En ese instante, tomé mi vieja varita y recordé la escena en que me fue entregada. La puerta entre abierta del apartamento, un domingo cualquiera, el hombre que prometía regresar con una sonrisa mientras tomaba el ascensor... Fue fulminante. Recordé también lo que a modo de broma dije en aquel momento, pero que de repente, mientras recogía todos mis papeles con la miseria marchándose (todavía cerca) no era en modo alguno una diversión, sino una profecía.
Pensaréis que exagero, queridos míos, estoy segura de ello. Pero fue así. Así fue como viene a parar a este rincón, a este paraÍso perdido...
¿Que cómo es esto? Recuerdan aquella película, Mediterráneo, la del grupo de hombres que se deja llevar por las casas encaladas y las ventanas pintadas de luz, por una luz que ni el mismo Sorolla hubiera podido soñar... Pues algo parecido, quizás con más árboles, más vegetación, pero el ambiente que se respira es el mismo. Ni uno sólo de los 364 días que llevo aquí (casi un año, cómo pasa el tiempo) ha variado.
Cada mañana me despierto contemplando el mar, tranquilo, muy azul, pocas veces enfurecido y verde. Salgo de casa y camino, disfrutando de las dos calles que tengo que a travesar hasta llegar a la plaza donde abrí hace once meses una modesta papelería. Disfruto ordenando los lápices de colores y con el olor que desprenden los cuadernos de Jordi Labanda, todavía por estrenar.
Al final de la tarde regreso a casa y encuentro vuestras cartas sobre la mesa de hierro del jardín. Las leo una y otra vez con devoción, y me río de vuestras ocurrencias, me emociono con vuestra felicidad y añoro vuestras visitas y mi regreso (aún no sé cuándo, quizás no falte mucho). A veces, me entristece no estar ahí con vosotros. Y la nostalgia llama a mi puerta y nubla las diáfanas puestas de sol. Pero siempre estoy salvada. Cuando esto ocurre. Lucas aparece y me abraza. Me rodea con sus brazos y me susurra con cierta melodía en la voz No temas, siempre hay un regreso...
Y así es, mientras tanto, recibid un fuerte abrazo y besos de columpio.
Patriice

sábado, junio 17, 2006

La suma más difícil del mundo*

Un Rey Mago me dejó este año, junto a mis zapatos (eternamente sucios) un libro de Jorge Bucay: Déjame que te cuente.
Bien, déjenme que les cuente que uno de los relatos es el de un viajero que llega a una ciudad, y acude, maravillado por lo cuidado del lugar, al cementerio. Es hermoso, de hierba verde y altos árboles, como los de Estocolmo. Sin embargo, unas terribles cifras empiezan a bailar en la mente de este caminante insaciable. Va fijándose una tras otra en las lápidas y en todas los números son similares. Terribles. Tres años y cinco meses; Siete años; Once años, el que más; dos años, seis meses y cuatro días...
No puede ser, se dice.
Qué no puede ser, pregunta una voz a sus espaldas. Es el encargado del campo santo.
Qué gran desgracia reace sobre esta ciudad para que todos sus pequeños mueran. El otro hombre, de mirada serena, sonrió con cierto misterio. Luego con voz suave explica al forastero que No hay desgracia alguna.
"Cada habitante lleva siempre consigo un pequeño cuaderno en el que
va sumando, sin distracción, los días, meses o años que realmente ha
vivido. Días para reír, amar, llorar, jugar, descansar, estar en paz con la
naturaleza... Tiempo para saborear el verdadero encanto de estar vivo. El
resultado de esa suma es lo que usted ha visto, alarmado, en cada lápida".
La historia es algo ñoña, pero quién de nosotros no ha echado sus propias cuentas, si no explicitamente en un cuaderno de Jordi Labanda, al menos sí mentalmente.
Yo, en esta complicada suma, añadí el miércoles un día más.
Un día perfecto con muchos contrastes: con tormenta y con paz, con nostalgia y ternura, con pensamientos que iban y venían, con ideas aireadas, con verde hiedra y azul cielo.
Al final de la tarde, mientras contemplaba el juego de luces sobre la fachada del Real Alcázar, sentada en el suelo, en compañía de los mejores amigos, con una brisa justa (ni más ni menos) meciendo el instante, pensé (y supongo que también sonará ñoño) que difícilmente en el mundo pudiera haber otra persona que estuviera experimentando tanta felicidad. Hacía tiempo que no me sentía tan bien...
Ahora, repasando mi suma (no quiero dejarme ni un sólo día atrás), me doy cuenta de que hay un grupo de sumandos que se repite. Estas constantes tienen nombres, cantan coplas y escriben cuentos, pestañean como Ana Belén y dan lecciones de buen trabajo y de entrega al prójimo, saben de leyes y de física, de plantas y de miel, e incluso pueden tener un acento diferente... No sé en qué parte leí o escuché que debe ser maravilloso que toda tu felicidad dependa de una sola persona. Por fortuna, la mía depende no de una, ni de dos, ni siquiera de tres... y eso es aún mejor.
*Este es el título de un libro de Alfaguara juvenil que recuerdo alegremente. Es uno de esos libros en los que los niños consiguen revolucionar el mundo de los adultos, algo que ni por asomo, sucede en la realidad. Si algún día lo ven por ahí, no duden en comprarselo a sus hijos. Les gustará.

martes, junio 06, 2006

Ausencia

Hace días que no escribo nada en este mi humilde blog, y la verdad es que tras el ritmo vertiginoso que cogí al principio, tengo la sensación de que han pasado siglos desde que aporté mi última buena o mala nueva a la red bloguera. Esta semana estoy de bajona... la boda del Paco, ha sido como el tope de una subida, de un optimismo pasado, que no podía ser otra cosa que una tregua. Todo, a pesar de mis tacones verdes fritos y a pesar de la alegría que nos dio la Zarzamora (maravillosa literatura de viajes, por cierto).
Estoy en plena cuesta abajo y no llevo frenos, pero este fin de semana espero estamparme en un montón de amigos...
666, quizás el diablo tenga algo que ver en este día de profecías que para mí es un día de despedidas, de búsqueda más bien de una despedida que no llega, que no logro alcanzar...